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LOS
ORÍGENES: UN FANZINE CONMEMORATIVO
El primer número de Isla Desnuda sale a la
calle en marzo da 1996, reproducido en una fotocopiadora, por
supuesto en blanco y negro, con formato DIN A-5 (cuartilla) y con
una serie de textos copiados con una máquina de escribir analógica.
La portada reproduce la foto de una calle rodeada por árboles,
que podría ser el antiguo Paseo de la Libertad de Albasit (hoy
Avenida de Juan Bravo, situada en el casco antiguo). En la página
3, en la estafeta, se atribuye la coordinación a tres personajes,
que serían los fundadores y protagonistas de la andadura de la
Isla Desnuda: Antonio Rodríguez, Miguel Úbeda y Pedro J. Gascón.
Se completan los títulos de crédito con los autores de la foto
de la portada (Antonio Rodríguez y Miguel Úbeda), el mecanógrafo
(Pedro J. Gascón) y los colaboradores: Eva Martínez, Mario
Guirado, Beatriz Martínez, Gloria Marco y Alejandro Bleda. La
revista había nacido como un intento de publicar (conservar) los
textos de un grupo de gente que estudiaban el último curso antes
de iniciar los estudios universitarios (conocido en la época con
las siglas COU). La idea se habían ocupado de materializarla los
tres coordinadores, recopilando los distintos poemas,
preparando la edición y eligiendo el nombre de la revista, que
parece que fue una idea original de Pedro Gascón y que trataba de
reflejar cierta concepción intimista de la poesía.
Este
número 1 tenía 28 páginas, sólo incluía poemas (nada de
ilustraciones ni fotos, excepto la de la portada). Se sacaron 50
ejemplares que se distribuyeron de forma personal y totalmente
gratis, y de los que probablemente se llevo una parte a la famosa
librería La Popular. A modo de editorial, en su página 5, se
reproduce una cita de Bécquer: «Mientras haya esperanzas y
recuerdos ¡habrá poesía!»; este talante de la cita inicial, de
corte claramente romántico, se convertiría, con el tiempo, en
una de las cruces más pesadas de la revista. El tono de la
publicación era, pues, eminentemente tradicionalista y ortodoxo,
y en los distintos poemas que componen el número 1, se aprecia el
empeño de los jóvenes autores por recuperar las formas métricas
de sus mayores (sonetos, romances...), en un momento en que las
vanguardias de principios de siglo y la poesía política de los años
sesenta y setenta habían agotado completamente el panorama poético
español.
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