Abril 1996

Isla desnuda nº 2

idisladesnuda@hotmail.com 

Coordinada por Miguel Úbeda, Pedro Gascón y Antonio Rodríguez  

Características: Isla desnuda nº 2, formato de fotocopias tamaño A5 (cuartilla), contenidos de poesía y prosa poética

Intervienen: Miguel Úbeda, Pedro Gascón, Alejandro Bleda, Antonio Rodríguez, Mario Guirado, Eva Martínez, Gloria Marco, Pablo Romero, Elena Saiz, Beatriz Teruel e Itziar Romera

 

Más información sobre esta publicación:  Extraído de revista AVENTIS nº 16, año 2001

La intención inicial parece ser que era publicar ese número conmemorativo y abandonar la revista. Pero nadie escribe “número 1" en la primera página de un cuaderni­llo si no tiene la idea de continuar con la aventura... al menos la idea. Y efectivamente, no tardaron mucho en volver a la fotocopiadora: para ser más exactos, en apenas un mes habían reunido y mecanografiado 36 nuevas páginas de Isla Desnuda, en el mismo for­mato, pero modificando ligeramente la austera maqueta de su primer número. Siguen en la coordinación (dirección) de la revista los mismos que la fundaron, Úbeda, Rodríguez y Gascón, y esta vez en la portada aparece una chica sentada sobre una especie de mesa. Llegan también nuevos colaboradores en una lista más extensa que la del número ante­rior (lo que nos da algunas pistas de que el proyecto había calado). Repiten Eva Martínez, Gloria Marco, Alejandro Bleda y Mario Guirado; y se incorporan Pablo Romero, Elena Saiz, Beatriz Teruel, Eva Martínez e Itziar Romera. En este número se añade también una sección de prosa («prosa poética») y se inician algunas de las costumbres que la revista mantendría como una seña de identidad de su diseño. Concretamente las portadillas inte­riores para separar las distintas secciones. La temática (casi siempre amorosa) y el estilo de los poemas (con el esmero en mantener la armonía de la forma) se mantiene en casi todos los que se incluyen en este número. Sorprende la cita inicial, esta ver de Gabriel Celaya (No es una poesía gota a gota pensada. / No es un bello producto.  No es un fruto perfecto. / Es algo como e1 aire que todos respiramos l y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.), ya que no sólo fue este un autor en el que se apreció cierto esfuerzo por trasladar las inquietudes políticas al plano literario (como ya hicieran muchos de los de la Generación del 27 durante la Guerra Civil Española de principios del XX) tendencia que no se siguió en Isla Desnu­da en ningún caso, sino también porque precisamente una de las cosas que caracteriza a los fundadores de la revista es, como ya se ha explicado antes, la meticulosidad por respetar las formas y convenciones métricas tradicionales de la poesía en lengua española, es decir, por hacer una «poesía gota a gota pensada» y para nada espontánea como señala el poema de Celaya.

Pero este número 2 es importante sobre todo porque es el último Isla Desnuda que pisará las negras tripas de la fotocopiadora. A partir de aquí la revista se lanza al paraíso estrellado de la imprenta en una de las aventuras más apasionantes de cuantas vivieron las publicaciones no profe­sionales albasiteñas de la época.

EL GRAN SALTO

La redacción de Isla Desnuda decide empezar a moverse con su número 2. Los Poetas de la Confitería, una ge­neración de autores nacidos quince años antes y responsables de algunas publicaciones importantes, como La Siesta del Lobo, acuden al antiguo instituto número 6 (en el que estudiaban todos los miembros de Isla Desnuda) para dar un recital. Rodríguez y Gascón, que ya se habían estrenado pu­blicando en la revista Trípode, les entregan ejemplares de Isla Desnuda a los «poetas mayores», que les animan a se­guir y prometen ayudarles. Este encuentro, que describe Ra­fael Núñez en sus Memorias, tendría una importancia funda­mental en la historia de la Isla Desnuda. En primer lugar por­que pone en contacto a dos generaciones de poetas que tie­nen, salvando las distancias, afinidades estéticas innegables. En segundo lugar porque los de la Confitería estaban en aquel momento muy cerca de la clase dirigente cultural de la ciu­dad, que campaba a sus anchas con su buque insignia (la re­vista Barcarola, según Barca) y eso permitió que los mucha­chos de Isla Desnuda, que todavía no habían iniciado sus estudios universitarios tomaran contacto directo con las insti­tuciones, lo que aparentemente solo podía mejorar la situa­ción de la revista.

Así las cosas, Isla Desnuda entra de lleno en lo que podríamos denominar el mundo cultural oficialista. Les lla­man para ofrecer recitales y ellos acuden sin dudarlo en nombre de su publicación; los de la Confitería les invitan a una reunión de una serie de poetas que formaban una especie de organización cultural extraoficial aunque sus miembros tu­vieran relación directa con las instituciones. La cúpula direc­tiva de Isla Desnuda acude también aquí con su revista. José Manuel Martínez Cano, uno de los responsables de la gestión cultural de la Diputación y del Ayuntamiento, se interesa y les ofrece ayudarles con la edición. A partir de aquí, la histo­ria de Isla Desnuda cambiará para siempre.

Conviene en este momento señalar uno de los aspec­tos que distinguirá a esta revista de las nacidas bajo el calor de la Coordinadora de Revistas Culturales (del año 1994). Hasta aquí, el proceso de gestación de Isla Desnuda había sido similar al de la mayoría de los fanzines: un grupo de muchachos que en el instituto se reúne y decide crear una publicación modesta que se reproduce a fotocopias y se dis­tribuye prácticamente en mano. Sin embargo, la forma de entrar en contacto con el mundo de las instituciones es radi­calmente distinta. Mientras que Isla Desnuda, por una cues­tión de puro azar, se relaciona directamente con la clase diri­gente de los recursos culturales de Albacete, las revistas de la Coordinadora (Aventis, Ayvelar, Desde el Infierno/Fábulas Extrañas) conocen en los primeros momentos de su existen­cia a Paco Bonal, un polémico poeta de cierta edad, autoexcluido de su generación y absolutamente hastiado de los tejemanejes de diputaciones y ayuntamientos, que les pre­viene contra subvenciones y ayudas públicas y les predispo­ne en general contra la administración local y sus dirigentes. En ambos grupos, el influjo y las consecuencias de estas cir­cunstancias iniciales bien distintas serán tan fuertes que afec­tarán profundamente a sus principios éticos como editores, a sus propias posibilidades reales de crecimiento y al futuro de sus respectivas revistas, ya que mientras Isla Desnu­da aparecía a imprenta y gozaba de las ayudas y favores de las instituciones, las revistas de la antigua Coordinadora crecían salvajes y recelosas, con tiradas miserables a fotoco­pia y un cierto espíritu anarquista que les mantenía decididamente alejados de todo lo que sonara a oficial. Hasta el punto de que cuando Aventis, en plena gestión de Miguel Ángel Aguilar, decidió constituirse en Asociación y solicitar subvenciones sufrió la cen­sura y la desaprobación de sus compañeros de la Coordinadora. Después de aquello, de una u otra forma, todas las revistas acabarían pidiendo ayuda a las instituciones en una época que se llamó cariñosamente La Guerra de las Subvenciones, pero las de la Coordi­nadora, acostumbradas a apañarse solas, indómitas y desconfiadas por naturaleza, lo ha­rían de una forma que resultaba un tanto incómoda y escurridiza, librando una especie de pulso (imaginario) que mantuviera su conciencia tranquila. Por supuesto Paco Bonal nunca aprobaría estos acercamientos (aunque se cuenta que acudía en secreto a pedir dinero para actividades culturales a cada nuevo alcalde que subía al poder).

 

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