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Albacete cultural
por
Segundo Sevilla
Cuando las hojas del otoño comienzan a
sembrar esquinas y aceras, parques y explanadas de nuestro querido
Albacete, por los distintos salones de actos florecen, como lo
hicieran las flores en primavera, una cuantiosa programación de
conferencias que, para muchos, será a partir de ese momento cuando
formen parte de nuestra agenda del día para deleitarnos de los
notables conocimientos que otras personas llegadas de “terra en dins
y de mar en ja” (véase estrofa de una canción de Lluis Llach que
hace referencia las personas que vienen de lejos) exponen sus
conocimientos al publico genuinamente albaceteño, entendido o no,
pero interesado, al fin, en los temas a tratar.
Desde ahora y hasta finales de Junio
podemos encontrar múltiples conferencias con las que aumentar
nuestro acervo cultural, organizadas acertadamente, según quien
suscribe, por asociaciones de muy distinta índole: profesionales,
culturales; de estas últimas cabe destacar las de la Asociación de
Amigos del Museo que bajo el titulo Patrimonio europeo que, a buen
seguro, saciará las ganas de saber de cuantos se acerquen al Museo
Provincial todos los Martes a las ocho. Otra buena propuesta es la
que nos ofrecen desde la Concejalía de la Mujer con el Ciclo de
Conferencias La historia no contada, donde cuatro damas bien
formadas en su ámbito abordarán aspectos bien distintos de la mujer
en la sociedad pasada, presente y futura, en la que, por cierto, yo
me quedo con la visita de la periodista Elvira Altes, en cuya
conferencia nos descubría los primeros hitos de la mujer en el mundo
del periodismo.
¿Sabían ustedes que la primera
periodista que dirigió un periódico en España fue Maria Luz Morales,
que en 1.936 fue nombrada directora de La Vanguardia? O que en 1904
fue también otra periodista española la que se hizo conocida
internacionalmente por los artículos sobre el divorcio.
Pues bien, un lugar idílico para este encuentro será el salón de
plenos del antiguo Ayuntamiento (actual Museo Municipal), uno de los
pocos edificios testigos de nuestra historia.
Este tipo de encuentro quizás tengan un denominador común, y sean
los espacios tan reducidos en los que se celebran, como si sus
organizadores ya dieran por buena una asistencia de cincuenta
personas. ¿De verdad que esta sociedad es tan conformista como para
creer que la cultura es algo minoritario?
Esta claro que el interés por la ciencia, la historia o el arte no
puede cundir en la unanimidad del pueblo, porque sería propio de
tontos suponerlo así, pero me resisto a creer que ni tan siquiera a
una media de edad de entre dieciocho y veinticinco años no le guste.
¿Acaso el interés por el saber se ha convertido en un pasatiempo de
gente mayor, que es la que mayoritariamente acuden a estos
acontecimientos? También acuden jóvenes, estudiantes mayormente,
pero los menos.
Entre treinta y cinco y sesenta, una
franja de edad en la que yo considero que se encuentra en el grupo
de riesgo de pasar las tardes apostados frente al televisor, hasta
que el sueño y el aburrimiento le indique la hora de recogerse.
Recuerdo, en los pasadas jornadas de periodismo, cuando el insigne
viñetista Borges comenzaba su charla como es natural agradeciendo a
los presentes su presencia allí, a la vez que lamentaba que el que
nos fuéramos a perder algunos programas de televisión de contenido
mayormente rosa, supongo yo que extrañado por los tres cuartos de
entrada del reducido salón de Actos de la Diputación, cuando en una
ciudad como Albacete no hay visitas todos los días de tan destacable
nombre del panorama mediático.
A buen seguro estoy de que si el
pueblo llano tuviéramos menos opciones entre plataformas digitales,
TDT’s y cientos de canales de televisión a nuestro alcance,
llenaríamos nuestro tiempo de tedio en conocer cómo vivían nuestros
antepasados, aunque sólo sea para no repetir los mismos errores que
los llevaban a matarse entre sí, o podríamos atenuar la manipulación
que el poder político ejerce a su favor, a cambio de llenarnos la
cabeza de personajes televisivos que no crean más que malos ejemplos
a la sociedad, véanse rosa’s, chenoas...etc.
Para llegar hasta aquí, se cumplen
setenta años de la muerte de García Lorca, uno de los más destacados
poetas de su tiempo y del mundo, un país que acabó arrojado por la
borda en 1936, como muchos de ustedes sabrán, pero dudo mucho de
que, aquellos que se impregnan de la televisión impidiendo al resto
de familiares o amigos la comunicación entre sí, recuerden la
tragedia que marcó al mundo de la literatura y, lo que es peor, a
todo un país. Recuerdo cómo, en mi etapa estudiantil en Valencia,
cuando llegaba este mes de octubre eran muy pocos los que recordaban
la muerte del mejor novelista valenciano de la historia: Vicente
Blasco Ibáñez. En el setenta aniversario de su muerte fueron muy
pocos los que acudieron al cementerio civil de la capital para
rendir recuerdo, que no culto, a sus restos: unas modestas flores
sobre su tumba emulando los colores de la bandera republicana lo
hacían mas presente que nunca. Se me erizaron los pelos cuando tuve
ocasión de ver unas imágenes de la Filmoteca Valenciana, en las que
se podía ver la llegada de sus restos al puerto en 1333, cinco años
después de su muerte. El recibimiento fue espectacular, toda una
procesión de gente lo aclamaba.
Su casa, en la Playa de La Malvarrosa, hoy se ha convertido en punto
de partida para el Partido Republicano de Valencia que él mismo
fundó. Hoy ya nadie lo recuerda, no es digno de mención por los
representantes del pueblo. Cuando murió, dejó escrito en su
testamento que sus restos regresaran a Valencia cuando España fuera
republicana, hoy no lo es; pero ya es algo.
Mientras tanto, adquiramos buenas
costumbres de que en nuestra ciudad se presenten libros y
mantengamos viva la llama del interés por la lectura y el
conocimiento, sirva este portal para lograr labor tan propia de la
humanidad.
Octubre
2006 |