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El siguiente número, el
ocho, aparece prácticamente un año después; nunca se había
producido un margen de tiempo tan largo entre la salida de dos números
normalmente Isla Desnuda estaba en los quioscos dos veces al año).
En septiembre de 1999 sale a la calle el número 8 de Isla Desnuda,
con el mismo formato que el anterior (A-4) aunque con una cabecera
nueva. La portada es un conocido dibujo de M.C. Escher y las
ilustraciones son esta vez de uno de los directores: Pedro Gascón.
Por
primera vez se ofrece la posibilidad de suscribirse o de conseguir
números atrasados de la revista. También por primera
vez
se incluye una entrevista (a José María Alvárez), aunque se
mantienen las secciones habituales (Poesía, Traducciones,
Narrativa y Teatro, que después de años y años de Margot, es
ocupada ahora por Jaufre Rudel con su Blanquinegro).
Siguen
las citas por todas partes: al final del sumario (Corcobado), al
principio de la Poesía (García Montero, Javier Egea Gimferrer),
al principio de la Narrativa (García Melero, Paul Auster,
Sartre) y al principio del Teatro (Savater, Corcobado y Roger
Wolfe). Por primera vez en mucho tiempo, S. Salvador desaparece de
los títulos de crédito de Isla Desnuda. También desaparecen
muchos nombres habituales de la sección de poesía, que es
ocupada en esta ocasión por poetas de mucha más edad de lo
acostumbrado (con algunas excepciones, claro), con Luis Antonio de
Villena a la cabeza. Parece como si Isla Desnuda se hubiera
liberado y ejecutara por fin su mayoría de edad, que había
reclamado en su número anterior con la semi-emancipación con
respecto a Martínez Cano y la supresión de la Firma Invitada.
En este número es cuando Isla Desnuda se encuentra más cerca que
nunca de su supuesto modelo, Barcarola. Algunos estudiosos, como
Diego DeVázquez, atribuyen esto a la salida de Miguel Úbeda de
la dirección. Aunque su nombre todavía aparece en este número
8, Úbeda había abandonado la revista hacía meses. Miguel Úbeda
nunca atribuyó su salida a problemas personales, y simplemente
declaró en una entrevista posterior publicada en el Ciborgio que ya
no creía en el proyecto y quería dedicarse a otras cosas. Estaba
claro que Úbeda había tratado de llevar a cabo una renovación
total de Isla Desnuda, que sólo llegó a afectar a su diseño,
pero no a los contenidos, y probablemente por eso se produjo su
abandono. Según DeVázquez, su salida dejó el camino libre a
la facción más ortodoxa de la revista y probablemente por eso
se aprecian en este número algunas modificaciones que la sitúan
más cerca que en otras ocasiones de las revistas más
tradicionales. |