Cultura pre-electoral
  
por El Comediante

Llegan las elecciones, y con ellas la preocupación cultural a nuestros corazones. O sea, a los de nuestros políticos, que tanto nos representan.

¿Cómo mejorar la llamada política cultural de nuestra ciudad? Lo primero que se me ocurre es sacrificar a nuestros gestores de la cultura pública a los dioses. Sería un primer acto de buena voluntad.

¿En qué consiste la actual política? Pues en dar limosnas equitativamente a la piara pseudo-intelectual que las reivindica, con unísono oighh. Las instituciones no son más que gestoras burócratas que sacian las demandas económicas de toda suerte de asociaciones presuntamente culturales: Bailes de salón, folkore, revistillas literarias, asociaciones de irse de excursión por ahí por-el-bien-de-la-cultura y un largo etc.: Todos queremos chupar de la teta presupuestaria, que para eso está. Y si eres amigo del concejal, pues seguro que te lo mereces más.

“Yo os dejaré contentos”, se llaman los cargos culturales, “que para eso me han dado este cargo en Cultura, porque para hacer esto vale cualquiera, y los otros cargos ya estaban cubiertos. Por hombres”. Por cierto.

Y, igual que todo el mundo opina sobre el tráfico o la organización urbanística de la ciudad, a nadie se le ocurre opinar sobre la política cultural. Porque no existe. Es una teta que amamanta a eternos bebés, aunque vistan canas y nadie sepa del todo qué es lo que hacen por la ciudadanía.

¿Qué frutos culturales tangibles recordamos gracias a la política cultural de Albacete? Tan sólo se me ocurre la filmoteca (que tiene ya sus añitos), los ciclos de conferencias de escritores que reinciden –y digo reinciden- anualmente en nuestros pagos y la maravillosa revista Barcarola, que somos todos y cada uno de nosotros (de los que la financiamos, se entiende). No está mal para lustros y lustros de concejalías y diputaciones culturales.
Será que me estoy volviendo un puntilloso y un quejica, hay que ver.

Lo más parecido a una política cultural que tenemos es el Teatro Circo, exceptuando cuando el alcalde se empeña en hacer mitología creativa hablando de la honda tradición de circo de nuestra ciudad ¿?. Que es tanto como hablar de la honda tradición del boquerón en vinagre o de las cheerleaders en nuestra ciudad. Pero bueno, dejando de lado las fantasías animadas de ayer y de hoy, hablemos del Teatro Circo, que es lo más parecido a un atisbo de inteligencia cultural que he encontrado en esta ciudad de la OTAN y de manufactura militar vía Eurocopter, o sea de la Paz; se me llena la tecla de “P” mayúscula, cuánta paz me invade.

Al Teatro Circo le veo dos cosas buenas y dos cosas malas. ¿Cosas buenas? Su programación de ciclos de música clásica (en la cafetería) y lírica y de jazz. ¿Cosas malas? Una acústica infame, en general –eso ya tiene poco arreglo-, y todo lo demás (eso sí tendría algún arreglo).
¿Por qué soportamos una programación teatral plagada de altibajos y de gran renombre en Madrid? Quizás porque muchas obras vienen ya subvencionadas de fuera y también porque quieren ver el aforo lleno hasta la bandera. ¿La televisión pública debería tener una función pública o competir –y quitar clientela- a la iniciativa privada y sus reality shows, con programas tipo “Mira quien baila” que llenan hasta la bandera? Pues eso.

Pero aquí no tenemos segunda cadena del Teatro Circo, para ver obras (músicas, etc.) alternativas de calidad, imposibles de ver en una ciudad como Albacete de no ser porque las traiga una entidad pública. Pero prefieren seguir a base de “Al salir de clase”, de Pepes Sanchos y de los bustamantes del teatro y la música de turno. Si el jazz y la clásica funcionan ¿de dónde proviene la desidia, o la ignorancia, a la hora de programar el resto de géneros? Así, ni esta ciudad, ni el Teatro Circo, será nunca referencia de nada más que de pan y circo (aunque de un circo distinto del que el alcalde proclama).

¿Se acuerdan de aquella época en la que los lunes por la tarde había música clásica gratuitamente en el Auditorio Municipal?

¿Se acuerdan de cuál es la última obra de teatro que han ido a ver en Albacete y que les ha sorprendido?

Pues eso.

Dicho lo cual me voy a cobrar mi artículo, y voy a casa a preparar unos papeles que tengo que presentar para crear la Asociación Cultural Amigos de las Tetas que, con elecciones a la vista, algún Cola-Cao caerá.
 

Febrero 2006


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   Nombre Ana Julia González Lozano, Aswad       E-mail laviejaaswad@hotmail.com       Fecha 07-02-2007
Hombre, yo diría que el Teatro Circo tiene muchas cosas buenas, y algunas malas. En su largo listado del bien yo pondría entre otras cosas que trata de cubrir, con más tino o con menos según a quien le preguntes, todos los gustos o la mayoría de ellos. Del lado de las buenas noticias habría que decir que no es un banco, ni un edificio de oficinas de una multinacional, es un teatro en el centro de la ciudad por no se sabe qué milagro que no parece propio de Albacete.
También es limpio, y bonito, salvo por la fachada, y hay un intento amable de darle personalidad (el cielo estrellado de la cúpula, el rescate de algunos ornamentos antiguos). Tiene sala de fumadores y cafetería, cosa también importante y menos frecuente de lo que la gente se piensa. A mí la acústica me parece muy buena, y sólo he tenido problemas para escuchar y entender a algunos actores de televisión que no saben lanzar la voz en un teatro, cosa que habitualmente disimulan apoyándose en un micro. Que le pregunten a los grandes de la escena si tiene acústica el Teatro Circo.
La programación, efectivamente, todavía es débil, porque se agarra con fervor y con miedo a los premios max y a los éxitos madrileños, confiando que eso la salve de todo mal. Eso no es un problema en absoluto, y si no existiera ese concepto en su programación yo misma me quejaría, pero también es necesaria una contrapartida, es decir, no se programan funciones de compañías que saquen los pies del tiesto institucional y mediático. Pero creo sinceramente que si cualquiera hiciese una propuesta seria para programar un ciclo de teatro de vanguardia, o de grupos más modestos y peleones con interés, o si ellos llegaran a pensar que existe un clamor popular que defiende ese otro teatro, terminarían aceptando esa opción, porue nunca me ha parecido que estuviesen cerrados en banda a casi nada. Lo que pasa es que seguramente hay una parte importante del público que lo que quiere es ver de cerca gente que salga en la tele, o que haya ganado premios, o que esté triunfando en otra parte, y el Teatro Circo escucha, vaya que si escucha. Y si ellos ven que este tipo de funciones tiene aceptación, y se llenan las butacas, es difícil plantearse que programen para minorías de vez en cuando. Por otra parte también es cierto que para esos formatos de teatro existen salas más pequeñas en la ciudad, igual de válidas. Pero insisto, si alguien hiciera una propuesta a este respecto, creo que se llevaría la sorpresa de ser tenido en cuenta.
Y la escuela de circo es una locura preciosa, igual que el ciclo de circo. Una locura, y un encanto, la verdad, una rareza divina, una pequeña maravilla. Efectivamente tradición tiene poca, y puestos así más tradición tiene la revista musical en Albacete, y ni hay ni habrá escuela de revista (¡madre mía, lo que sería
eso!). Pero no creo que a nadie le pueda parecer mal el apoyo al circo, más cuando no consiste en darle latigazos a un elefante encadenado a un palo.
Pero desde mi punto de vista donde la programación escuece y salta en pedazos es en los Festivales de agosto y en la Feria. Los Festivales han perdido la categoría que tenían cuando suponían casi la única oportunidad de ver teatro en esta ciudad, pero eso se ha llevado a un extremo tal que ocurre que ya no son una buena idea para ver teatro. Desconozco la razón, por otro lado me parece bien que no se aglutine en una semana toda la programación y que se reparta a lo largo de todo el año. Pero más sincero sería llamarlos Festivales de Danza en agosto, tampoco pasaría nada, o transformarlos en un ciclo muy definido y concreto de un arte escénico en particular, el que fuera, y centrarse en él, en vez de tratar de abarcar en diez días más de lo que se puede.
Lo de la Feria es más grave, y para mí personalmente es el único verdadero punto negro del Teatro Circo. Nos pongamos como nos pongamos, el Teatro Circo en septiembre tiene la malvada obligación de sustituir al Teatro Chino, con sus compañías de revista musical, y de hacer honor a sí mismo, a su larga tradición revisteril. Duela a quien duela, en Feria la mayoría de la gente que va al teatro no va a volver en todo el año, va cumpliendo una tradición milenaria, tan vieja como la Feria, van al teatro igual que fueron sus antepasados después de vender la mula, al salir de los toros. Y van buscando reírse con la más sencilla y más vulgar de las comedias. Me parece normal que no se programe revista porque efectivamente el género está muerto, por más que yo me empeñe en otra cosa. Pero el sustituto es la comedia, no el drama griego ni el monólogo filosófico ni el retrato al pastel del XVII. Comedia, señores, ese viejo asunto popular, en la Feria es una obligación, una necesidad, y cualquier otra cosa es una burla a la tradición del Teatro Chino y del Teatro Circo. El resto del año trae lo que te parezca, trata de resolver con elegancia, págale tributo al Max si eso te ayuda a dormir, pero en Feria, por dignidad, por favor, comedia y comedia, y ninguna otra cosa, porque ninguna otra cosa tiene sentido en la Feria.
Sea como sea, si estas opiniones tienen algún sentido es porque existe el Teatro Circo, contra todo pronóstico, y sobre todo porque no está en manos de los “salvadores de la patria”, aquellos que se enfadaron tanto porque no se les regaló la gerencia y la taquilla de un teatro que es popular, del Ayuntamiento y mío y nuestro, no de ellos, no un corral privado para señoritos sin finca. Se despidieron con un “volveremos, cuando las condiciones sean las adecuadas”, o lo que es lo mismo, cuando haya un alcalde de su color que entienda argumentos de tanta bondad y generosidad. Ahora afortunadamente andan salvando, otra vez por amor y sin ningún ánimo de lucro (esto me suena), al equipo de futbolín que hace las delicias de los sadomasos. A ver si se coronan presidentes del club de una vez, se inflan a ganar pasta, y así nos aseguramos de que se olvidan para siempre de su pasado “amor” al teatro. O qué ganas tengo de casar al chiquillo para perderlo de vista.
   Nombre Uno mismo       E-mail pigui@fernandezygraciani.com       Fecha 08-02-2007
Lo siento, pero discrepo.
El teatro que programan en el Tearo Circo me parece bastante variado y de cierta calidad. Hemos podido ver casi de todo y allgunas cosas de bastante nivel. Otra cosa es que no llegue cierto tipo de teatro, el mas experimental o vanguardista (con todos mis respetos es, en su mayor parte, un "coñazo"), pero hay que saber que ese teatro no sale de ciertos circuitos muy reducidos de las grandes ciudades, creo que porque no tiene suficiente público. A mi me gusta bastante el teatro y en Albacete hay posibilidades de ver buenas cosas (segun mercado, como en los restaurantes) y a un precio bastante asequible en comparación con esas grandes ciudades.
Creo que tenemos que saber que vivimos en una ciudad pequeña, y teniendo en cuenta esto, tenemos suficiente oferta de teatro.Ah, y en verano un par de obras clásicas en el Festival de Chinchilla, que está aqui al lado. Además si esto lo combinas con alguna escapada a Madrid para ver alguna cosa de las que no llegan aqui, puedes aprovechar para ver a los amigos y tomarte unas copitas por madrid La Nuit.
En todo lo demás que dice el artículo sobre la cultura municipal: O.K.
Saludos
   Nombre Ewina       E-mail ewina.s@gmail.com       Fecha 13-02-2007
Echo de menos una lista de propuestas o, al menos, dos sugerencias de cierto interés entre tanto lloriqueo. ¿Cuál fue el último evento cultural que usted se molestó en programar, financiar, adecuar, poner en marcha y, finalmente, ofrecer a sus convecinos? Eso pensaba, porque olvidaba usted -tal vez lo desconozca- la programación musical de salas privadas de nuestra ciudad (Charro, Competencia, Heartbreak, Hi-FI, Lokindango...) cuya oferta le gustará más o menos, pero existe. Igual que distintos colectivos artísticos, grupos de teatro etcétera a los que desconozco qué aportaciones habrá realizado usted. Incluso, oiga, renace tímidamente el efecto "fanzine" (indíquenos sus textos en ellos para leerlos con gusto). Incluso tengo entendido que algunos espacios como el Ateneo y los Centros Culturales se ofrecen a la exposición de obra gráfica y similar (no recuerdo ninguna firmada por usted). Claro, entiendo, que es que lo suyo se limita al lloro y al pataleo. Que igual a usted también le gustaría dar un par de lametones a la teta municipal ¿no?
¿Teatro diferente? Involúcrese, ofrezca, cree, muestre. ¿Literatura diferente? Reparta su trabajo con fotocopias por nuestros locales como hace "Tito" en sitios como el Neo.
¿Música diferente? Encuentre una nueva dimensión para la castañuela y el madrigal.
Y si estas opciones se escapan de su alcance, pues al menos sea original en el lloro y no retome lo manido. Afectuosamente: Ewina.
   Nombre El Comediante       E-mail el@comediante.com       Fecha 15-02-2007
Aswad: creo que estoy de acuerdo contigo  en todo, y me sumo a la reivindicación de traer revista en Feria (o en no Feria), pues creo que ha dejado de ser algo tildado de retrógrado para convertirse en underground, y de lo más "in". Y yo me debo a mi snobismo, a falta -lo reconozco- de el menor criterio sobre los temas que abordo. En lo que discrepamos es en la acústica  del Teatro Circo: Ni els Joglars ni otras tantas obras han podido ser escuchadas por este servidor desde el primer piso del local, sólo intuidas. Lo mismo me estoy volviendo gordo como una tapia, pero creo que no. Otra cosa se me olvidaba añadir a los puntos buenos del teatro: El servicio de restauración del bar (cenas inluidas), y especialmente sus socorridísimos, buenísimos y baratos bocadillos de jamón serrano. Que nadie s elos pierda. Postadat: efectivamente, gracias a Dios, al alcalde y al espíritu santo que el Teatro Circo no cayó en manos de esos arribistas, clasistas e indeseables de los que hablas. Por supuesto.

Uno mismo: A mí lo que no me encaja es que vengan obras teatrales, de danza y musicales del todo irrelevantes, si no malas. No es una práctica generalizada, pero tampoco aislada, dentro de la programación. Y creo que sería positivo para todos un mayor cuidado en ese aspecto que señalo, tanto para la organización y su buen nombre como para el público potencial. En este sentido, creo que un buen espejo en el que mirarse es el del Auditorio Regional de Murcia (http://www.auditoriomurcia.org/index.php?/content/view/full/69), que con una programación muy variada combina a la perfección, desde hace muchísimos años,  las concesiones más demandadas y comerciales (Como Raphael o Pastora Vega o lo que deseen) junto a -y en igualdad-  conciertos que pueden verse en muy pocos sitios del país (llámese Fangoria -que siendo underground es absolutamente comercial- Lorenna McKennit, o Arto Tunçboyaciyan recientemente). Esa política no me parece ni siquiera arriesgada (partiendo de que una institución pública no tiene nada que perder), a tenor de la entrada que registran los conciertos supuestamente no comerciales la entidad Murciana. Creo que es cuestión de convertir el Teatro Circo -sin prisa pero, ay, sin pausa- en una referencia cultural, más allá de un aprobado justo o de una línea de flotación (por más que pueda sobresalir  con ocasión de jazz o lírica), más que nada, porque creo que es cuestión de voluntad y conocimiento en la gestión, más que presupuestaria.

Ewina: Querido Ewina, no dudes acerca de mis anhelos de teta municipal, pues no sólo lo indico claramente: sino que lo reivindico: si las políticas culturales se abren de piernas, y de tetas, al primer fulano (nunca mejor dicho) que llama a su puerta: me pongo a la cola. El problema no son los indeseables como yo (que sospecho siempre existiremos) sino la gestión pública cultural que se espatarra, se deja ordeñar y acaba desintegrándose hasta su esencia actual: la nada.
No te cabrees por mi pataleo, primeramente, yo hablo de las políticas culturales públicas (no privadas) con la sempiterna excusa para mil temas que nos ofrece la cercanía de la elecciones a los plumillas chusqueros que en el mundo somos, no hablo de iniciativas privadas, mucho más loables y menos criticables, de por sí, en tanto que privadas y arriesgadas. También te digo que el que yo sea un indeseable sin iniciativa alguna no desacredita mis palabras ni mi crítica. Si quieres desacreditarlas rebátelas, pero no te pongas en si yo soy más o menos indeseable. POrque te confirmo que sí que lo soy, sin duda. Mi discurso será todo lo manido que quieras, pero aquí estamos: hablando del Teatro Circo y no de todo lo demás ¿es significativo, no crees que algo de agua lleva...? Finalmente, creo que soy bastante constructivo en mis exposiciones. De hecho, si hubiera pretendido hablar mal o criticar duramente la gestión del Teatro Circo, te aseguro que lo hubieras notado. No se trata de decir "es maravilloso y loable" o "es asqueroso y detestable". Yo creo en los puntos medios, y es curioso que los puntos medios suelen ser los que siempre ofenden a los puntos extremos. Intento provocar mejoras, aunque no me queden pelos en la lengua. Solamente. Cordialmente.
   Nombre El amigo del bueno       E-mail heycapitantrueno@hazqueganeelbueno.es       Fecha 16-02-2007
De dónde se sacará este señor Ewina y otros muchos como él, que para poder demandar en una provincia un poquito de cultura uno tenga necesariamente que convertirse en productor, promotor o artista. Pues no señor mío no. Yo no quiero hacer nada de lo que usted me propone. No quiero convertirme en actor de compañías locales, ni en músico de grupos locales ni en poeta local ni en cronista de la Villa, ni en dueño de un bar de la zona. Por si eso fuera poco, para su escándalo, tampoco me interesan los poetas locales, los músicos locales, los columnistas locales ni los grupos de teatro locales, fíjese usted. No es por nada.
Es que no me interesan. ea. Y a todas estas circunstancias personales, se une que soy una persona razonablemente culta y razonablemente interesada en determinadas manifestaciones culturales, que me gustaría ver programadas en mi ciudad. Como además soy un ciudadano con plenos derechos y que por opción personal no pertenece a cofradías, asociaciones, partidos ni ongs, pues hago lo que debo: utilizo los medios de comunicación para quejarme (destructivamente, sin proponer alternativas, sin hacer nada positivo, simplemente señalando lo que no me gusta y lo que me parece mal) y utilizo mi voto para buscar los gestores menos malos.
Y dicho esto, estoy absolutamente de cuerdo con el autor del artículo, que al modo de Ivan de francia, igual resulto ser yo mismo con otro seudónimo.

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