¿Nuevo día para la prensa de Albacete?
  
por Miguel Ángel Aguilar Avilés

Albacete contará, a partir del 18 de diciembre, con cuatro cabeceras diarias de prensa escrita con información, en alguna medida, local: La Verdad, La Tribuna, El Pueblo de Albacete y, como novedad, El Día.

Y, a modo de bienvenida al nuevo periódico regional, me pregunto "¿qué le pediría yo a un periódico?" Pues peras:
Que informe, en lugar de publicitar. Que investigue, en lugar de copiar. Que pregunte, en lugar de transcribir. Que tenga contenidos, porque hay vida más allá del Ayuntamiento y de los deportes, aunque casi siempre se empeñen en ignorarlo... Que se trabaje, en lugar de subcontratar. Y así.

El periodismo local es la plataforma ideal para poder practicar el mejor de los periodismos, precisamente por su inmediatez y por la escasa longitud de su aparato organizativo y fáctico. Pero ¿de qué peca, generalizando, la prensa local de Albacete? Yo diría que, sencillamente, de no ejercer el periodismo, sino la propaganda, peligrosamente asumida como información y como sinónimo de periodismo.
Los contenidos de unos y otros diarios acostumbran a no ser más que transcripciones de ruedas de prensa y de comunicados gubernamentales o políticos. Pero informar no es, sólo, difundir lo que dice cada sujeto, sino ahondar en el mensaje: por qué lo dicen, cuáles son sus antecedentes, qué es lo que no dicen, etc. Esa es la labor del periodista, y del medio de comunicación. Lo otro lo puede hacer cualquier mecanógrafo que no cometa demasiadas faltas de ortografía, y a veces ni eso es necesario. Periodismo sobre una ciudad es hablar sobre la ciudad (no ya de ese ente arquitectónico, macroeconómico e histórico, sino de los ciudadanos que la habitan), pero en nuestra ciudad, lo que no es política macarrónica y deportes, no es más que una dadivosa y milagrosa concesión al espacio por rellenar diariamente, (por supuesto, tras haber cubierto el espacio vertebral ocupado por los copy/paste de la Agencia Efe).

¿No hay denuncias ciudadanas, no hay propuestas y noticias de todo tipo, no hay cultura, no hay temas de fondo (vivienda, economía, urbanismo, trabajo, inmigración, etc., más allá de especiales publicitarios o de etéreas y vacuas consignas de parte de los portavoces políticos)? Sí las hay, el problema es que no se afrontan. Las fuentes (contadas con los dedos de la mano) han pasado a convertirse en los contenidos puros y duros. La labor del periodista casi ha desaparecido, ya sólo se lleva la del escribano, que es mucho más cómoda, más barata y, sobre todo, más amable.

Los periódicos no se crean con un afán sectorial –informativo-, ni siquiera empresarial –obtener beneficios-, lo que es aún más grave si se quiere. Se crean, exclusivamente, como una herramienta de extorsión política, una herramienta de tráfico de influencias que, finalmente, está orientada a revertir económicamente en las otras empresas (nunca periodísticas) de quienes montan los periódicos: Yo monto un periódico, y así ya tengo una herramienta con la que favorecer informativamente a quien me convenga (habitualmente el partido en el poder), con la desinteresada y segura esperanza de que aquel a quien favorezco mediaticamente sepa pagar mi buen hacer, favoreciendo y alentando mis otros –y reales- quehaceres empresariales. Esto no es ningún escándalo –no en nuestro entorno actual- ni ningún secreto, es el pan nuestro de cada día. De cada día, literalmente.
Entonces ¿dónde queda el periodismo? Pues donde Cristo perdió el gorro. ¿Y los periodistas? Pues dedicados a la cría de champiñones o reconvertidos en escribanos funcionarializados. Así son las cosas: el que paga manda, y de ahí para abajo.

Por eso, en nuestros periódicos hay muy buenos periodistas que apenas ejercen: porque no pueden. Por eso –además de por la falta de un estatuto y convenio- los periódicos echan mano, cada vez más, de trabajadores no-periodistas (pero en funciones teóricamente periodísticas) que cobran una miseria por doce horas diarias y que, al cabo de tres meses, acaban buscándose otro lugar en el que seguir siendo explotados, con la ilusión de haber engrosado su currículum periodístico.
Y así es como sigue la pescadilla que se muerde la cola. El periodismo desaparece y los periodistas ven rebajadas, cada día, sus condiciones y garantías laborales y profesionales. Eso motiva ciertas situaciones, tristemente asombrosas y particulares, en nuestra bienamada ciudad: Además del intrusismo –motivado por la rebaja galopante de condiciones profesionales para ejercer el periodismo en Albacete- vemos cómo todo tipo de gente trabaja ¡gratis! para los periódicos. ¿Se imaginan ustedes que cualquiera pudiera ir, mañana, a un instituto o a una universidad y se pusiera a dar clases sin cobrar, con el beneplácito y el contento de estas instituciones? Seguro que a los profesores que han estudiado la carrera y que cobran por dar clases no les sentaría excesivamente bien. Pues esa es, exactamente, la circunstancia que se da como norma en Albacete, en nuestros periódicos. Columnistas y colaboradores que, o bien por la inercia de quienes no cobraron antes que ellos (lo que genera un anormal estado de oferta y demanda), o bien por el placer de ver su nombre escrito en la prensa, trabajan gratis. Quitándole el pan de la boca a quienes se dedican profesional y seriamente a ello. Que viva la libertad de mercado, la trata de blancas y el sindicato vertical. Igualito que los taxistas, mira.
Por cierto, que nadie intente encontrar con esta exposición un discurso corporativista o gremial del asunto porque, quien esto escribe, sin ir más lejos, no tiene la carrera de periodismo, ni con mucha ni con poca honra.

La falta de periodismo real nos aboca, a la sociedad y a las personas, a unas cuantas consecuencias escasamente alentadoras: Por una parte -la más visible de ellas- a la falta de información generalizada. Que no es moco de pavo. Por otra parte, y más sutilmente, a la falta de pensamiento y criterio propios, al empobrecimiento dialéctico y mental. Cuando se pierde el hábito, o la posibilidad, de escuchar o leer razonamientos críticos, hechos contrastados y argumentaciones, nuestro aparato mental se anquilosa a la misma velocidad a la que se nos niega su ejercicio. Abra usted un periódico y pregúntese "¿está pensado para informarme a mí?" No, a no ser que sea usted un forofo de los equipos de fútbol y de voleibol locales. Los periódicos están hechos para un tipo de lector muy concreto: Los que salen en ellos, los políticos; que para eso los pagan y arropan. Punto final.

Espero que El Día que llega a Albacete rompa con esta ciénaga periodística tan falta de oxígeno. Les animo y les doy la bienvenida. Mi apoyo lo tienen ya, pero sólo a priori. Ahora bien, la valentía (simple profesionalidad) y los hechos correrán de su parte. Ocasión tendremos de comprobarlo. De ser más de lo mismo, no hacían falta alforjas.

 

Postadata: Como amable ilustración de lo que en Albacete pudo ser –y quien sabe si algún día será- les reproduzco una muestra de algunas históricas (y extintas) publicaciones periodísticas de Albacete que se atrevieron a andar por los caminos que tanto se echan en falta actualmente en el periodismo de nuestra ciudad (con todos los errores y pecados que cada una de ellas también tuvieran… Veniales, al lado del actual panorama): Albaceteconfidencial.com, El Espectador Crítico y AB Diario de Bolsillo.

Diciembre 2006


 
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   Nombre Jose       E-mail periodista21@gmail.com       Fecha 07-12-2006
Utopía...¿o no?
Me parece magnífico lo que cuentas. Me gustaría que gente como tu inundara el panorama periodístico local, porque si esas buenas ideas las llevaras a la práctica estoy seguro que´se cumpliría la verdadera función del periodismo local. Yo llevo poco tiempo en un medio de comunicación, y he de decirte, que lo que anuncias es casi una utopía. Me he llevado varias decepciones al descubrir los intererses que se esconden tras los medios locales, y he de decirte que he intentado varias veces hacer algo, pero un recién llegado como yo, estoy atad de pies y manos. Pero te aseguro que si algún día alguien con tus ideas invierte en un proyecto así, lucharé por participar en él. Un saludo maaguilar...

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