Don Quijote de La Mancha
"El cursor de los tiempos".

  
por María Teresa Segura

 

 

1-    INTRODUCCIÓN DE LA AUTORA.
2-    PRIMERA PARTE DEL QUIJOTE.
3-    
SEGUNDA PARTE DEL QUIJOTE.
4-
    GÉNESIS, INTERPRETACIÓN, VALOR Y LOS TIEMPOS DEL QUIJOTE.
5-    
OPINIÓN PERSONAL DE LA AUTORA.
6-    
POEMARIO A CERVANTES Y AL QUIJOTE.
        A)  
EL LADRÓN DE PENAS.
        B)  
CERVANTES Y EL QUIJOTE.
        C)  
ME HE CANSADO MI BUEN SANCHO.
7-    
BIBLIOGRAFÍA.

 

INTRODUCCIÓN DE LA AUTORA:

Como punto de partida, mi agradecimiento a este encuentro con vosotros alcalaínos (leído en Alcalá de Henares). Tesoreros de la cuna de Cervantes, mi legendario maestro. Promotor y embajador de la “LENGUA MADRE”. 

Resaltaré simplemente que en su casa, hoy museo, vivieron mis padres; no nací por pura casualidad. Pero su espíritu debió traspasar el seno de mi madre, lo que me valió desde que apenas tenia cuatro años para navegar y sumergir mis escasos conocimientos en el instinto natural e innato, por el que plasmaba primero con las palabras y luego con las letras, todo lo que veía y sentía.

El Quijote cayó en mis manos siendo muy niña. Podría decir que fue la cartilla que con más admiración aprendí. Perdonar si en estas primeras líneas aún queda algo infantil, de gozo incontenible y cariño inmediato a Don Quijote y Sancho. Tanto me enseñaron que la mayoría de sus hazañas e iniciativas compusieron mi vida.

Entraré a relataros lo más brevemente que pueda este libro genial.

El tiempo que transcurrió entre los tres viajes que hizo Don Quijote aproximadamente fueron entre siete y ocho meses. Pero el autor lo explica de tal forma que a todos nos parece mucho más largo. Nuestro héroe no solo cabalgó por La Mancha, sino que lo hizo también por Aragón y Cataluña.

Resumiría el Quijote en cinco palabras: Idealismo, Libertad, Amor, Patria y Justicia.

La dicotomía que se establece entre la fantasía y la realidad enlaza sin disimulo la misma vida. No hay limites ni siglos, ni marcas ni fronteras. El Quijote de la Mancha es en nuestros días el gran ordenador de la Humanidad. En él se establecen todas las pautas y pausas de la conducta humana.

Con una estética sublime pero a la vez sencilla, nos enseña a documentar nuestras acciones, perdurables en la pantalla de los tiempos. Cervantes marcó el teclado de la constancia y la perseverancia, descubriéndonos a "todos" a través de su novela.

Las tierras, los pueblos y las gentes de España se hicieron Patrimonio de toda la Humanidad. 

Descubra la serie limitada de muñecos originales de FORO & JUANJOPRIMERA PARTE DEL QUIJOTE:

La primera parte del Quijote de la Mancha ,fue impresa en Madrid, en 1605, en la imprenta de Juan de la Cuesta (en la calle Atocha). El editor fue Francisco de Robles.

Esta dedicado al Duque de Vejar. La idea central que del Quijote tiene en la actualidad el hombre moderno es la de una parodia de un libro de caballerías. Un hidalgo (Quijada, Quesada o Quijana) enloquecido por sus lecturas caballerescas , marcha de su pueblo manchego buscando aventuras por el campo para defender LA JUSTICIA y en honor DE SU DAMA DULCINEA que en realidad era una moza de un pueblo cercano. Se monta en un rocín al que llama Rocinante. En un asno le acompaña su escudero Sancho, éste siempre pendiente de las necesidades materiales de su amo. Influido por la locura de Don Quijote que le promete como “premio” una ínsula.

Probablemente, Cervantes no pensaba escribir una obra tan larga, pero más tarde cambió sus planes y completó las historias de la inmortal pareja. Imaginamos que pensaba que la repetición de tantas aventuras de caballería parodiada pudieran cansar a los lectores. Esto convierte el argumento principal hacia el final de la obra en un hilo que sirve para engarzar una serie de novelas que en su origen eran independientes llevadas casi todas con extraordinaria habilidad, enlazándose con las hazañas de Don Quijote y de otros personajes.

Estos titubeos afectan sólo a los siete u ocho primeros capítulos, y van unidos a una cuestión moderna muy discutida: el influjo sobre el Quijote de una pieza teatral anónima llamada El entremés de los romances.

En su prólogo, asegura Cervantes que se proponía “deshacer la autoridad” y admiración que las gentes sencillas tenían por los libros de caballerías. Esto es probado en el primer capítulo de la novela cuando el hidalgo se vuelve loco con estas lecturas y en su primera salida se lanza sólo buscando aventuras, ya que Sancho aún no había sido creado. Es armado caballero burlescamente por un ventero al que ayudan dos mujeres de dudosa reputación. Su primer intento fallido es liberar a un niño al que azota su amo. El segundo que unos mercaderes reconozcan la belleza sin igual de Dulcinea. Cae del caballo y los criados de los mercaderes le apalean con su propia lanza. Queda Don Quijote tendido recitando romances. Un labrador le recoge y le lleva a su pueblo. En su desvarío pasa nuestro hidalgo a creer en la ficción morisca que es Abinderraez, y que el labrador es el Alcalde de Antequera. Allí, la familia del Quijote le acuesta.

Esta conducta “extraña”, es el único caso en que la locura le lleva a “desconocer su propia personalidad”.

Al comienzo del capítulo sexto, ocurre el famoso escrutinio de los libros de Don Quijote por el cura y el barbero del pueblo: la mayoría acaban en el fuego.

En el capítulo séptimo, aparece por primera vez Sancho. Ocurriendo así la segunda salida del héroe buscando aventuras. Aquí, ya les veremos con los molinos, con la señora y el criado vizcaíno (capítulo octavo).

En la mayor parte de los casos, el héroe convierte en fantasmagoría lo que ve. Los molinos o los pellejos de vino en gigantes, los rebaños de ovejas en ejércitos,... 

Sancho, por su parte, ve la realidad, aunque a veces sufre las alucinaciones de su señor. 

Todo el ánimo de Don Quijote se cifra “ POR IMPONER LA JUSTICIA EN EL MUNDO O QUE SE RECONOZCA LA BELLEZA DE DULCINEA”. 

Podríamos añadir a sus aventuras el apaleamiento por los yangüeses, la penitencia de Don Quijote en Sierra Morena por recordar a Amadis, etc,...; acciones de loco pero algunas intelectuales y morales como son sus palabras, que cuando no se refieren a lo caballeresco son de una gran sensatez.

A veces, su pensamiento se condensa en largos discursos de la Edad de Oro (Capítulo Once), de las armas y las letras (Capítulos Treinta y siete y treinta y ocho).

También tenemos las novelas episódicas. La mayoría se agrupan entre los capítulos veinticuatro y cuarenta y siete.

Una es una novela que encuentran en la segunda Venta y el cura lee a los otros personajes el “curioso impertinente”. En ella, Anselmo para probar la virtud de su mujer Camila obliga a su amigo Lotario a que la pretenda y hay un adulterio. Anselmo comprende su error. Hay otras que la suceden con el mismo argumento como Cardenio y su novia Dorotea.

El Cura y el barbero para reducir a nuestro héroe deciden inventar la historia de una princesa que pide justicia. Dorotea fingirá ser la princesa Micomicoma, desposeída de su reino.

También encontramos historias semi-pastoriles colocadas la una muy al principio y la otra muy al final. Historia de la desenamorada: Marcela (Capítulo Doce al Catorce), de la que todos los pastores están enamorados, ella defiende su derecho a amar libremente. La Historia de Leandra (Capitulo Cincuenta al Cincuenta y dos), de quien todos estaban también enamorados pero que prefiere los requiebros y galas de un soldado que la saca de su casa y la deja abandonada en un monte.

Aparte de estas dos categorías de aventuras de caballería de Don Quijote y novelas intercaladas, queda gran parte de la obra cuajada de acciones y personajes en los que mejor se ve la genial capacidad de vocación realista de su autor (venteros y venteras, criadas de mesón, mozos de partido, caminantes, arrieros, cuadrilleros, mozas, mulas, caballeros, canónigos, etc.).

A veces, esta realidad se une de tal forma que produce escenas de la más viva comicidad: confusiones nocturnas en la primera visita a la segunda Venta (Maritornes que buscaba la cama del arriero acaba en la de Don Quijote, el creyéndola enamorada de su persona la detiene, pero lamenta no poderle corresponder por su fidelidad a Dulcinea. Es golpeado por el arriero que esperaba a la moza, esta se refugia en la cama de Sancho, el cual despierta despavorido y se golpean el uno al otro,...).

En los extensos diálogos de Don Quijote y Sancho, renovados a lo largo del libro, Cervantes derrocha gracia y poesía, sobresaliendo la ingenuidad de amo y escudero y sus distintas reacciones ante la realidad. Ofreciéndonos gran cantidad de filosofía, ciencia de la vida, crítica literaria y gramatical y hasta noticias folclóricas.

SEGUNDA PARTE DEL QUIJOTE:

En el año 1615, en la misma imprenta que en la de la primera parte, en la de Juan de la Cuesta, apareció la auténtica segunda parte del Quijote.

En los preliminares, llama la atención la entusiasta aprobación del licenciado Márquez Torres. Unos caballeros franceses le preguntaron por Cervantes y Márquez tuvo que contestarles que el gran novelista era “un soldado hidalgo viejo y pobre”, ya que ellos le creían rico y sustentado por el erario publico español.

En el prólogo, Cervantes, con humor, contesta a los insultos de Avellaneda como ya dijimos. Y coloca dos cuentos de locos: uno el hombre que hinchaba perros, y el otro el que los mataba dejándolos caer una losa.

También, está llena de humor la dedicatoria dirigida al Conde de Lemos. Dice que le han invitado de la China para ser alto rector de un colegio donde se leyese la lengua castellana, y que el texto fuera el Quijote, pero que no puede ir por encontrarse enfermo y sin recursos económicos.

El argumento de la segunda parte de nuestro libro podría resumirse así: un bachiller Sansón Carrasco, vecino del lugar del Quijote, viendo que éste persiste en su locura, con intención de curarle, le anima a su tercera salida. El Caballero y Sancho se echan de nuevo al camino. Finge el bachiller ser un caballero. Se le encuentra en el bosque y le reta, pero es vencido por Don Quijote. En un segundo intento, fingiendo ser el Caballero de la “Blanca Luna” vence a nuestro hidalgo en la playa de Barcelona. Y le pone como condición que se retire a su aldea y en un año no se meta en asuntos de caballerías.

Pero nuestro Quijote en vez de sanar que era lo que quería el bachiller, vuelve a su pueblo, RECOBRA LA RAZÓN y muere poco después.

Gran importancia tiene en esta parte el encantamiento de Dulcinea (invención de Sancho). Este hace creer a su amo que una lugareña que encuentran en su camino es Dulcinea a la cual quería ver Don Quijote antes de su tercera salida.

Los Duques, unos aristócratas aragoneses, cuando tienen en su palacio hospedado a Don Quijote inventan que Dulcinea será desencantada si Sancho se da tres mil trescientos azotes. Sancho se niega pero al fin acepta porque el Duque le había prometido el gobierno de la ínsula.

El tema de los azotes reaparece una y otra vez, con más frecuencia al final de la obra.

Don Quijote encuentra muchas aventuras: la de Las Cortes de la muerte, la del Caballero del Bosque, la de los leones, la de la Cueva de Montesinos, la de los rebuznos, la del retablo de Maese Pedro, la del barco encantado, Clavileño, y toda la serie de aventuras  que le preparan los Duques: la de Tosiles, la de la cabeza encantada, la del Caballero de la Blanca Luna,...

En la primera parte, Don Quijote llevaba la realidad a su mundo soñado: las ventas eran castillos, los rebaños de ovejas ejércitos, los molinos gigantes,...

En ésta segunda parte, Don Quijote suele ver la realidad como tal: manadas como manadas, unas de toros y otras de cerdos que arrollan al caballero y al escudero, ventas como ventas; o cuando se le presentan los comediantes disfrazados para representar las Cortes de la Muerte, enseguida se desengaña y los reconoce como tales comediantes.

En la aventura del rebuzno, Don Quijote, lleno de sensatez intenta calmar a los dos pueblos excitados. Aunque todo lo estropea la mala idea que le da Sancho de ponerse a rebuznar.

Son otros personajes de la novela los que aliñan la realidad para acomodarla al mundo de Don Quijote, como vimos el bachiller se le presenta dos veces para curarle.

Los Duques forman un entramado de falsa vida caballeresca en la que hay una dama que proteger: la de Trifaldi y Antonomasia, doncellas que se enamoran del caballero Altisidora; ínsulas para Sancho. Colabora también en el juego la misma simpleza de Doña Rodríguez y su hija y el desafío con Tosilos.

Don Antonio Moreno en Barcelona, añade a ese mundo de fantasías el invento de la Cabeza Encantada. 

Descubra la serie limitada de muñecos originales de FORO & JUANJOOtras veces el camino le depara estupendas aventuras. Así,  la de los leones. Don Quijote bien sabe ésta vez que son leones y hace un enorme alarde de valentía. Excepción relativa será el retablo de Maese Pedro, pero la bella plasticidad del mundo caballeresco y la viveza de la narración, explican que Don Quijote se tome la fábula como realidad.

También es muy excitante la aventura del barco encantado.

En la cueva de Montesinos, Don Quijote no hace sino tomar por realidad un sueño que tuvo.

Otro rasgo diferenciador de la segunda parte , es el respeto general que rodea a Don Quijote. Ya es un caballero famoso. Los que han leído su vida, le tratan con consideración, por ejemplo, los Duques aunque le dan crueles burlas no dejan de tenerle cierta estima y respeto.

Así también los que conocen por la segunda parte apócrifa como Don Jerónimo o Don Álvaro de Tarfe. Pero también ocurre que los que no conocen la primera parte, les inspira Don Quijote admiración, así al caballero del Verde Gabán (testigo del valor ante los leones), así a los estudiantes que van a la boda de Camacho, así a Basilio y Quiteria a quien él, con estricto sentido de la justicia defiende.

Hace Cervantes que su propia ficción entre dentro del argumento de la segunda parte. Un día, durante la redacción de ésta, llegó a Cervantes la noticia de la publicación del Quijote apócrifo. Su indignación la traslada a Don Quijote. Al ojearlo no encuentra nada más que disparates. Estaba Cervantes redactando el capítulo cincuenta y nueve, y su reprobación por el impostor aparece una y otra vez en muchos capítulos posteriores. 

Don Quijote decide no ir a Zaragoza para desmentirlo, y un personaje que éste creó don Álvaro de Tarce pasa a serlo de la segunda parte cervantina, para que dé fe que el auténtico Quijote no es el de Avellaneda.

Cervantes hace morir a su héroe vencido por el “Caballero de la Blanca Luna”, al retirarse a su pueblo a cumplir el año impuesto de descanso por su derrota.

Durante la vuelta, insta muchas veces a Sancho para que cumpla la pena de azotes y pueda libertar a Dulcinea. Sancho cumple interesada y chapuceramente. Cobra un tanto por cada azote y muchos más da a los árboles que en su cuerpo.

En otras conversaciones, propone Don Quijote a Sancho dedicarse ambos y los amigos del lugar a la vida pastoril.

Llega a su pueblo enferma y muere, no sin recobrar la razón y aborrecer el engaño sufrido por las mentiras contadas en los libros de caballerías.

Diferencia notablemente a la segunda parte de la primera la escasez de historias episódicas de algún desarrollo.

Las que hay están también enlazadas en la acción principal que al leerlas no las notamos como extrañas. Así ocurre en los amores de Basilio y Quiteria, triunfantes sobre la riqueza de Camacho. Y también, hasta cierto punto, con la historia de los moriscos Ricote y su hija Ana María y el amor hacia ésta de Don Gaspar Gregorio. Una breve historia la de Claudia Jerónimo (quien mata por celos a su amante) está dentro del episodio de Roque Guinart y sus bandidos.

Esta diferencia fue notada y premeditada por Cervantes. Todo revela que al escribirla tuvo más respeto por sus personajes y más conocimiento del alto valor estético de la inmortal pareja.

No es posible dar un juicio exacto sobre el valor comparativo de ambas partes. La primera, tiene en algunas aventuras (los molinos, los rebaños, etc,...) una mayor vivacidad imaginativa. No es que ella se pierda en la segunda, pero ésta se desarrolla con una estructura más meditada y una mayor penetración psicológica, sobretodo en el carácter de los personajes principales, tan perfectamente complementados.

GÉNESIS, INTERPRETACIÓN, VALOR DEL QUIJOTE Y SUS TIEMPOS:

La crítica ha expuesto toda clase de opiniones sobre el Quijote.

Respecto a su origen, unos creen que Cervantes se inspiró para su héroe en alguna persona viva. Aparte de esto, en el Entremés de los Romances se ha indicado y así lo menciona Dámaso Alonso, un estrafalario “hidalgo Camilote”, en el Don Duardos de Gil Vicente, que pudo sugerir en parte, el tipo y la terminación del nombre de Don Quijote.

Evidentemente es la influencia de los libros de caballería parodiados (Amadises Palmerinos).

Las interpretaciones del libro han sido variadas, algunos han creído que todo era una crítica de la religión, de la Inquisición de Carlos V, del Duque de Lerma.

Gran cantidad de críticos esoteristas que aumentan siempre.

Hay quienes creen que el Quijote está escrito todo él como un anagrama.

La crítica moderna coincide en considerarle una sátira de toda la humanidad, vista desde dos planos : el alto ideal y las necesidades materiales.

El siglo XIX se vio representado en Don Quijote y Sancho.

Se piensa también, que Sancho entra en la “esfera quijotesca”.

La universalidad del Quijote tiene dos aspectos muy claros a destacar: la humanidad se ha visto representada en él y la difusión del libro es única.

Con el Quijote, la novela posterior no sólo quedaba creada, sino con una dimensión universal e incorporando a ella el humor moderno que en Cervantes es irrepetible, grande y muy humano.

El Quijote tiene sus tiempos, que entreverados con maestría, inyectan a la novela ese aire de mundo independiente, ese rasgo de autosuficiencia, que es determinante para dotarla de poder de persuasión. Hay de un lado, el tiempo en el que se mueven los personajes de la historia, y que abarca, más o menos, un poco más de medio año, pues los tres viajes del Quijote duran el primero tres días, el segundo un par de meses y el tercero unos cuatro meses.

A este periodo, hay que sumar dos intervalos entre viaje y viaje (el segundo de un mes) que el Quijote pasa en su aldea y los días finales hasta su muerte. En total, unos siete u ocho meses. Ahora bien, en la novela ocurren episodios que por su naturaleza, alargan considerablemente el tiempo narrativo hacia el pasado y hacia el futuro.

Muchos de los sucesos que conocemos a lo largo de la historia, han sucedido ya, antes de que empiecen, y nos enteramos de ellos por testimonios de testigos o protagonistas, y a muchos de ellos los vemos concluir en lo que seria “presente” de la novela.

OPINIÓN PERSONAL DE LA AUTORA:

Después de todo lo dicho, no puedo dejar de destacar el perfil psicológico que derrochan nuestros dos protagonistas, perfectamente alineados y complementados.

La sabiduría e imaginación que nuestro hidalgo entrega a su buen Sancho, transmitiéndole un sentido de la justicia y perseverancia, que quiere inculcarle en todas sus conversaciones y andanzas.

El amor ideal, platónico, persigue tanto el afán de Don Quijote que embelesa su escudero con sus dulces sueños por Dulcinea del Toboso.

Su buen Sancho, protegido y subyugado por su ejemplo, le acompaña a perseguir afanes pero de diferente forma. La visión de la realidad de los peligros y agravios que le esperan a su amo le dan valor para meditar con el, combatiendo su vulgaridad con la enseñanza y el consejo de un soñador a quien nada le detiene, ni las cosas ni las personas.

En el último capítulo de nuestra obra, cuando está muriendo nuestro héroe, empañado por la pena y la tristeza, le da Sancho Panza el consejo más razonable y que define su perfil humano y su lealtad diciéndole: “No se muera vuesa Merced señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años porque la mayor locura que pudo hacer hombre alguno es dejarse morir sin más ni más, sin que otras manos le maten que las de la melancolía” (Capítulo setenta y cuatro).

He aquí el mensaje que nos da un modesto escudero a las generaciones que hoy vivimos navegando por el mundo de la soledad y el desconcierto. Hay que combatir como él la llama la “melancolía”, tristeza, DEPRESIÓN, en términos psicológicos.

El ánimo, el esfuerzo, la voluntad y la valentía pueden levantarnos del destierro en el que muchos se encuentran, o nos hemos encontrado.

La clave es muy sencilla, ellos dos nos la enseñan, es la moraleja de Don Quijote de la Mancha:

“Caerse caemos,
fallar fallamos,
pero juntos como ellos
podemos perseguir y luchar
por nuestros ideales
consiguiendo así nuestras metas”.

Para eso
no hay que tener MUCHO,
sino ser MUCHOS
y estar todos unidos,
buscando la libertad
y la justicia
que inspiró y nos enseñó
el genial Cervantes en su
Don Quijote de la Mancha.

 

POEMARIO:

1- EL LADRÓN DE PENAS (YO NACÍ PARA ESCRIBIR) -AUTORA: MARIA TERESA SEGURA APARICIO.

2- CERVANTES Y EL QUIJOTE -AUTORA: MARIA TERESA SEGURA APARICIO.

 Puesto ya el pie en el estribo,
con la cara descubierta
sale Miguel de Cervantes
y deja triste la tierra

Ya el invierno no florece
ya los pájaros no cantan;
el dolor y la agonía
arrastran nuestras gargantas.

 

¿No visteis como era hermoso?
¿Qué tierna tenía el alma?
Ni al morir cerró los ojos;
Ni al pasar dejó su espada.

 

Nos deleitó del Quijote,
de sus cantares y hazañas.
Pobre “Manco de Lepanto”
Donde estés seré TU AMADA.

 

Generoso Sancho Panza
escudero sin igual;
a tu lado cabalgaba
serenando un ideal.

“Mire usted vuesa merced
la vida es tan real
que los molinos de viento
le pueden desorientar.

Y nuestro gentil hidalgo
sin cansarse de luchar
enseñaba al peregrino
que hay que tener un afán.

“No se muera señor mío
deje las penas pasar
la melancolía mata
si te dejas embaucar”.

 

3- ME HE CANSADO MI BUEN SANCHO: LIBRO    PINCELES MARINOS- AUTORA: MARIA TERESA SEGURA APARICIO.

 

BIBLIOGRAFÍA:

- Leopoldo Rius: Critica de las obras de M. de C.S. 3 Volúmenes.

- Suñé Benagas.

- Estudios Cervantinos Recientes.

- Revista Anales Cervantinos.

- Don Quijote: Ediciones Comentadas por Clemencio(1833-39).

- Don Quijote de la Mancha: Edición del Cuarto Centenario- Real Academia Española.

- Pinceles Marinos de Maria Teresa Segura Aparicio.

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julio 2005


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Fábula literaria
  
por Antonio García Muñoz

En aquel país tan poco aficionado a la lectura, de pronto surgió una fiebre lectora. Ahora todos leían, incluso las folclóricas y los profesores de literatura. Pero todos leían lo mismo. La culpa la tuvo un libro llamado El boñigo da Vinci, de un escritor americano con peluquín, que rápidamente fue imitado por los autores autóctonos, si bien nadie reconoció su influencia en las entrevistas.

-No, no lo he leído -decía uno de sus más firmes plagiarios cuando se le preguntaba al respecto.

-¿El boñigo qué? -preguntaba extrañado el autor de El boñigoTtiziano.

-No me interesa ese tipo de literatura -contestaba indignada la autora de La hermandad del santo felpudo y La Biblia en pasta.

El caso es que, con influencias o sin ellas, poco más de la mitad de los títulos que se editaban en el país, unos 30.000, combinaron en sus títulos palabras como clave, enigma, incógnita, código, a las que solo faltaba añadir un nombre de lustre -Platón, Newton, Dante, Vivaldi, Espinete -para convertirlo en un best seller. Y la gente se los tragaba todos, aunque los confundía.

Salí a hacer una encuesta callejera, porque soy periodista cultural.

-¿Cuál es el último libro que ha leído?

La interpelada dudaba:

-Me encanta todo lo histórico. El enigma Mozart, no, El código Mozart, perdón, La sábana de Mozart. Joder, yo qué sé, uno de Mozart. Voy por la página 8 y es alucinante.

Y así con todos.

Entrevisté precisamente al autor de este libro -cuyo titulo exacto era El clavo de Mozart- que había tratado de demostrar que en realidad Mozart no fue un autor precoz. Su primera obra, sostenía con vehemencia el escritor, la había estrenado a los 52 años.

-Pero Mozart murió a los 34 -le aclaré.

-Mentira, eso fue un bulo creado por quienes lo asesinaron.

-¿Lo asesinaron?

-Sí, los templarios.

Los argumentos venían a ser así, unas gotas de historia, unas gotas de suspense, unas gotas de escándalo, unas gotas de semen. El pobre Leonardo da Vinci fue uno de los más manoseados. No solo sus obras sino su propia vida constituyeron el centro de muchas peripecias argumentales. Laureano Asensi Rexach vendió 52 ediciones de su libro El enigma de la última cena. Su intención, sustentada en miles de documentos apócrifos o inventados, no era otra que demostrar que, en el famoso lienzo de Leonardo, Jesucristo era el de la izquierda, y que además hablaba en catalán.

-No hay más que verlo, se le nota en el movimiento de los labios.

En La sábana de Mona Lisa, Matilde Zafón se propuso buscar el posible modelo del famoso y enigmático retrato. Barajó miles de posibilidades, rastreando todas las fotos que encontró del Renacimiento, consultó el google, la enciclopedia wikipedia, el calendario zaragozano, y tras concienzudos análisis comparativos -pigmentación, trazo, tamaño-, llegó a la conclusión de que la famosa pintura era un sello de correos, y que la dichosa Mona Lisa no existía. Era un autorretrato de Leonardo, eso sí, afeitado.

Julio Navarro llegó más lejos en sus investigaciones. Autor de éxito, a partir de su primer libro La sombra de los templarios, donde divulgó que los templarios fueron un equipo de fútbol de segunda división, confirmó sus habilidades investigadoras en La peluca de Dante (título para despistar, pues el protagonista era otra vez Leonardo) En el mamotreto, de 700 páginas, desvelaba con pelos y señales, sobre todo con pelos, que Leonardo da Vinci era homosexual. Tras entregar el manuscrito, el corrector de estilo le advirtió de que eso no era un enigma, sino una verdad a voces. Navarro no sea amilanó y corrigió las pruebas, poniendo negro donde decía homosexual.

-No hay problema. Eso también lo tengo demostrado.

Así que hubo que oscurecer las portadas ya impresas.

Las polémicas, como no podía ser menos, se sucedieron, especialmente a cuento de Newton. En La hermandad santa del enigma de Newton, Matilde Navarro, postuló que de manzana nada, que lo de Newton fue una zanahoria -los ejemplares del libro se acompañaron con el regalo de la auténtica zanahoria de Newton-, lo que fue contestado por Julio Asensi en La berenjena de Newton, donde alcanzaba cotas insospechadas de veracidad histórica. La susodicha berenjena no era más que un eufemismo para designar el miembro de Leonardo, amante de Newton, de cuyas relaciones incestuosas nació Vivaldi, templario suplente.

Así anduvieron entretenidos nuestros autores durante un par de años. Hasta que al afamado autor americano de peluquín, no el mismo, sino otro cualquiera, le dio por escribir un libro sobre un desatascador de desagües contemporáneo. Ahí se acabó todo. Volví a sacar mi grabadora a la calle.

-¿Cuál es el último libro que has leído?

- El desatascador de desagües, de Matilde Zafón Asensi. Siempre me han gustado las historias contemporáneas. Voy por la página ocho y es alucinante.

 

Septiembre 2005


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El horror. Poetas, novelistas y gallinas cluecas.
  
por El Comediante

Albacete, cuna de pedantes y ni eso.

De farsantes y nenazas con premio a escote y pluma pelechada, y un buen índice de libros cultos que ocultan la estupidez de quien los cita. En eso tienen fe, carne de iglesia y carnets de profetas, de tres al cuarto y que gane la banca. Un lámame usted este ano, no, por favor, usted primero, ah, faltaría más, honorquemehace.

Esnobismo de los embrutecidos, de los aburridos y de los grises cochinillos. Su oink-oink propaga más verdad que todas sus obras dadas a luz a escuras, a la esquina de la vida, al alza de la cobardía, mientras le ponen una vela a la cátedra, a la hipoteca y al pan fijo de cada día mientras hablan de espiritualidad, de bohemia y de Borges. Deberían empezar por Forges; semillitas de semen caducadas. A dar vueltas a la piedra del mismo molino, honoris sin causa. Jóvenes con cerebros de viejos, también.

Qué buenos son los poetas, los prosistas, los listos y las listas de éxitos de Albacete. Qué buenos son, si has bebido y quieres pintar sus parnasillos de amarillo. Orín amoníaco. Demasiado sacro para las hojas de árboles talados en vano, en vanidad. Póngame medio kilo de ingenio de salón para enanos intelectuales, un poco de Joyce con jamón de York y cuantos menos seamos más nos reiremos. De ellos, de los que sudan, de los que no calculan. Ja ja.

Jamblet y arriba España, y el Quijote y su sacrosanto ¿centenario?. Subasto mi mano derecha para el primero que no se haya estudiado el Quijote, sino que lo haya leído. En un lugar de La Mancha de cuyo nombre nadie os recuerda de vuelta a casa. Y a los que no lo habéis leído: Yo os absuelvo en humanidad e inmortalidad, en el nombre de Sancho Panza.

Os saludo, convecinos de este gran patio de vecinas, chismosas y sufridoras, viudas y putas, pudientes y encaramadas, venerables y jovencitas, os saludo amigas mías.

Y que la suerte os sonría.

Al resto, iletrados del mundo, exiliados de las camarillas y los bagajes, os digo ¿quién necesita lotería teniendo sus actos?

Quién.

 

Septiembre 2005


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   La poesía hace a la persona
  
por Esteban Belmonte Serrano

Hola, compañeros literarios. Me hallo aquí para intentar hablar de poesía. Todavía no sé si conseguiré dar a comprender el concepto que tengo de ella, pero intentaré liberar mis inquietudes.

Tengo la idea de que la poesía es el arte directo, expresivo y elocuente que tienen las palabras de moldear nuestras emociones, nuestras sensaciones y nuestro intelecto, entre otras opciones. Por ello es necesaria para nosotros, porque la encontramos disfrazada en nuestra comunicación: oral, gestual y escrita. La poesía se encuentra disfrazada, pues tal vez no pensemos en ella cuando nos comunicamos. Pero es esta poesía la que se desnuda en cada palabra que expresamos.

Como una de las posibilidades que este campo artístico baraja, la poesía puede ser ley de vida, y me explico: para una persona necesitada de poesía, entendiendo que la precisa en el ámbito de la lectura, el hecho de poder encontrarla leyendo le enriquece y nutre a borbotones y/o alivia en esa búsqueda, ya que el hecho de no poder localizarla le puede generar esa necesidad que afecte a su comportamiento, o tal vez no. Así descubrí y considero que la necesidad hace a la persona, y, en mi caso, una de mis necesidades es la poesía. A mi entender, las personas nos hacemos por necesidad, quiero decir, ofrecemos a nuestra vida una opción, la de la supervivencia. A través de esa supervivencia podemos alimentarnos de comida o agua, fortalecernos físicamente con ejercicio, o intelectual, cultural y emocionalmente (entre otras posibilidades) de las que hago mención en este artículo, como diversos ejemplos. Obviamente, existen algunas necesidades que no son necesidades, es decir: yo seguiré viviendo el día de mañana aunque no haya leído El Alquimista, por ejemplo, pero intelectualmente me sentiré estancado si no desarrollo mi cultura o mi intelecto o mis emociones, ya sea mediante la lectura, la escritura, la experiencia ... De este modo, menciono la supervivencia por la poesía. Pero esta supervivencia creo que se genera una vez nos hayamos iniciado en la lectura o escritura de poesía. Y con supervivencia me refiero a esa necesidad que surge cuando nos iniciamos en la poesía, esto es, vivir con una continua necesidad por la poesía.

A medida que leemos poesía, un determinado poema puede inducirnos a una determinada actitud, deformando los sentimientos o vinculándonos a nuevos. Cito un ejemplo: en un poema de Cernuda, su primer verso, y sospecho que estrofa, es “te quiero”, y su última estrofa, “pero así no me basta:/ más allá de la vida,/ quiero decírtelo con la Muerte;/ más allá del amor,/ quiero decírtelo con el olvido”; estas dos estrofas, sujetas por supuesto al poema entero, nos pueden despertar sensaciones y sentimientos que antes de su lectura no habíamos ubicado en nosotros. Ello me demuestra la enorme facilidad que tiene la literatura y, dentro de ella, la poesía en concreto, de controlar las emociones. En el momento en el que nos iniciamos a la lectura de un verso, o una estrofa, o el poema entero o sea la que sea, esa historia ya nos ha destinado unas sensaciones que nos abarcarán durante y después de la lectura, teniendo en cuenta las creencias que cada uno tenga o no del destino, del que yo sí creo. Esa es su magia, y como consecuente, podría ser su control.

Yo siempre digo que un solo verso basta para controlarnos. Su simpleza o complejidad o sus detalles artísticos, figuras estéticas y demás posibilidades, son pequeños artilugios que usa para manipularnos. De tal manera, nos podemos sentir esclavos de un verso y encontrarnos atrapados en aquellos que muchos poetas metieron en  nuestras cabezas, y tal vez ese embrujo sea otra de las causas por las que la poesía nos atrae intelectualmente (con la consecuente ampliación de vocabulario que uno pueda experimentar tras la lectura), emocionalmente (porque nos ofrezca optimismo en una etapa en la que nos situemos vinculados al pesimismo) ...  Pero también nosotros podemos ser capaces de controlar un verso. Mediante la escritura nosotros decidimos qué va a ser del verso, y lo doblamos, lo deformamos, lo construimos a nuestro antojo, y él nos va a obedecer sin reprochar nada. Porque así somos capaces de doblegar a un verso, de destinarles un sentimiento como ellos nos lo hacen con nosotros.

Pero también puede existir una atracción espiritual, y paso a comentarlo. Por mucho que me cuesta definir esta atracción, sigo citándola para que después sea comentada por vosotros y así logremos definirla mejor, o que me corrijáis, como con todo este artículo, que también es posible. Creo que la escritura de la poesía puede aportarnos resultados en cuanto al conocimiento metafísico: seguramente la frustración existencial que uno pueda encontrar ante su desconcierto acerca de la muerte le haga dudar de la religión, pues no se puede saber con certeza donde se encuentra la verdad en ese foco. Así, se puede reflexionar mediante la escritura (y también lectura) de poemas sobre las posturas religiosas: si existe un ser superior, si habrá algo más con la venida de la Muerte, o esa Muerte no será si no un suceso que nos da como respuesta lo efímera que pueda resultar la existencia, marcando el súbito final. Cuando acabamos de escribir (o de leer) un poema, nuestras ideas y posturas religiosas podemos haberlas modificado (dependiendo del fondo del poema,) porque en ese poema hayamos descubierto y despertado nuevos caminos por donde encontrar esa verdad de la que hablo.

 Creo que escribir poesía no  aporta moral, pues en ella se puede desear todo aquello que la conducta moral objete no sea correcto. Pero en ello, que no tiene por qué ser en el poema, no se tienen que variar las imposiciones morales, pues distinguimos lo que debemos y lo que no debemos de hacer, aunque esa distinción no defina en absoluto la moral. Así, muchos poemas (que no todos, por supuesto) pueden englobarse en fantasías que se quedan en eso. Puedo desear la muerte de la persona que yo más odie, y escribir un poema anhelando su defunción, por enésimo ejemplo, pero en la vida real no voy a matarla, porque moralmente tal acto lo consideraría incorrecto. Aunque este ejemplo sea tan válido como no, según la conducta y definición de moral de cada individuo.

Hablando de poesía: considero que ésta es un arte poco frecuentado en la lectura y la escritura, y si me equivoco, creo que puede ser por la confidencialidad y complicidad que cada individuo le dé a esta historia. Repito una pregunta que hace tiempo hice, pero esta vez bien formulada:

¿Para los que no hagan uso de la poesía en los ámbitos de la escritura y/o la lectura, podrá ser ésta una puerta cerrada que por falta de ganas, o por que no conozcan la existencia de dicha puerta, o por carencia de tiempo o cualquier cosa, no se atrevan a intentar abrirla? ¿Entonces en la poesía pueden existir prejuicios que influyen a las personas para no acercarse a ella?

Porque a veces la sociedad formula un prejuicio general y lo aceptamos, sin darnos cuenta de ello, o por comodidad, o falta de carácter para decidir por uno mismo, y esta es una duda mía, la de los prejuicios.

En fin, para ir acabando, tengo una pregunta que espero me contesten en sus comentarios: ¿qué es la poesía para ustedes?

Septiembre 2005


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