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Nombre
León Molina
E-mail
leonmp@ono.com
Fecha
07-10-2004 |
Deseo mostrar
mi acuerdo con las ideas centrales de este artículo de
José Manuel por dos motivos: Primero porque existe ese
acuerdo realmente y en segundo lugar por llevar la
contraria y romper una lanza en favor de los pensamientos
y actitud del tan vilipendiado en este sitio José
Manuel.
Sobre lo primero: Estoy de acuerdo en que hoy en día
existe una "ligereza" sobre el estudio y
conocimiento de la herencia poética de nuestra lengua que
hace bastante daño.
Es lógico, sobre todo cuando se es joven, que se quiera
"romper", "innovar", etc., pero si
observamos la historia de la poesía podremos comprobar
que los más grandes innovadores han sido poetas de
extensas lecturas y que han puesto sus palabras sobre la
tradición como una ofrenda. Por lo general, los que han
intentado sus innovaciones "contra" la
tradición, no han conseguido más que vanos fuegos de
artificio.
Por otro lado, esa ligereza puede llevar al extremo
contrario, a escribir como todo el mundo escribe hoy o
como escriben los que triunfan, y no se qué es
peor.
Hace poco un amigo mío elogiaba lo escrito por otro
diciéndole que una de sus virtudes era que estaba muy en
línea con lo que hoy triunfaba y ganaba premios. Le
regañé cariñosamente y le pedí que nunca me hiciera un
alago de ese tenor a mí o me podría provocar una
profunda tirsteza.
En otro campo de expresión artística, pero perfectamente
extrapolable, recuerdo lo que en privado me ha comentado
uno de los mejores saxofonistas de jazz del país y de
Europa, considerado como un gran creador y un brillante
innovador; "lo único que yo hago es imitar
frenéticamente a Charli Parker". La clave está
ahí, en "frenéticamente". En ese frenesí
imitador es donde nacerá, si nace, la voz nueva.
Sobre lo segundo: Creo que hay un ensañamiento con José
Manuel. Desconozco las razones. Puedo, remitiéndome a lo
único que puedo, que es lo que él escribe aquí, suponer
alguna causa. José Manuel, a pesar de su juventud,
demuestra un alto nivel de información. Quizás el
problema es que lo muestra. Esto, en efecto, constituye
pedantería, pero yo lo tomo como "pecadillo" de
juventud. Si no lo controla con el paso del tiempo,
entonces sí sería preocupante (para él, para su
relacionarse con el mundo). Quizás a veces también
deslinda poco lo que es el comentario de opinión y la
crítica literaria. Yo soy de los que piensan que la
lingüística y la crítica literaria son enormes estorbos
para escribir y para leer poesía. Es una actividad
distinta, que no tiene nada que ver con aquellas.
Pretender ser poeta, lingüista y crítico a la vez, es
sumamente peligroso.
Pero lo que está claro en el fondo es que merece bastante
más respeto del que aquí se le concede. Desde luego más
que aquéllos que sólo insultan.
Y su artículo precedente lo demuestra.
Saludos a todos. |
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Nombre
Johny Quitar
E-mail
perdio@sufu.sil
Fecha
10-10-2004 |
Creo yo León,
que me quedo corto al leerte.
Te lo explico más bien.
Entiendo que la postura que expones respecto a tradición
e innovación, aún definiéndose en parte, es
perfectamente ambigua y, por concretar, es carne de arma
arrojadiza (para quien la quisiere, tú fueras o fuera
otro) para todo aquel que quiera elevar o echar por tierra
la poética operandi de cualquier autor.
Concreto aún más: eso de " poetas contra la
tradición" es un arma arrojadiza, tal y como lo
presentas, perfectamente indefinida y a la carta. Es
decir, lo mismo se lo aplico a mi vecino (que me encanta
condescenderle, por ejemplo) que no se lo aplico a
"Poeta en N.Y." o a Gloria Fuertes, etc, etc.
Quiero con esto (además de apuntar que no me agrada la
vacuidad argumental) que, simpatizando en gran parte con
tu explicación del ejemplo del "frenesí", no
creo que el postrarse a la tradición precedente difiera,
esencialmente, de apostatar de la misma ¿por qué? pues
porque creo más en la situación que en la posición.
Esto es: si yo he leído 500 libros, creo que me marca
más el habérmelos leído que el cómo los valore yo
después (pues su influencia, o sabiduría, o estupidez,
la de los 500, ya me ha llegado y es irreversible; salvo
pérdida de memoria, etc..)
De otra parte a una persona que escribe y que no tiene
bagaje literario de lector tras de sí simplemente le
diría: ¡qué suerte tienes (como escritor) y óle tus
cojones (sin que mi admiración excluya necesariamente el
eruditismo de otras situaciones previas)! ¿Por qué?
Pues por otra de esas consignas mal mascadas por
intelectuales y por personas, esa gran falacia de que
"lo bueno es del primero que lo hizo" (con los
consiguientes -en todo- uyyyyy pues si eso ya lo hacia
nosequien y nosecuantos hace dos siglos, ay pos na anda
este...). Esta visión filosófica me parece sencillamente
propia de estúpidos (y no insulto, tan sólo doy fe de
que asevero con un subsiguiente sistema lógico tras los
cimientos que coronan epítetos de estupidez, imbecilidad,
ignorancia profesada, etc) pues "lo bueno" no es
mejor o peor por su contexto temporal (no según lo
defiendo, of course) , o sea por si fue lo primero lo
segundo o lo tercero que se hizo en su rama, sino por otra
serie de variables que podríamos discutir laaaargamente y
tendidamente. Pero entre estas variables no está la de
hacer algo antes o después de...
De otra parte ¿qué artista no ha deseado en algún
momento poder desprenderse, carecer, de su lastre y su
formación cultural? también es algo buscado (sin ser
dogma de fe, como no ha de serlo la erudición, desde mi
firme punto de vista).
En cuanto al apartado que dedicas a José Manuel bien te
pediría que me refresques la memoria, que reconozco no
tener muy bien, porque no recuerdo especiales ataques
de los contertulios, anónimos o censados, contra
él (a no ser, claro, que consideres "ataques"
el emplear para responderle igual transparencia,
resolución y sinceridad que usa José Manuel en los
planteamientos que redacta ...¿o es que jugamos a que va
en azúcar?... no, eso no se vale: Arriba la consecuencia
-buena, mala, regular y del montón).
Saludos, niños y congéneres todos. |
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Nombre
León
E-mail
leonmp@ono.com
Fecha
11-10-2004 |
Johny, estoy en
lo sustancial de acuerdo contigo. Creo que no hay caso.
Postrarse o apostatar puede que sean dos caras de la misma
moneda. Yo quería decir que, en cualquier caso, la
lectura atenta de los frutos de la tradición son
imprescindibles. Es cierto que muchos habrán querido
librarse de lo aprendido. Pero, en mi opinión,
sencillamente, no se puede y si es que no se ha leído aún,
no creo que sea posible escribir ni medianamente
bien.
Respecto a la falta de argumentación, hombre, no siempre
hay que darla (sería un coñazo) y a veces incluso
tompoco hay por qué tenerla; por ejemplo cuando hablas
desde la subjetividad, de impresiones, de intuiciones,
etc.
Respecto a José Manuel, te explico las causas de mi
actitud: No entiendo muy bien las críticas negativas. ¿Para
qué y a quién le sirven?. Me refiero a lo que podríamos
llamar crítica divulgativa o periodística, otra cosa sería
el ámbito académico, que creo que no es el de estas páginas.
En mi opinión (sin demasido argumento, es más un
sentimiento) un libro malo o que no te gusta, merece el
silencio, nada más. Las críticas negativas (de las que
todos podemos aprender mucho) yo creo que deben producirse
en el ámbito privado. Sólo en esa situación es posible
la contraposición de ideas, el diálogo y además en esa
situación se pierde la ganga "pontificia" que
tiene una crítica pública y sin diálogo. Yo he
aprendido mucho de las críticas de mis amigos poetas,
pero cuando hemos dedicado tiempo a constratar,
profundizar, entender, matizar, apuntar caminos de
soluciones, etc.
Decía José Miguel Ullán hace tiempo que los libros en
los medios se comentan, no se critican y que
fundamentalmente hay que ofrecer razones, motivos, para
leerlo y que, por tanto, cada lector debe buscar algo así
como su "comentarista de cabecera" con el que se
entiende bien.
En definitiva, la crítica académica no creo que sea para
los medios de comunicación, sino para la academia. Un
comentario sobre un libro que me dice que es muy malo por
esto o aquello, no me interesa, no me aporta nada. Sí que
desde mi punto de vista, un comentario positivo puede
incluir matices o señalar aspectos mejorables, pero si el
saldo es positivo y sobre todo si me invita a
leerlo.
Se que esta opinión no será compartida poo muchos, y que
no puedo argumentarla con solidez, porque es subjetiva y
proviene de mi modo de entender la lectura, y hata incluso
las relaciones
Un saludo a todos. |
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Nombre
Luis E. Cauqui
E-mail
escribanocauqui@hotmail.com
Fecha
12-10-2004 |
hola a
todos.
a mí sí me gustan las críticas y, sin ánimo de
ofender, lo del silencio me parece ñoño y blandito, por
lo menos.
no quiero decir que haya que hacer críticas destructivas,
esto es, personales, ofensivas, paródicas y demás malos
rollos en los que mayormente se trate de vejar y meter el
dedo en el ojo. pero sí razonadas, serenas y directas.
aunque sean duras.
a mí esas críticas me encantan porque alimentan el
debate estético, porque sacan punta a la obra, porque
ayudan al autor a reflexionar sobre lo que hace... pero
sobre todo porque son información para el lector: ¿o una
opinión no es información en definitiva? ¿o es que
todas las informaciones no son en realidad una opinión?
el problema es que hay que poner en su sitio una crítica.
no es el fin del mundo, ni un tatuaje que te ponen en el
brazo para siempre. es una opinión de una persona
concreta (que también te da información sobre el que la
escribe).
y punto. no se acaba el mundo por una mala crítica.
pero por dios, eso del "silencio frente a los libros
malos" en lugar de una mala crítica es casi
ofensivo. si yo le paso algo mío a alguien, y no me dice
nada porque no le gusta. o si este medio o cualquier otro
no critica un libro mío por no hacer una mala crítica,
me da algo. yo prefiero una mala crítica cien veces
(honesta, se entiende) que el silencio. por dios, ¿hay
peor castigo que la indiferencia ante un libro? pero, ¿de
qué estamos hablando? no entiendo nada.
y de las reseñas prefiero no hablar. ¿hay algo más
aburrido e inútil que una reseña? yo creo que no.
con respecto a josé manuel (que no creo que sea plato de
su gusto que se debata aquí sobre lo que hace y sobre por
qué se meten con él, por cierto) mi humilde opinión es
que debería aflojar un poco con ese rollo académico (o
pedante, como dicen algunos) y simplemente todo cesaría.
por supuesto, son mucho peores los que se dedican a
insultarlo y vejarlo personalmente. pero él tampoco ayuda
mucho.
en fin, cada uno sabrá lo que hace. |
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Nombre
José Manuel
E-mail
jmjosnop@yahoo.es
Fecha
12-10-2004 |
Eso que tu
llamas 'rollo académico' estimado Cauqui, es mi manera de
entender la literatura, basándome en la lectura personal
de obras literarias y en el estudio filológico -a
posteriori- de las mismas. Para mi la literatura no
representa una simple afición, sino que es mi profesión
y vocación, tanto en el ámbito de la creación poética
como en el ámbito del estudio filológico. Tal vez esta página
no sea el lugar adecuado para el artículo literario
especializado (cosa que tampoco hago yo), pero creo que
ofrecer este tipo de saberes puede ser beneficioso para un
mayor conocimiento del concepto 'literatura' y sus
variantes, sin ánimo de incurrir en la pedantería
absurda -de que se me acusa- solamente intento escribir
sobre literatura desde mi experiencia de lector, poeta y
estudiante de filología hispánica. Además, no tengo que
justificarme, hubiese preferido hablar del tema de mi artículo,
acerca del debate sobra la tradición y la originalidad,
etc. Yo he planteado en este artículo una cuestión en la
que he tomado un punto de vista, una opción estética que
he defendido. Y ya está, lo demás son digresiones
innecesarias.
Desde luego, señor Cauqui, las críticas que usted hace
no dejan duda de su sincera benevolencia y de sus grandes
conocimientos en el campo de la crítica literaria. Sus críticas
son objetivas y justas, coherentes y definitivas. Además
su capacidad para ahondar en los textos, sus comentarios
de determinados versos son tan brillantes que apenas
pueden observarse por su extrema luminosidad intelectual.
Creo que no hace falta decir que lo digo irónicamente.
Una crítica claro que puede ser negativa, es mi opinión,
pero no puede ser gratuitamente negativa. Una crítica
negativa debe profundizar seriamente en el texto en cuestión
(con más razones que en la crítica positiva) y debe
demostrar el porqué de las limitaciones literarias que
observa el crítico en el escritor.
Déjemos ya las controversias metodológicas y hablemos de
literatura en este foro tan saludable para la dialéctica. |
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Nombre
Manolito Indio
E-mail
manolitoindio@latinmail.com
Fecha
12-10-2004 |
Dilecto
contertulio José Manuel
No le entiendo, o lo que es peor, sospecho que sí: León
Molina le atribuye pedantería y además se la pasa
benévolamente por alto calificándola de "pecadillo
de juventud" (es decir, que no le trata de igual
a igual, seamos claros), y sin embargo, mientras
Luis E. Cauqui menciona este tema colateralmete (no
iniciándolo) bajo las palabras "rollo
académico" (para mi gusto con harto sentido de la
delicadeza) usted se apresura a contestar... ¡a este
último!. Y no sólo eso, sino que dedica usted un
párrafo entero para descalificar "ad homine"
las cualidades intelectuales del contertulio Cauqui (punto
este que en todo extremo he de deplorar de su parte, pues
los argumentos personalistas hieden por sí mismo, como es
obvio allá en donde aparezcan). No me parece serio (por
cierto, valga su furibundez personalista para hacerle saber, ya que lo saca usted, que el señor Cauqui es uno
de los críticos que más serio e interesante se me
antojan en esta web).
Respecto a su valoración de las críticas negativas: que
no han de ser gratuitas y que han de ser explícitamente
fundamentadas, pues mire usted, convengo plenamente; más
no perdamos nunca de vista que la poesía, por ejemplo, es
probablemente la disciplina más alejada del cientificismo
cartesiano, osea de la cuantificación y universalidad de
sus hipotéticas verdades/falsedades tomadas como el
consenso de los observadores, es decir: nazis, lo justito.
De otra parte, nos invita usted a dejarnos de
controversias metodológicas. En fin, yo entiendo que el
negarse a hablar de algo como modo de conversación
pública (tal y como defiende León Molina al proclamar su
contrariedad frente a que se aborden cierto tipo de
opiniones en público) más que una cuestión
metodológica es tanto como ser o no ser.
Una última cuestión,
pregunta, si me lo permite, ¿realmente usted piensa que
la progresiva presencia
del olvido de los autores precedentes "ya acecha con inmediata e irreparable
permanencia"?
Le confieso que no es esa mi percepción, cuando gran
parte de los libros de poesía se adornan inefablemente,
años ha hasta hoy, con las citas de autores del pasado
(de hecho es lo que vende y lo que gana -o compra-
concursos, por cierto). ¿En dónde percibe usted este
abandono del pasado (porque lo que yo percibo es,
precisamente, lo contrario, un encadenamiento mortecino y
complaciente para con el pasado, en lugar de para con el
presente o el futuro, no cree)?.
Reciba, junto a todos los
lectores de esta, mis saludos.
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Nombre
José Manuel
E-mail
jmjosnop@yahoo.es
Fecha
14-10-2004 |
Estimado amigo
M. Indio, quería responderte solamente al último tema
que tratas ya que se refiere al texto que figura publicado
en esta web. En cuanto a tus palabras anteriores, respeto
totalmente -aunque no comparta- tu punto de vista.
Como bien dices, muchos poetas actuales [supuestamente]
homenajean a los poetas de la tradición, pero no es más
que, grosso modo, un acto artificial e hipócrita. Lo
hacen como una obligación, como una manera de dar
legitimidad a su texto poético, normalmente mediocre. No
creo que haya un sentimiento sincero de búsqueda y
nostalgia por la poesía de los siglos pasados tal como
les sucedió a los poetas del 27, por ejemplo.
También creo que el hecho de llenar un poemario de citas
de Quevedo o de San Juan de la Cruz no es en modo alguno
una garantía de calidad porque muchos poetas que se saben
limitados creativamente recurren a esa estratagema estética
para disfrazar o decorar su obra.
No podemos generalizar, esto es, atribuir a todos los
poetas unas características comunes, pero sí he
vislumbrado un sentimiento actual en decadencia o en época
de crisis. Uno de los caminos posibles para volver a creer
en la poesía como Todo Estético es el de volver al
pasado, reelaborar el pasado con las circunstancias de
nuestro presente, comprender a los viejos poetas desde la
óptica del siglo XXI. Siempre volvemos a ellos, más
tarde o más temprano los encontramos, mutatis mutandis.
VALE.
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Nombre
Ana Julia González,
Aswad
E-mail
laviejaaswad@hotmail.com
Fecha
14-10-2004 |
Bueno, al
margen de que el amigo José Manuel sea un excelente imán
de las iras ajenas, por lo que se ve, (cosa que por cierto
tampoco es tan difícil de conseguir en esta página, y no
lo digo por quitarle méritos a nadie), y al margen de las
patadas en las espinillas que han ido saliendo a propósito
de críticas negativas y venganzas hogareñas, yo pretendo
ofrecer mi punto de vista sobre la importancia o no del
culto al Clásico.
Quiero partir de una base: todo lo que se lee, TODO, como
todo lo que se vive, lo que se escucha, lo que se aprende,
lo que se sufre, lo que se ama, sirve para la poesía, y
cuanto más se lee y se vive y se folla y se odia, mejor
se escribe. Eso pienso yo. En ese “todo” entran los clásicos
también, por supuesto, y que conste que yo he disfrutado
con San Juan como cualquiera, y que mis primeros libros de
poesía y mis primeras noches en vela fueron culpa de él
y de otros como él (bueno, y de Ende).
En lo que no creo es en la obligación moral de rendir
pleitesía a los poetas seleccionados por la casualidad,
la calidad, el enchufe u otras circunstancias para pasar a
la Historia. A mí, francamente, cuando me gusta leer a un
poeta, lo leo, y me resulta indiferente el puesto que
ocupe en el Top Ten de los Grandes, o incluso que no esté
entre ellos. Es más, siempre he tenido la sensación de
que este culto al Clásico porque sí, porque es Clásico
y punto y final y lo respetas y lo veneras y cierras el
pico, y te rindes a la evidencia de su calidad incluso
aunque no lo tengas tan claro o te aburra, y aprendes de
ellos porque así lo mandan las sagradas escrituras y
punto en boca, encierra, en realidad, otras motivaciones más
humanas y menos transparentes. Me explico:
A mí me parece que el poeta de segunda regional daría el
cielo y la tierra y la mitad de sus miembros por tener un
caminito a seguir, una manera de escribir que le sirviera
para deslumbrar, para hacerse un hueco entre la manada
literaria, y sobre todo, para poder sentirse Bueno. Para
poder leer sus cosas y tener una razón nada subjetiva que
diga que lo suyo está muy bien y que olé mi nene. Ahí
entra, a mil por hora, la razón suprema de seguir “frenéticamente”
a los Clásicos, desde mi punto de vista. Y no hablo de
leerlos, que los hemos leído todos, aunque sea por orden
de la profesora de literatura del instituto, o por
curiosidad, o porque los que amamos la poesía terminamos
leyendo todo lo que podemos. Hablo de arrimarse al clásico,
de citarlo, de copiarlo más o menos a las claras, de
tratar de empiojarse de sus maneras y sus andares y
parecerse, por dios, parecerse todo lo posible, aunque eso
sí, sin que se note tanto, en un equilibrio cálido y
amable, en un “escribo como los Grandes”, y en
consecuencia, soy Grande. Porque el poeta de segunda
regional, cuando escribe, no escribe porque no le quede
otro remedio, o porque le salga la poesía a borbotones, o
porque necesite expresarse. Escribe porque quiere ser un
Grande. Un Magnífico. Y cuanto más, mejor. Y para eso
hay que pasar, inexorablemente, por el culto al Clásico.
Hay que escribir como los que llegaron antes que tú, y
tocaron el cielo de los Eternos, ese es el caminito, y allá
que te va el poeta de segunda regional con sus andares
torpones y su inocencia primaveral, detrás de ellos,
contra viento y marea.
Este perseguir a los becerros dorados es un kit adorable
que incluye, además, un arma mortífera que al poeta de
segunda regional le viene divinamente bien tener a mano:
seguridad en sí mismo, en lo que escribe. No puede ser
que nadie le diga que lo suyo no es maravilloso, que
escribe como los ángeles, si está haciendo lo que hacen
los buenos. Por lo tanto, podrá enfadarse y golpear con
saña caballera a cualquiera que le diga que lo suyo es un
tostón, que no dice nada aunque lo diga bonito, y que por
qué no intenta escribir algo que tenga que ver con él
mismo, por ejemplo, o arriesgarse a enseñar un poco el
culo, o intentar, al menos intentar, tener una voz propia,
aunque sea una voz desafinada.
Esta lección me parece que está muy bien aprendida por
un número importante de poetas actuales, de los que salen
en la foto y en la tele y en el verso del otro. Hay todo
un núcleo poético duro, y con sus filas bien cerradas,
de gente que si no se esforzara tanto en pasar a la
Historia a cualquier precio, quizás terminarían pasando
a la historia.
Pero para que toda esta pandilla de poetas oficiales pueda
seguir chupando del bote, se hace necesario, absolutamente
necesario, que nadie dude que son Buenos, que son Grandes,
tanto como sus citados y copiados y venerados poetas.
Porque si se pone en duda su dogma, si se duda por un
momento de esa obligatoriedad del culto al Clásico, el
invento se les cae a pedazos. Ellos no pueden depender de
gustar al lector, ellos tienen que imponer al lector lo
que escriben, que ningún lector se plantee si le gusta o
no le gusta o vale la pena o no. Mira, majo, me parezco a
tal clásico, (o tengo ecos, como dicen los idiotas), y tú
eres un ignorante que se va a comprar mi libro ahora mismo
y a tomarse su sopita, que mira cuántos premios me han
dado los amiguetes y cómo me parezco a los Buenos,
tontaco.
También creo que este desbarajuste viene dado por el
miedo que da la poesía, por el miedo que da que no
funcione con un dos por dos igual a cuatro, por la
subjetividad y relatividad que salpican la calidad de todo
poema y de todo poeta. Los que tienen más miedo se
agarran a cualquier cosa que parezca una verdad inmutable,
una guía, un tronco estable y salvador en medio del
naufragio de escribir. Da miedo escribir sobre los
sentimientos propios, los más escondidos, contar lo más
privado, da miedo lo que dirán los demás cuando lo lean,
da miedo hacer el ridículo, que se rían de ti, que te
insulten, da miedo contar quién eres y verte descubierto
delante de extraños, frágil y a la intemperie. Da muchísimo
miedo escribir poesía siendo tú. Por eso, más cómodo y
sencillo es ser otro, parapetarse en las maneras del otro,
y justificar la calidad propia a través de la calidad del
otro, y más cuando ese otro padece del reconocimiento y
el respeto universales.
Por eso pienso que algo que en principio no tendría por
qué ser una mala idea (aprender de los que saben) se
transforma muchas veces, por mecanismos tan humanos como
el miedo, la vanidad y la falta de personalidad poética,
en un método desastroso que produce “poetas en
serie”, y que forma grupos escogidos de poetas de élite
que tampoco merecen tantos aplausos y que jamás supieron
arriesgar su pellejo ni en un verso.
Pero en todo este proceso lo determinante, lo crucial, es
saber qué quiere conseguir cada uno con lo que escribe,
para quién está escrito, qué quiere decir y por qué lo
escribe, y según su personalidad y sus intenciones será
necesario o no meterse a los clásicos por vena, y cada
uno será cada uno. Y todo eso está muy bien, me parece a
mí, porque si ocurriera lo que algunos pretenden, que
todos nos apuntáramos a la Secta del Clásico del Séptimo
Verso, pues mire usted, nos quedábamos sin variedad y sin
locos al volante del corazón. ¡Viva la libertad de no
ser nadie!
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Nombre
el niño melón ha salido pepino
E-mail
delasofertas@carrefour.es
Fecha
15-10-2004 |
"un acto
artificial e hipócrita"
¿Cómo sabes que los homenajes del resto son artificiales
e hipócritas? ¿Y por qué no lo son los tuyos?
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Nombre
Gabriel Veraldi-Pasquale
E-mail
gveraldipasquale@msn.com
Fecha
20-10-2004 |
| Muchas gracias
por no hacer concesiones a lo fácil y a lo obvio.
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