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El número 5 (el azul) aparece en octubre de 1997,
con la misma tirada, el mismo número de páginas y la misma
distribución. Entran nuevos patrocinadores que comparten las páginas
destinadas a publicidad con los viejos anunciantes. La portada
corre otra vez a cargo de S. Salvador que comparte cartel en la
parte gráfica de la revista con Mercedes Díaz (Adentros), que
publica varios dibujos. Se amplía la sección de narrativa con
una subsección de teatro en la que se publica un fragmento de La fuga del tiempo
de Marga Gascó «Margot». Las citas iniciales (que se
van multiplicando) corren a cargo esta vez de Ángel Crespo,
Walt Whitman y, cómo no, Mario Benedetti (uno de los gurús más
importante de los neo-románticos). Se incluye también una sección
que se convertirá en clásica con el tiempo: las traducciones
(que también llevaba, por lo visto, la revista Barcarola), y
que no viene sino a confirmar la formación y el impulso
humanista, en su faceta más tradicional, de la Isla Desnuda. Los
colaboradores repiten más o menos y destaca si acaso la inclusión
de un poema de Mercedes Díaz y la publicación de una carta
recibida en el apartado, en la que un individuo anónimo berrea
contra todos los que tratan de transmitir emoción con sus textos
y desafía a la redacción de la revista: a ver
si tenéis huevos a publicar esto. La sección de la Firma Invitada corre a cargo esta
vez de Octavio Uña y Teo Serna, que ofrecen un poema y un texto
de prosa, respectivamente (es la única vez que dos autores
comparten la sección).
Aparte de las cuestiones
prácticas, este número es importante porque aquí ya se ha
producido un acercamiento más intenso de Miguel Úbeda a los
editores y escritores de las antiguas revistas de la Coordinadora
(Aventis, Ayvelar, Fábulas Extrañas, Cyborg). Este acercamiento
le hace ver que existen iniciativas al margen de la oficial (en la
que ellos se colaron antes incluso de salir del instituto), y que
algunas de esas iniciativas incluso son interesantes. Úbeda
se plantea entonces la posibilidad de introducir algunos cambios
en Isla Desnuda, pero la falta de medios (no tenían ordenador ni
sabían maquetar) y la negativa de sus compañeros de dirección,
que no veían oportuno el introducir modificaciones, acaban
(temporalmente) con esta idea y abre la primera brecha entre los
directores de Isla Desnuda, una brecha que acabaría con la salida
de Miguel Úbeda, algún tiempo después.
En
esta época empiezan también las críticas más duras. Casi todas
vienen de las otras revistas que acusan a Isla Desnuda de
inmovilismo en su diseño, de excesivo tradicionalismo y de vivir
demasiado cerca del poder. Es evidente que para estas revistas, la
situación «política» de Isla Desnuda era ya de por sí un escándalo.
Si a esto sumamos que estéticamente ambos grupos estaban
claramente enfrentados en su concepción de lo que debía de ser
una revista e incluso un simple texto literario (Isla Desnuda tenía
una formación eminentemente hispanista y los otros habían
crecido con unas fluencias literarias que iban desde los tebeos de
superhéroes hasta las novelas de Chandler), nos encontraremos
con una situación de clara rivalidad y enfrentamiento continuo. |