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Camarillas, ciudadanos y
ciudadanas
por
Miguel Ángel Aguilar
Avilés
Preguntas sobre
política cultural a los tres principales partidos políticos de
Albacete. De eso se trataba, y se trata. Preguntas y, sobre todo
respuestas. Y cada uno de los partidos políticos ha contestado:
como ha querido, podido o sabido. Una encuesta que no ha
sentado bien en diversas estancias. Una encuesta que tan
sólo ha gustado a los lectores. De modo que desde esta web pocos favores
políticos podremos cobrar, porque ese es el problema: que los
políticos entienden toda actuación periodística como un “ráscame a
mí, que yo te rascaré a ti”. Para eso financian los medios de
comunicación. Casi todos ellos.
Al PP y al PSOE
les ha parecido incómodamente comprometedor contestar a preguntas
concretas, al píe de la calle, preguntas que requerían de
bastante más que un eslogan o una declaración de intenciones.
Que cada partido, y cada votante, aguante su vela.
Lo que debiera de
ser normal –hablar, informar, debatir- ha brillado por su ausencia
en esta campaña electoral que ha sido como un anuncio de coches:
Bonito, vacío y previsible, a partes iguales.
Los de siempre, es
decir, los que tengan favores y deudas que perder, habrán
considerado inapropiado, y hasta de mal gusto, que preguntemos
acerca de la Diputación de Albacete o de la revista Barcarola.
Los políticos y sus fieles pretenden que hablar y debatir sobre
cosas concretas, sobre cosas que nos importan o afectan al común de los
ciudadanos (en este caso, sobre política cultural) sea tomado como
un ataque, como una ofensa: el mero hecho de intentar hablar, de
dialogar (que es un verbo muy en boga en la política nacional,
por cierto). Es como romper el acuerdo tácito de que el emperador
que desfila desnudo no va desnudo, y quien difiera de ello es un
alborotador y cien cosas distintas más.
Y en la política
cultural, como en tantas otras, la transparencia brilla por su
ausencia. Las cosas se resuelven en camarilla y, si uno se aviene a
respetar un par de premisas, será bienvenido en la camarilla de
los próceres culturales de la cosa pública. Y algo le caerá:
alguna carrera literaria fulgurante, algunos millones en forma de
premio literario o, si no tiene grandes ambiciones, alguna
limosna en forma de subvención ad hoc o alguna caritativa reseña en algún
libelo institucional.
Pero si de lo que
se trata es de mejorar las cosas, no ya para uno
personalmente sino para todos los ciudadanos, entonces eso se sale
de las camarillas y del pasteleo institucional, por la dinámica de
estas. Eso supone hablar. Hablar para mejorar. Porque para
cambiar las cosas el primer paso necesario es nombrarlas, y así
reconocer su existencia. Nombrar las cosas, las situaciones, las
realidades supone romper ese acuerdo tácito de camarillas y de
cosa nostra. De cosa suya, pues no me incluyo, ni me apetecen
galardones tan al alcance de cualquiera con poquitos escrúpulos.
Así que hablemos,
caballeros, hablemos.
O, como diría un buen político, "ciudadanos y ciudadanas". Manda
metáforas.

Leer el cuestionario sobre política cultural y literaria en
Albacete a los políticos en la campaña electoral 2007
junio
2007 |