Mayo 199
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Isla desnuda nº 4

idisladesnuda@hotmail.com 

Coordinada por Miguel Úbeda, Pedro Gascón y Antonio Rodríguez  

Características: Isla desnuda nº 4, formato A5 (cuartilla) a imprenta, contenidos variados (poesía y prosa)

Intervienen: Miguel Úbeda, Pedro Gascón, Alejandro Bleda, Antonio Rodríguez, Mario Guirado, Itziar Romera, Jaufré Rudel, Aswad, Ana Martínez Castillo, Carlos Gallardo Fuentes, David Seves, Mª Llanos Carrión Varela, Lucía Enauk, Luis Ordóñez y Javier Lorenzo Candel

 

Más información sobre esta publicación:  Extraído de revista AVENTIS nº 16, año 2001

EN LA CIMA DE L MUNDO

El número 4 aparece medio año después, en mayo de 1997. Conserva el formato, aunque esta vez el color de la portada es verde y el precio, en vista de las críticas recibi­das, se reduce a 200 pesetas. El diseño interior sigue siendo el mismo. La portada es obra de S. Salvador, que se estrena aquí como fotógrafo de fanzines (más adelante trabajaría para Cyborg, Fábulas Extrañas, etc...), y que se convertiría en una colaboradora clásica de Isla Desnuda. La tirada sigue siendo de 500 ejemplares y los patrocinadores siguen siendo los mismos (La Popular y Matma, página 2 y 43 respectivamente). La revista, al igual que el número anterior, tiene 44 páginas tamaño cuartilla.

Este número 4 no sólo es claramente continuista en su diseño, sino también en sus contenidos. Se repiten las secciones del número anterior y prácticamente los colabo­radores son los mismos. La Firma Invitada es esta vez Javier Lorenzo, un joven poeta local que se había hecho famoso por ganar varios concursos y al que la cúpula directiva de Isla Desnuda profesaba cierta admiración. Afortunadamente Javier Lorenzo consigue subir un poco el listón de la Firma Invitada con respecto a su predecesor, Domingo Henares. Vuelven las citas iniciales, que se habían abandonado en el número anterior, y esta vez son de Garcilaso de la Vega y Manuel Altolaguirre. Este número 4 se distribuye por las mismas librerías y se envía además a un buen número de revistas literarias de toda Espa­ña. Otro asunto en el que se adelantan a sus contemporáneas.

A partir de este número, el apartado de correos de la revista empieza a llenarse de poemas y libros enviados por todo tipo de gente. Parece ser que la cantidad de cartas que recibía la revista era considerable, teniendo en cuenta su naturaleza no profesional y su limitada difusión. Los tres directores leían atentamente cada uno de los trabajos que recibían y luego se reunían para cotejar las distintas opinio­nes. Por supuesto no desechaban las colaboraciones foráneas y buena prueba de ello es la publicación (en el número 7) de un poema que había llegado por correo de un tal Moisés García (por entonces un casi desconocido escritor). El resto del ma­terial lo sacaban de los distintos colaboradores antiguos y nuevos que iban llegando y de algunos de los ganadores de los premios para jóvenes del Ayuntamiento. En cualquier caso, todo se decidía por consenso entre las tres cabezas visibles de la revista, que hasta la fecha no habían tenido tipo de desencuentro grave.

En este sentido conviene aclarar otra de las leyendas negras de la Isla Desnuda y es la influencia de Martínez Cano. Se ha dicho a menudo que Martínez Cano lo dirigía en la sombra y muchas otras cosas por el estilo, pero lo cierto es que daba total libertad en el tema de los textos que entraban. Existía, eso sí, un acuerdo tácito entre los directores y Martínez Cano, por el que este siempre leía la revista antes de mandarla a fotomecánica. Pero nunca modificó ni sugirió nada sobre los contenidos (esa lectura servía más para retrasar la salida a la calle del nuevo número que para otra cosa).

El tema de Barcarola es otro cantar. Se ha dicho también muchas veces que Isla Desnuda era una especie de can­tera de Barcarola. Miguel Úbeda escribió en su particular historia de la revista (el libro titulado «Los tres Robinsones"): nosotros nunca intentarnos imitar a Barcarola. Pensábamos, eso sí, que era una revista importante a nivel nacional, en  ese sentido prestamos atención a ciertas recomendaciones iniciales que nos hizo Martínez Cano, que eran por otro lado muy razonables, como por ejemplo que mantuviésemos un diseño en todas los números que le diera cierta unidad como cabecera, pero poco más nos aconsejó. En cualquier caso las secciones y el talante de las dos revistas eran bastante simila­res, y todos los miembros directivos de Isla Desnuda acaba­rían publicando trabajos en Barcarola. No se puede negar que las relaciones entre ambas cabeceras eran ciertamente estrechas.

 

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