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Volviendo a la Isla
Desnuda, la ayuda de Martínez Cano se materializa en su número 3
(el rojo), que aparece en octubre de 1996, como ya se ha señalado,
a imprenta, con una maqueta, a cargo de Juanjo Giménez (de La
Siesta del Lobo), que respetaba en cierto modo algunas consignas
originales de la revista (portadillas interiores, poemas sin
ilustraciones). Esta maqueta se mantendría intacta (alterando sólo
los colores de las portadas) hasta el número 7 y se convertiría
en santo y seña de Isla Desnuda. El acuerdo con Martínez Cano
incluía, además del maquetador, el pago de los costes de la
fotomecánica y la compra de algunos ejemplares para ayudar a
cubrir los presupuestos. De esta forma queda claro que no es
cierto que Isla Desnuda fuera subvencionada al cien por cien, como
se ha dicho muchas veces por ahí (otro sanbenito de su particular
leyenda negra con el que tendrían que cargar mucho tiempo). Para
las ilustraciones eligen a un joven compañero del instituto,
Antonio Argudo Beltrá. La revista se estructura otra vez en poesía
y narrativa. Se incluye una nueva sección, que también sería
muy criticada por las otras revistas: la Firma Invitada, en la que
se pretende publicar un texto de algún autor más o menos
consagrado y que inaugura, sin demasiada gloria, Domingo Henares,
con un extraño artículo sobre los ríos. La revista incluye
algunos colaboradores nuevos, entre los que podemos destacar a
Jaufre Rudel y Aswad, dos poetas afines a las viejas revistas de
la Coordinadora, que se apuntaban a las nuevas publicaciones en
vista de la sequía general. También se contrata un apartado de
correos, como otro signo más de su creciente prosperidad. A
este apartado pronto empezaría a llegar abundante material.
Se
incluye por primera vez publicidad, en vista de la nueva necesidad
de recaudar fondos, y por la misma razón se pone un precio a la
revista: 250 pesetas, algo caro para la época. Salen 500
ejemplares en los que los directores (Úbeda, Rodríguez y Gascón),
recién llegados a sus carreras de letras puras, han puesto muchas
ilusiones. Se envía una nota de prensa a diversos medios locales
y nacionales (La Tribuna, La Verdad, El País, RNE, ABC, El Mundo)
y se distribuye en varias librerías de la ciudad (parece ser que
lograron vender el sesenta por ciento de la tirada, un porcentaje
bastante aceptable con respecto a la situación general y que
traducido en cifras supone la venta de más de 250 ejemplares). Se
realiza también una presentación pública de este nuevo número,
a la que acude Julián Cañizares, el todopoderoso director de
Ayvelar, que toma así contacto con la nueva revista, que por
cierto, ya había conocido también a Alberto López, uno de los
directores de Fábulas Extrañas. |