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[respecto a los ilustradores
colaboradores del nº 7 de ayvelar] Finalmente no hubo nada
oficial, pero lo cierto es que Julián Cañizares depuró la parte
gráfica sin hacer mucho ruido y redujo la plantilla a sólo tres
ilustradores de prestigio: Vidal Palazón, Alicia Gómez y Pedro
J. Tornero. Miguel Ángel Aguilar para su desgracia fue excluido
de Ayvelar (ya había sido vetado por Rafael Núñez en Fábulas
Extrañas). Juanjo y Airún (Nuria Alfaro) también se cayeron
de la lista de escritores, aunque lo más probable es que esto
fuera culpa de los propios autores que probablemente andarían
justos de material.
Otro asunto polémico y
del que apenas se sabe nada es el caso Aswad. Cuando Ayvelar en
plena Perestroika empezó a incorporar a los viejos pesos
pesados de la Coordinadora (Luis Escribano Cauqui, Miguel
Ángel Aguilar, José Alfonso Tornero, e incluso Alberto López
Aroca), todo el mundo pensaba que Aswad se estrenaría en la
revista de un momento a otro. Pero misteriosamente, Ayvelar nunca
descolgó el teléfono para ponerse en contacto con la que había
sido la escritora más famosa de Albacete. Parece ser que
la revista temía el carácter polémico de Aswad, y muy
especialmente después del escándalo de Walter Asckenazy y de la
editorial The Complete, que a punto estuvo de provocar un
conflicto internacional cuando el inglés, después de ser juzgado
por un tribunal que valoraría más la popularidad de la escritora
que la verdad de los hechos, dio con sus huesos en la cárcel de
La Torrecica.
El número 8 de Ayvelar,
que salió en enero de 1999, sirvió para consagrar
definitivamente a esta revista como una de las más importantes y
decisivas de toda la historia de Albacete. Nuevamente se cambia el
formato (ahora más pequeño que el A-4, con la forma de un
cuadrado), y por primera vez se editará con una portada doble en
color (por supuesto de Vidal Palazón). Como ya se ha señalado
antes, este número sólo fue ilustrado por tres autores: Vidal
Palazón, Alicia Gómez y Pedro Jesús Tornero (cada uno un tercio
de la revista). Incluía un nuevo suplemento de Francisco Alfaro (Eib
Hernán), y se caen de la lista de escritores los ya
mencionados: Juanjo y Nuria Alfaro. Todos los demás repiten.
Además tenemos dos
nuevas y significativas incorporaciones: Juan García Rodenas y
Miguel Úbeda.
El primero coronaba así
su carrera meteórica y se consagraba como uno de los jóvenes
valores con mayor proyección.
El segundo había
encandilado a Julián Cañizares con su minilibro El último día
de Mathew Pérez Yünior publicado en el Bardo Raro. Ayvelar
demostraba así que su vocación era la de reunir la mejor
literatura que se estaba publicando en aquellos momentos en
Albacete.
La incorporación de
estos dos autores de segunda generación, que no habían
pertenecido a la Coordinadora, y a los que los miembros de
Ayvelar ni siquiera conocían personalmente, supone la culminación
del proceso aperturista de Ayvelar. Y supone además la apuesta
definitiva de Julián Cañizares por la nueva escuela emergente,
denominada La Invasión desde Marte (a la que pertenecían,
entre otros, Miguel Úbeda y Juan García), ya que a partir
de este momento prácticamente todos sus autores publicarán sus
obras en esta revista.
A partir de ahora,
Ayvelar se convertirá en una publicación preocupada por la
promoción de los nuevos talentos (con el imperativo de
incorporar, al menos, a un autor nuevo en cada número) pero que
no se olvidará de los autores ya consagrados.
Este nuevo número de
Ayvelar despertó el entusiasmo del público y de la crítica y
enseguida se perfiló como uno de los más firmes candidatos,
junto al Adentros número 4, para arrasar en los Premios
AVENTIS de 1999. Precisamente Adentros, una revista cuya
estética estaba muy lejos de la ortodoxia de Ayvelar, era una
publicación muy admirada por Julián Cañizares que acabaría
incorporando a Luis Alfaro (codirector de Adentros) a su
revista en el número 9 de Ayvelar. Luis Alfaro, por su parte,
también se confesó más de una vez como un devoto admirador de
este número 8 de Ayvelar, que aunque tenía errores de bulto
(como el cuento final en letra 9 de un tal more melon, que
era en realidad Julián Cañizares), supuso uno de los momentos
estelares en la historia de los fanzines albaceteños y el
principio, en cierto modo, de una nueva era para todas las
revistas que habían protagonizado el boom de 1994. |