U Crasticeddru - Foto de André KertészMemorias apócrifas de Sicilia. El autor local
  
por U Crasticeddru

La lira, el anacoluto, el más execrable sentimentalismo, el ditirambo y el énfasis se aúnan en los escritos de los autores locales. Y glosan los utensilios de labranza, la belleza del cardo y de la amapola o las recias virtudes de las costumbres locales, dignas de cafres del paleolítico. Luego, todo eso queda rebozado con vocablos donde no falte “sublime”, “humilde”, “tornajo”, “antaño”, y tampoco “madre”, “mujer” y vocativos donde se increpa a Sicilia con arrebatos impúdicos de macho en celo.

Y, de vez en cuando, hay quien se encrespa y recuerda el insoportable olor de cuadra, el bigote austero que adorna a los hombres y mujeres de esta tierra, la tendencia cainita, la maledicencia y el rastacuerismo, y quiere pasar por autor de vanguardia. Su verbo está teñido de acné, de resentimiento y de una lastimosa falta de rigor gramatical; pero recibe hipócritas murmullos laudatorios, y poco a poco se le liman sus ásperas aristas, hasta que un tiempo después, se le ofrece un lugar entre los vates locales, que lo agasajan con un vino acre, inclemente, para poder digerir el forro de cabeza de cerdo y las virtudes de la rima y del ripio. De ahí a la fraternidad media el canto de un folio.

Las mujeres que se lanzan a escribir fingen desenvoltura de hetaira y arrebatos de virginal desasosiego, y suelen poner en sus poemas con paisaje, “árboles preñados”, “fértil seno de tierra”, estrambóticas pasiones que las llevan hasta el borde del beso, ay, Dios mío, y resuelven osadas con un “no pudo ser”, que las pone al borde del ataque de llanto.

Antes o después, el autor descubrirá una mujer sensata y paticorta entre las brumas de su onanismo, y recalará en el ímpetu genitor, el silencio opresivo del miedo a los suegros, y las tibias desventuras de padre mal dormido. Ellas descubrirán un ágrafo solemne a quien presupondrán la vida interior que su mutismo abarque, y poco a poco recalan en ese rincón donde la especie se multiplica o en aquel en donde la soltería enrancia.

Y a cada fiesta mayor, en cada velada literaria, surgirán imparables los gastados recursos de la lira estreñida con loas a Sicilia y agasajos rimados a la mujer, en juegos florales donde recitan rapsodas, enfundados en trajes de boda y mortaja, con aromas de ajo y vino agrio.

Y, a veces, para no olvidar su rebeldía y su amor por las vanguardias, citan a un autor, al que descuartizan con entusiasmo, después de no haberlo leído, y se irritan hasta el paroxismo con aquel que usa el subjuntivo, la oración subordinada y algún vocablo que no esté instituido entre los trescientos adjetivos que abarca su incultura.

Si Dios fuera justo y existiera, habría dejado mancos y mudos a los sicilianos que escriben y publican, pero, en su infinita piedad, Onán ya los dejó miopes y los rebozó en caspa y seborrea.

“Mali nun fari e paura n’aviri”

Septiembre 2006


 
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   Nombre Come-cocos       E-mail compadrecomprame@unco.com       Fecha 26-09-2006
Mucho continente (estético, gramatical, ambas o ninguno) para el contenido.
Los cocos se compran en el supermercado, a gusto del consumidor.
   Nombre javi       E-mail javi71@localia.com       Fecha 27-09-2006
No sé muy bien quién es el destinatario de esos dardos, si se refiere a los escritores de esta región o es extensivo a todas, que en todas partes cuecen habas. Lo malo de estos ensayos abstractos y panfletarios es que el lector se queda a dos velas y el pretendido afán de crítica resulta alicorto ya que no se citan nombres, aunque podamos intuirlos. Ya puestos, aportemos ejemplos. De todos modos, el tema está trillado y resulta cansino. Que sí, que hay escritores muy universales y modernos, como el que firma la colaboración, y otros que siguen hablando de la virgen, pero eso ya se sabe, y además los destinatarios de la pullas no van a pasarse por esta página para reconocerse, de modo que el artículo es completamente inútil y solo servirá para convencer a los que previamente estaban convencidos. Un saludo
   Nombre Bendicò       E-mail principe@desalina.it       Fecha 28-09-2006
Ay, qué aburrimiento de nenes terribles. Pero gordo.

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