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¿Qué
mierda es la cultura?
por Juan
Ángel Martínez Ruiz
A
mí que venga alguien y me explique qué leches es eso de "la
cultura", porque yo no
acabo de entenderlo. No sé si cultura es leer a 'estendal'
mientras te metes en el báter para
tocarte tus partes íntimas (sintiéndote plagado
de ti mismo y de tu maravilloso cerebro) o es ver al Sardá por la
tele haciéndote un canuto del quince
con la página 102 de 'mi lucha'.
No
sé si cultura es oír una sinfonía de un tío que lleva muerto 200
años o romperte los cuernos
contra la pared de un garito porque vas hasta arriba de todo
lo que te dijo tu madre que no pillases a la puerta del colegio.
No
sé si cultura es meterte en el aburridísimo Museo del Prado
(carezco de gusto estético) o
emparanoiarte con los carteles anunciantes del concierto de
David Bisbal. Ver piedras. Tocar el arpa. Tirarte un pedo. Hacerle
el amor a un desconocido (barra
a) o ponerte bocabajo para ver si encuentras a la
mujer esa que está arropá con una manta en un rectángulo pintao.
Alguien
(mucho más sabio y mejor persona que yo) me dijo una vez que
"cultura" era toda
aquella expresión que apelaba a los sentimientos comunes
en todo ser humano (civilizado o no) y
que era capaz de evocarle sensaciones y
espacios. Bien.
Ahora
yo digo que Dalí se cagaba en el cajón de la mesa de su padre para
provocar sensaciones. Si entendemos
como sensación el asco, el mal olor, la sorpresa
y el subsiguiente cabreo, todo hombre cuya regularidad esté (más o
menos) según los cánones de
cualquier analista de cólon, hace cultura al menos
una vez al día. Y eso, a la larga, impone. Y crea la asignatura
de 'Performans'
en las facultades de Bellas Artes.
A
lo mejor "la cultura" es alguien que tiene la especial capacidad
de poner un
montón de sinónimos en un texto. La gente de a pie dirá...
que tío más culto... cuantas
palabras sabe. El crítico especializado espetará (¿has visto?)
que el resultado final de la obra del artista se asemeja a un
batiburrillo insostenible, recargado,
tosco e insultante que daña la vista, tanto
por su falta de contenido como por la pobreza en la encuadernación
de su texto. Acto seguido estira
de la cadena y recoge su cheque en la ventanilla
de pobres genios en la redacción de algún medio.
Tiroriro,
tiroriro, tachín, tachín, clas, classss... redoble y aplauso. Esta
obra la compuso Frank Mejaidenmühller
en 1764; arreglada sabiamente (como han
podido comprobar) por el Maestro José Viridiano en un alarde de
compensación polifónica y suplencia
de carencias rítmicas en el tercer compás
del cuarto movimiento. Más conocido como tralarán chimpún. Se
quedan la mar de agusto.
La
simbología céltica que plasma el artista en esta obra (paseada con
amplias medidas de seguridad por todos
los museos de Europa) es fruto de su experiencia
de inmersión vivida en un bar de Dublín en su adolescencia...
cuando se dio a los vicios de la carne
y la patata fermentada. Responde a su etapa
lila y puede englobarse en el expresionismo simbólico propio de los
pintores de su generación. Agujetas
de aplausos para el mentor de los que dormitan
en la sala de diapositivas.
No
tengo ni puñetera idea de qué es bueno o malo. No puedo saberlo,
es imposible. Yo me limito a
juntar letras con un acierto que está a la vista de
todos. No he publicado absolutamente nada en mi vida; no sé tocar
una lata con las manos y las
paredes de mi casa parecen un cuadro raro, lleno de rodadas
de pintura y plagado de restos sangrientos de voraces mosquitos. No
sé quiénes componen el sector
cultural de Albacete. Quiénes son los escritores
publicados en el último concurso de no sé dónde o cuál ha sido
el cineasta premiado en la
edición del Festival de Cine de la Chimbamba. ¿Acaso importa?
¿Es que por el hecho de ser publicados, conocidos, populares
o clásicos me tienen que
gustar a la fuerza? Es más, creo que nadie en su sano juicio
puede tiene en la mano el bastón del conocimiento o del gusto. Y
por descontado el de la
catalogación de lo que es culturalmente aceptable.
Hay
que tener la mente un poquito más abierta y no encerrarse en
universos literarios,
musicales, pictóricos, escultóricos o cinematográficos. Al
final, lo único que encontramos es pedantería
y falta de perspectiva. Qué coñó,
no voy a ser ni rico ni recordado al final de mis días. ¿Escribes
para que te publiquen?
¿Sentirás un orgasmo que te cagas cuando veas tu obra en
los kioscos? ¿Te harás
muchimillonario o no te comerás una mierda? ¿Por qué te
sientas a juntar letritas... por el reconocimiento... como terapia...
porque te sale de dentro... por la
necesidad imperiosa de vomitar tu inmundicia
y cabreo interior a los demás... porque crees que llenas un vacío
en tu existencia? ¿Se te da mal esa
cosa tan complicada llamada sexo? ¿Ligas
poco? ¿Tomas demasiadas drogas... o ninguna? ¿Experimentas?
¿Revisas? ¿Es más barato que irte
al Ikea y resolver tus problemas decorando la
casa?
En
mi opinión cultura es lo que le venga en gana a cada uno. A mi me
gusta Gran
Hermano. Y por tanto opino que es cultura. Moviliza a una
cantidad de gente. Suscita
opiniones e impresiones. Desagrada, cabrea. Llena columnas y columnas
en los periódicos. Espacios en Internet. Tiempo. Entretiene. Te
llena y te vacía. Es decir, lo mismo
que si te empapas por las noches 'Rayuela',
visitas el Thyssen o conectas a toda ostia La Flauta Mágica.
Sensaciones, punto. Eso sí, un
buen polvo lo sustituye... momentáneamente, pero
lo sustituye. Y quien diga lo contrario miente como un bellaco.
Octubre 2004 |