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Trepas,
trepillas y otros galardones literarios.
por El
Comediante
Pregunte usted por la calle qué es eso
de la literatura de Albacete. Le dirán que Valeriano Belmonte. Y yo que me apunto.
Pregunte usted en un foro literario o cultural de Albacete (de los
cienes y cienes que hay) qué es la literatura de Albacete, y
empezarán por la revista Barcarola, o La Siesta Desnuda,
y no pararán hasta que agoten toda la lista de premios, conocidos y
residentes en Albacete varios.
Para la gente normal la literatura es
lo que lee, sin embargo, para la élite cultural, es un medio de
salir en un periódico, o en una tele local, para hacerse una paja.
Con lo fácil que es alquilar una película ad hoc, o bajársela
de Internet.
Entre la élite cultural, osea
que mueren por salir en los papeles de envolver el pescado, el hecho
de escribir no es más que una afición que en ningún momento se toman
realmente en serio, y que siempre será secundaria respecto a su vida real:
Suelen ser profesores, funcionarios o, en general, trabajadores con
un puesto fijo y con mucho tiempo libre de por medio. Y, claro,
cazan moscas con el rabo.
El perfil de nuestro trepa va
desde la cincuentena hasta los veinte años, estos últimos alentados
por el ejemplo de sus
venerables mayores (profesores, políticos y trepas consagrados en
general).
Que la literatura les sea un
medio para la vanidad, antes que un fin económico u artístico, explica
cómo funcionan la mayoría de los trepas, esos falsos escritores aficionadillos que en Albacete son:
casi todos.
Quien no sabe - ni entiende ni le
interesa- se limita a copiar, y no a crear. Sólo saben crear castas. Y enseguida se
aferran a nombres famosos (que salen en los periódicos) e
intentan mimetizarse con ellos. Emplean todo el tiempo que les sobra
de sus "trabajos de verdad"
en el método inductivo –si salgo en los periódicos como
escritor famoso, o semidesnatado, entonces me habré convertido en un
gran escritor- que hará de ellos algo mucho más valioso,
espiritual, intelectual y digno, que la gris y funcionarial vida que
llevan. Y así no se tienen que preocupar por la literatura; les
basta con imitar mal que bien a algún poetastro de moda, con
medir cuatro versos y poner palabras etéreas o incomprensibles, les
basta con ganar algún premio (los premios literarios merecerán un
artículo aparte, por lo pornográfico) y con ser
mencionados por sus pares.
De modo que, siendo uno más simple que una
regadera, y careciendo de cualquier escrúpulo o de nada que se le
parezca a la honradez -económica ni moral-, lo tiene más que fácil
para llegar a ser un renombrado escritor de provincias, o un poeta o
novelista oficial, o como ustedes quieran llamarlo. Que lo
que escriba sea ilegible o bostezoso es otro cantar, que nada tiene
que ver con la literatura. Faltaría más.
Otra característica infalible entre
los que aspiran a ser escritores reconocidos y señalados a su paso
por la Calle Ancha del pueblo, es la de que nunca invierten un euro
en ello. Y es que el ser trepa, y adoptar intelectuales poses de
alejamiento del mundanal mundo, no implica ser tonto. Jamás se ha dado el caso de
que un trepa literario haya puesto dinero de su bolsillo para editarse
(ni mucho menos distribuir) un libro o una revista, porque piensan que para eso –para
adorar su altura intelectual- están las instituciones públicas. El
trepa nunca produce, ni ideas ni economía, sino que es parásito por
vocación, y por decisión.
Porque no olvidemos que, por encima de todo este rollo de la
literatura, de las revistas onanistas, etc, está la vida real. Y el
dinero (y el sueldo de funcionario) se emplea para cosas serias,
y no para hobbys. Y yo que les doy la razón. Que lo suyo es un hobby.
Pero quizás lo más ofensivo del
parasitismo de esta especie es el mal que hacen a terceros. El
escritor trepa, o aspirante de provincias, no desea ganarse la vida
con la literatura, tan sólo es una cuestión de ego y de
autoterapia. Y así, publican en cualquier parte, aunque sus
obras no vaya a ninguna parte que no sea a engrosar las estanterías
de libros para regalar, que pueblan toda suerte de instituciones
públicas (esas instituciones que, a su vez, los han editado por
cumplir su signatura cultural). Estos mismos próceres de
la intelectualidad son los que se dedican a escribir columnas de
opinión, o reseñismo amigo, en los periódicos locales sin
cobrar por ello, aunque con su gratuito intrusismo le estén
robando el trabajo, y el sueldo, a los periodistas que sí que viven de su
propio oficio -ya suficientemente explotados de por sí.
Así que a los trepas les da igual vender que no
vender (ellos no han arriesgado ningún dinero, al contrario) y
lo único que cuenta es aparecer, y parecer. Parecer escritor, parecer
interesante, parecer más alto, parecer… lo que saben que nunca llegarán a ser.
Y lo único que les repatea a estos emperadores del tiempo libre es
que alguien les señale que están desnudos, y que alguien se salte el
protocolo de la palmadita en la espalda y el sainete que se
llevan, que ya les vale.
Ea. Y la gente se ofende, y parece
mentira que se pueda dar cabida a ciertas críticas
literarias, o a ciertos artículos ofensivos e insultantes para la
convivencia, en algunas webs literarias de
Albacete (de esas que tanto abundan gracias a las numerosas
iniciativas publicas y privadas).
Habría que evitar este sindios.
Y yo que me apunto.
noviembre
2005 |