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El robo de los melones II
por
Moisés García Sánchez
Y se creen los del PP de
Castilla-La Mancha, los pobres provincianazos, que están en
vanguardia de la política nacional, por haber sido el primer partido
español en tener sede y candidata en Second Life, la página
web en la que cualquiera se puede configurar un avatar -un doble
internáutico que vive por nosotros en internet-. Si eso es tan viejo
como la política misma. Sin ir más lejos, Manuel Pérez Castell,
sin necesidad de tanta banda ancha, hace ya tiempo que es un
personaje de realidad virtual que vive en un Albacete que crece sin
romperse, aunque los desgarros sean más bien internos, por
dentro de unos barrios que necesitan reformas desde hace 20 años. Un
Albacete que es ciudad participativa por su Foro ciudadano,
aunque el sobrenombre de "Portoalegre Manchego" sea la exageración
de un redactor de El País al que le encargaron suavizar el agravio
de un articulista que, una semana antes, había definido a los
paisanos como descerebrados que ignoran la distinción básica entre
peatón y motorizado. Ciudad comercial de excelencia, aunque sea
imposible encontrar el último disco de My Brightest Diamond.
Villa que tiene nostalgia del
porvenir, cuando huye más bien de sí misma todo el rato, sin buscar
ningún futuro, aunque a veces se dé de bruces con él. Ciudad
Educativa que no es capaz de enseñar la mínima urbanidad de no
robar las bicicletas de préstamo gratuito que se han dispuesto en
varios puntos del casco; urbe por la paz con una Base Aérea
militar, un campo de tiro a tiro de piedra y, muy pronto, la Escuela
de Pilotos de la OTAN. Y lo último de lo último, el postrer triple
salto mortal Casteliano: ¡Alehop!, capital española del
circo. Toma ya. Que levante la mano el que tenga a un tío
trapecista.
Albacete, por donde vamos todos a
todos sitios, de todas formas y al mismo tiempo, según reza otro
estribillo de Castell. Y eso sí que va a ser verdad: lo mismo da
calle peatonal que autovía que automóvil que bicicleta que
carricoche que zona azul que doble fila. Sálvese quien pueda.
Pero los del PP también se podrían
haber ahorrado, desde luego, lo que les haya costado tener
representación en Second Life, porque ya hace tiempo que
viven en paralelo sin saberlo y hay que optimizar recursos para
la campaña electoral. Ellos habitan una sima del espacio-tiempo
donde la vida es peor que en el franquismo, al manchego de a pie le
importa muchísimo el devenir del conflicto vasco o las horas que dan
de catalán en los institutos de Barcelona y llegar diez minutos más
tarde viajando en tren de Albacete a Valencia nos va a convertir en
una especie de Teruel madmaxiano, porque igual la Alta
Velocidad va a ser en realidad Velocidad Alta. Se producen tiroteos
a diario por las calles, los chicos esnifan pegamento después y por
causa del botellón y los pisos están más caros que en Madrid. El
agua que bebemos además no viene del Júcar, sino del Ganges, por la
cantidad de porquería que dicen que trae.
Se creen que son los más modernos por
meterse en Second Life. Si con Bono esto ya era casi
como Matrix.
Mayo
2007 |