La poesía hace a la persona
  
por Esteban Belmonte Serrano

Hola, compañeros literarios. Me hallo aquí para intentar hablar de poesía. Todavía no sé si conseguiré dar a comprender el concepto que tengo de ella, pero intentaré liberar mis inquietudes.

Tengo la idea de que la poesía es el arte directo, expresivo y elocuente que tienen las palabras de moldear nuestras emociones, nuestras sensaciones y nuestro intelecto, entre otras opciones. Por ello es necesaria para nosotros, porque la encontramos disfrazada en nuestra comunicación: oral, gestual y escrita. La poesía se encuentra disfrazada, pues tal vez no pensemos en ella cuando nos comunicamos. Pero es esta poesía la que se desnuda en cada palabra que expresamos.

Como una de las posibilidades que este campo artístico baraja, la poesía puede ser ley de vida, y me explico: para una persona necesitada de poesía, entendiendo que la precisa en el ámbito de la lectura, el hecho de poder encontrarla leyendo le enriquece y nutre a borbotones y/o alivia en esa búsqueda, ya que el hecho de no poder localizarla le puede generar esa necesidad que afecte a su comportamiento, o tal vez no. Así descubrí y considero que la necesidad hace a la persona, y, en mi caso, una de mis necesidades es la poesía. A mi entender, las personas nos hacemos por necesidad, quiero decir, ofrecemos a nuestra vida una opción, la de la supervivencia. A través de esa supervivencia podemos alimentarnos de comida o agua, fortalecernos físicamente con ejercicio, o intelectual, cultural y emocionalmente (entre otras posibilidades) de las que hago mención en este artículo, como diversos ejemplos. Obviamente, existen algunas necesidades que no son necesidades, es decir: yo seguiré viviendo el día de mañana aunque no haya leído El Alquimista, por ejemplo, pero intelectualmente me sentiré estancado si no desarrollo mi cultura o mi intelecto o mis emociones, ya sea mediante la lectura, la escritura, la experiencia ... De este modo, menciono la supervivencia por la poesía. Pero esta supervivencia creo que se genera una vez nos hayamos iniciado en la lectura o escritura de poesía. Y con supervivencia me refiero a esa necesidad que surge cuando nos iniciamos en la poesía, esto es, vivir con una continua necesidad por la poesía.

A medida que leemos poesía, un determinado poema puede inducirnos a una determinada actitud, deformando los sentimientos o vinculándonos a nuevos. Cito un ejemplo: en un poema de Cernuda, su primer verso, y sospecho que estrofa, es “te quiero”, y su última estrofa, “pero así no me basta:/ más allá de la vida,/ quiero decírtelo con la Muerte;/ más allá del amor,/ quiero decírtelo con el olvido”; estas dos estrofas, sujetas por supuesto al poema entero, nos pueden despertar sensaciones y sentimientos que antes de su lectura no habíamos ubicado en nosotros. Ello me demuestra la enorme facilidad que tiene la literatura y, dentro de ella, la poesía en concreto, de controlar las emociones. En el momento en el que nos iniciamos a la lectura de un verso, o una estrofa, o el poema entero o sea la que sea, esa historia ya nos ha destinado unas sensaciones que nos abarcarán durante y después de la lectura, teniendo en cuenta las creencias que cada uno tenga o no del destino, del que yo sí creo. Esa es su magia, y como consecuente, podría ser su control.

Yo siempre digo que un solo verso basta para controlarnos. Su simpleza o complejidad o sus detalles artísticos, figuras estéticas y demás posibilidades, son pequeños artilugios que usa para manipularnos. De tal manera, nos podemos sentir esclavos de un verso y encontrarnos atrapados en aquellos que muchos poetas metieron en  nuestras cabezas, y tal vez ese embrujo sea otra de las causas por las que la poesía nos atrae intelectualmente (con la consecuente ampliación de vocabulario que uno pueda experimentar tras la lectura), emocionalmente (porque nos ofrezca optimismo en una etapa en la que nos situemos vinculados al pesimismo) ...  Pero también nosotros podemos ser capaces de controlar un verso. Mediante la escritura nosotros decidimos qué va a ser del verso, y lo doblamos, lo deformamos, lo construimos a nuestro antojo, y él nos va a obedecer sin reprochar nada. Porque así somos capaces de doblegar a un verso, de destinarles un sentimiento como ellos nos lo hacen con nosotros.

Pero también puede existir una atracción espiritual, y paso a comentarlo. Por mucho que me cuesta definir esta atracción, sigo citándola para que después sea comentada por vosotros y así logremos definirla mejor, o que me corrijáis, como con todo este artículo, que también es posible. Creo que la escritura de la poesía puede aportarnos resultados en cuanto al conocimiento metafísico: seguramente la frustración existencial que uno pueda encontrar ante su desconcierto acerca de la muerte le haga dudar de la religión, pues no se puede saber con certeza donde se encuentra la verdad en ese foco. Así, se puede reflexionar mediante la escritura (y también lectura) de poemas sobre las posturas religiosas: si existe un ser superior, si habrá algo más con la venida de la Muerte, o esa Muerte no será si no un suceso que nos da como respuesta lo efímera que pueda resultar la existencia, marcando el súbito final. Cuando acabamos de escribir (o de leer) un poema, nuestras ideas y posturas religiosas podemos haberlas modificado (dependiendo del fondo del poema,) porque en ese poema hayamos descubierto y despertado nuevos caminos por donde encontrar esa verdad de la que hablo.

 Creo que escribir poesía no  aporta moral, pues en ella se puede desear todo aquello que la conducta moral objete no sea correcto. Pero en ello, que no tiene por qué ser en el poema, no se tienen que variar las imposiciones morales, pues distinguimos lo que debemos y lo que no debemos de hacer, aunque esa distinción no defina en absoluto la moral. Así, muchos poemas (que no todos, por supuesto) pueden englobarse en fantasías que se quedan en eso. Puedo desear la muerte de la persona que yo más odie, y escribir un poema anhelando su defunción, por enésimo ejemplo, pero en la vida real no voy a matarla, porque moralmente tal acto lo consideraría incorrecto. Aunque este ejemplo sea tan válido como no, según la conducta y definición de moral de cada individuo.

Hablando de poesía: considero que ésta es un arte poco frecuentado en la lectura y la escritura, y si me equivoco, creo que puede ser por la confidencialidad y complicidad que cada individuo le dé a esta historia. Repito una pregunta que hace tiempo hice, pero esta vez bien formulada:

¿Para los que no hagan uso de la poesía en los ámbitos de la escritura y/o la lectura, podrá ser ésta una puerta cerrada que por falta de ganas, o por que no conozcan la existencia de dicha puerta, o por carencia de tiempo o cualquier cosa, no se atrevan a intentar abrirla? ¿Entonces en la poesía pueden existir prejuicios que influyen a las personas para no acercarse a ella?

Porque a veces la sociedad formula un prejuicio general y lo aceptamos, sin darnos cuenta de ello, o por comodidad, o falta de carácter para decidir por uno mismo, y esta es una duda mía, la de los prejuicios.

En fin, para ir acabando, tengo una pregunta que espero me contesten en sus comentarios: ¿qué es la poesía para ustedes?

Septiembre 2005


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