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Sarandonga
por
Moisés García Sánchez
¿Cómo?¿Qué?. No, no, eso no. Si
hombre, me pongo yo aquí ahora con el follón que tengo a poner bolas
de helao cada una de un sitio y me dan las uvas. El helao, lo que es
helao, de un sabor solo... ¿Qué dices que quieres? ¿Con merengue de
qué?. Nada, de nata o de chocolate o de fresa. Con la que
tengo yo aquí montada y no es nata...
Y eso era al postre, porque poco antes
tuvimos que vérnoslas con rebaños de camareros que huían a la cocina
a poco que entrabas por la puerta de un bar en penumbra. Sal tú, que
no, que tú. Que no nos queda pan. Ni magra ni tocino ni ensalada.
Menudo es el marrón que nos ha traído Barreda. Hidalgos sedientos
buscaban posada, algunos arrastrando descendencia que se amotinaba a
la sombra de los soportales. Y normal que nadie se hubiera querido
acordar de aquel lugar, fuera o no el verdadero, en el que nos
descalabraban todos los escudos señoriales a las tres de la tarde,
con 35 grados a la sombra. A quién cojones se le ha ocurrido
hacer una Ruta del Quijote en tierra de sanchos.
Luego nos indigna que algunos quieran
legitimarse con historias de la tribu que no se dejó contaminar
siquiera con un mal calamar a la romana. Gilipolleces puras. Peor es
querer hacer región a base de mentira. Porque eso es lo que es una
novela, cualquiera. Mentira muy bien contada. El guante para quien
quiera recogerlo, como buen caballero. ¿Cuántos millones se
habrán gastado en que nos creyéramos cervantinos, cuando más
bien somos almodovarianos o chanantes?. ¿Cuánto se ha pagado
por cada despistado que ha venido para que no pudieran ponerle
vainilla y chocolate (a la vez)? Y ante todo, ¿cuántas subvenciones
se han dejado de dar a la gente que de verdad cultiva cultura –valga
la redundancia- en este erial?. Igual no tiene mucho que ver, pero
la mejor revista literaria de nuestra ciudad, la única valiente, el
Ayvelar de nuestro Julián Cañizares, dejó de recibir su ayuda
inexplicablemente apenas había el rubicundo Apolo esparcido sus
cabellos por la faz de la tierra.
A ver si es que los políticos van a
tener alma de novelista, porque ahora anda el alcalde enzarzado en
tratar de demostrar, por medio del método más rudimentario, el de
repetir hasta que uno se aprenda el estribillo, que Al-Basit
no es que quiera decir La Llanura, como siempre se nos ha
dicho, sino que ese era el nombre que los árabes le daban a todos
los grandes enclaves comerciales situados en tierras planas. Puede
que sea verdad. Como que sarandonga cuchíbiri cuchíbiri y que para
bailar esto es una bom-ba.
La invención, además, arrecia al final
de la vida útil de los políticos. La ciudad que crece sin romperse.
Un restaurante-faro encima del depósito de la Fiesta del Árbol, un
Centro de Interpretación para la Paz en los refugios antiaéreos bajo
el Altozano, que cómo se interpretará la paz. Un bosque de mástiles
en el que ondean pensamientos de los albaceteños en la Sierra
Procomunal de Chinchilla. Cuánta poesía, hay que ver, en
la ciudad del caga y vete.
Y sin haberlo deseado, me ha salido un
pareado.
Septiembre
2006 |