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El eterno retorno
día del libro institucional
por
Miguel Ángel Aguilar
Avilés
Día 23 de abril,
celebración anual del Día del Libro.
Se supone que tal
día como hoy murieron Shakespeare y Cervantes pero, haciendo honor
al tema, eso no es más que pura literatura. Una buena o mala excusa,
al punto del nihilismo del lector.
Y en Albacete las
instituciones lo celebran, cual campaña electoral: Bien por ellas.
Hace unos días, nuestro alcalde, Manuel Pérez Castell, definía tres
pautas para la ciudad hacia esta nueva legislatura. De las dos
primeras pautas no me acuerdo mucho, supongo que serían la
educación para la paz y la OTAN, pero la tercera sí que
recuerdo que era la Cultura. Y uno se queda con
cara de extraterrestre que no conoce ni el idioma ni a los
aborígenes que le rodean. Disparidad de universos será.
Más que nada
porque me vienen a la memoria (esa enfermedad que padecemos algunos
ciudadanos que no acabamos de adaptarnos a nuestros representantes)
algunas actuaciones culturales y literarias recientes:
Cómo este año
la Universidad Popular de Albacete (presidida por el
alcalde)
retiró de su
programación el curso de creación de novela de Rosa Villada,
un curso que fue inscrito nuevamente debido a las demandas
organizadas que tuvieron que hacerle a la institución municipal
los alumnos interesados. Finalmente, y en el último momento, el
curso se puso en marcha y hubo que multiplicarlo hasta en dos
cursos, debido a las numerosas peticiones de inscripción que se
recibieron.
Cómo hace uno o
dos años el Ayuntamiento retiró las subvenciones a las
asociaciones juveniles literarias. Las razones argumentadas
fueron que “como no venís ni organizáis comidas ni viajes, como casi
todas las asociaciones, pues no os conocemos” así que no hay nada
más lógico que desestimarlas. Si es que… mira que dedicarse a la
literatura, cuando todos sabemos que los jóvenes deben de dedicarse
a organizar merendolas en La Pulgosa a cargo del erario
público, a quién se le ocurre…
Uno se acuerda
de cómo en los anuales "Encuentros con…” en los que la
Diputación lleva a escritores a hablar a clubes de lectura de
toda la provincia, el elenco del año 2006 ha estado albaceteñamente
representado por Arturo Tendero (miembro del consejo editorial de la
Diputación, publicado en dos ocasiones por la misma y director de la
revista La siesta del lobo, financiada por la Diputación) y los
responsables de la revista Barcarola (financiada por la
Diputación y el Ayuntamiento). De igual manera que en el año 2005
los estandartes albacetenses fueron Eloy Cebrián (publicado también
por la Diputación, y responsable de la revista El Problema de
Yorick, también financiada por la Diputación y el Ayuntamiento)
y Luis Morales (publicado en dos ocasiones por la Diputación).
Expuesto así, pudiera parecer que la Diputación publica a muchos
autores de Albacete, pero pasa más bien que pocos son los llamados
y, los mismos, siempre son los elegidos.
No es que publicar
en la Diputación sea una suerte –dado que esos libros, generalmente,
ni se distribuyen ni se promocionan: forman parte de la burocracia
administrativa- pero todo esto nos habla, de hecho, de lo que es,
desde hace años, la cultura oficial de Albacete: autores del
Partido o, en el mejor de los casos, autores que se cuidan de no
ser inconvenientes para con quien institucionalmente los promociona
y financia. Así es nuestra cultura pública: Diplomacia, como un lujo
cultural por los afines y neutrales. Y no es que los autores y
entidades presentados ahí no sean dignos de estar (claro que lo son,
como cualquier hijo de vecino), es que... ¡son los de siempre y los
únicos!
¿Será que es que
no hay más autores en Albacete a los que apoyar? O será que
se castiga el no practicar el noble deporte de frecuentar las moquetas
institucionales, por las razones que fueren, como pasa con creadores
como Valeriano Belmonte, Sergio Bleda, Paco Bonal, Julián Cañizares,
Matías Clemente, Luis Cauqui, Ricardo Espín, Juan García, Aswad,
Julián González, Gatopardo, José Antonio Iniesta, Manuel Terrín, Juan Francisco
Núñez, Jaufre Rudel, Alberto López, Ángel Martínez, Antonio Magán,
Antonio Matea, Alfonso Ponce, David Sarrión, José Antonio Suárez,
Rosa Villada o Pedro Villar, por sólo citar a los que personalmente
me consta la actualidad de su actividad literaria (a buen seguro que
la lista podría llegar duplicarse sin gran esfuerzo).
Las instituciones
de Albacete tienen a sus representantes culturales de cámara.
Ellas se lo guisan y ellos se lo comen. Y así, a base de repetir
loas y conferencias, pareciera que esa es "la realidad": no hay nada
como repetir muchas veces una mentira para que acabe asumiéndose
como una verdad. Pero la cultura institucional representa tanto a la
cultura como los políticos a los ciudadanos o los periódicos a los
lectores del bar. Es decir, nada.
¿Qué
herramientas ofrecen las instituciones más cercanas al común de
los creadores literarios de Albacete? Haciendo memoria, sólo observo
la personal y pionera iniciativa de la Biblioteca Pública del Estado
en Albacete (financiada por La Junta) de editar en fanzines y
libros, dentro de un programa, a cualquiera que por allí se acerque.
Que alguien me refresqué la memoria si es que hay vida más allá.
El resto queda a merced de la iniciativa privada de los autores y a
la benevolencia de que las librerías quieran que el libro se vea,
que no lo escondan, etc.
Por eso, cuando
oigo al alcalde decir que la Cultura será uno de los tres
pilares de Albacete pienso, este año, como el anterior, como el
otro, en los allegados de la Diputación, en Barcarola, en las
navajas, en el Quijote y el la madre que parió a Panete, y me doy
cuenta de que es que el alcalde, con espíritu filosófico, habla de
la Cultura como un eterno retorno nietzscheniano. Y uno está
más por Gloria Fuertes, qué quieren que les diga.
Pero no me hagan
demasiado caso y lean la prensa local, que mañana les
informará acerca de que el alcalde y otras autoridades asistieron al
acto central del Día del Libro 2007 en Albacete, que consistió en la
presentación de una novela del 2003 de Eloy Cebrián.
Déjà vu.

23 Abril
2007 |