|
VIENEN
LOS BÁRBAROS
Y precisamente en el
momento de mayor gloria de la revista (son muchos los que señalan
que el número 6 es el mejor en contenidos y el más completo de
cuantos salieron en Isla Desnuda), Miguel Úbeda consigue
convencer a sus compañeros de la necesidad de un cambio radical,
que al final sólo se traduciría en un cambio de formato y de
diseño; el talante humanista y la estructuración y naturaleza de
los contenidos se mantienen intactos.
En este nuevo número,
que aparece en diciembre de 1998 (de 40 páginas y con 500
ejemplares de tirada), entra en la cúpula directiva de la revista
Alejandro Bleda, colaborador desde los inicios, que ya había
participado activamente en labores directivas en el número 6, y
que se incorpora oficialmente a la coordinación en este número.
Se cambia también la época, debido al formato aunque se respeta
la cabecera que es prácticamente la misma, la publicidad (esta
ver se reduce a dos patrocinadores La Popular y Matma) y la
costumbre de poner el apellido de la revista (número, fecha,
etc.) en la parte inferior izquierda de la portada y en vertical.
La nueva maqueta tiene abundantes reminiscencias de
otras revistas con las que Miguel Úbeda había mantenido cierto
contacto. El Licenciado De Villegas y Aroca señala algunas de
estas influencias de la nueva maqueta, que van desde los detalles
pop (propios de Cyborg) hasta algunos giros del mismísimo
Adentros o incluso de Pandemónium (el cuadro de la página 3 con
el pie "El equipo de Isla Desnuda en pleno de redacción").
Resulta curioso también que Isla Desnuda se
decida a cambiar al Din A-4 (más o menos tamaño folio) cuando la
tendencia general era precisamente la de mudarse al A-5 (más o
menos tamaño cuartilla) que era más barato de producir y más manejable. De todas formas, el cambio de
formato fue probablemente una reacción a las críticas, una forma
de demostrar que Isla Desnuda no era una revista fosilizada, como
pretendían hacer creer sus numerosos detractores.
La reacción de Martínez
Cano, cuando Isla Desnuda decide abandonar el diseño de Juanjo
Giménez y opta por maquetarse ella misma cada número, es el
silencio más absoluto, aunque, como probable castigo deja de
comprarles la cuota habitual de ejemplares (mantiene, eso sí, el
pago de los fotolitos).
La
nueva Isla Desnuda sin embargo, no efectúa cambios en sus
secciones, que siguen siendo Poesía, Narrativa, Traducciones y
Teatro, y sigue S. Salvador, con la ayuda ocasional de Luis
Alfaro, a cargo de la parte gráfica. Conviene señalar que en
este número se suprime definitivamente la sección de Firma
Invitada, como una especie de mensaje de madurez de la revista,
que ya no dedica un espacio estelar a
sus ídolos
literarios, a los que tratará, a partir de ahora, como iguales
(Javier Lorenzo, Firma Invitada del número 4, volverá en el 9,
pero como un colaborador más; y lo mismo pasará con Luis Antonio
de Villena). |