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El robo de los melones III
por
Moisés García Sánchez
Al alcalde de Albacete no lo entienden
y ha perdido la mayoría absoluta. ¿Cómo puede ser?. Después de dejar
la ciudad como un pincel, una ciudad que ya tiene cierto aroma de
grande con 200 mil habitantes de hecho, aparcamientos subterráneos a
gogó, un bulevar que nos circunda y una fábrica de helicópteros,
a Castell lo ponen los no votantes, los abstinentes, en el brete
de tener que pactar con Izquierda Unida. Al nivel del PP, con
los mismos concejales. Los populares que, como sabemos, no tienen ni
mucho menos el encanto mesiánico de Manuel Pérez, licenciado en
Filosofía y Teología. No en vano se llama Manuel.
Es lo que tiene estar por encima del
bien y del mal, ser iluminado político y hablar de uno en tercera
persona. Que la gente se confunde y no sabe si votar a la
tercera persona, rezar o encomendarse a la Idea para que vuelvas a
ser alcalde. Castell, que sin duda es uno de los mejores alcaldes
que ha tenido la ciudad, que empezó hace ocho años a gobernar de
forma imaginativa y valiente e impresionaba hasta en las apariciones
en los organismos más que municipales, ha perdido el brillo.
Pérez Castell se ha encebollado,
sobre todo en los dos últimos años, en un discurso cada vez más
obtuso que repite allá donde va y remata siempre con un "saben
ustedes que pueden contar conmigo", absolutamente vacío de
contenido. La soberbia le ha encenizado y se le ve incluso en la
cara, que le han tenido que aclarar con Photoshop hasta en los
carteles electorales. La prepotencia le ha llevado incluso a renegar
y ser hiriente en campaña con la otra izquierda de Albacete, lo que
sin duda es signo de que el político está pudiendo con el
inclasificable filósofo.
Ahora se la va a tener que envainar,
porque IU va a ser la llave de la gobernabilidad, no tanto por
méritos propios como porque dos mil personas que votaban al PSOE han
sido abducidas. Hacen bien los políticos en no remover el fango de
la abstención, por lo menos de cara a la galería. No vaya a salir el
monstruo del pantano.
En honor a la verdad, aún queda por
ver la última gran obra de Manuel Pérez. La remodelación de la
Feria, que se promete espectacular en su tercer centenario, tanto
como decir trescientos años cumplidos del alma de la ciudad. Estará
completa en 2010 y será una especie de testamento político a pocos
meses de las siguientes Municipales. Entretanto se nota el
cansancio Castell en el trato a los periodistas, a los que no
sonríe ni mira a la cara a no ser que haya una cámara delante,
mientras da caladas con gesto encogido a su cigarro. En donde
antes veía posibilidades de mostrar su energía ahora ve amenazas,
puede que encorsetado por el aparato del Partido.
Lo peor de todo es que, hoy por hoy,
el alcalde de Albacete no tiene recambio en el PSOE local. Si algo
no se le puede achacar a nuestro primer edil es la mediocridad, pero
lo mediocre campa a sus anchas entre los socialistas, no sólo
locales, sino incluso nacionales. Parece mentira que el
socialismo se haya convertido en el jardín de lo políticamente
correcto, y parece difícil que Manuel pueda reverdecer los
tiempos en los que vislumbraba una ciudad deslumbrante y futura,
como un milagro en medio del páramo y la hacía posible en parte.
Ahora no va más allá de trances de revista barata de parapsicología.
El corazón de la izquierda espera,
también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.
Mayo
2007 |