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El nido de culebras al otro lado
por Javier
Rodríguez-Tizón
Voltaire,
que fue un bípedo gabacho que habitó la campiña francesa allá
por los siglos XVII y XVIII de los de antes, ya advirtió a los
seres humanos desde su insípida postura animal y mundana: “Si
Dios no existiera, habría que inventarlo”. Y esos humanos
seres, bípedos también de su misma especie –o eso les dijeron–
le dieron la razón para luego montar aquel cisco por todos conocido
debido justamente a, entre otras, razones contrarias. Entonces Marx
se hizo mayor, se dejó crecer las barbas, denominó Alienación
a ese cúmulo de fenómenos masivos tan inherentes a la Humanidad
–incluso a día de hoy con dos ejemplarizantes guerras mundiales
en medio– e inventó el Comunismo. Hoy, desde el mullido
sofá del presente, podemos achacarlo todo a un excesivo o precario,
cualquiera sirve, los dos son infaustos, consenso entre los mortales
y que viva la paradoja.
Bueno,
pues tras este trivial introito tan poco exegético y dado que Bill
Gates, ese gafotas enemigo del quarterback en la High
School, inventó Internet para desdicha de los jóvenes
engominados de la época y regocijo de los terapeutas, se podría
atestiguar que, a menor escala, ha sucedido algo semejante con el homo
litterarius del llano manchego y su hábitat hasta Albaceteliterario.com;
si bien para hacerlo verosímil habría que trastocar un ápice los
tiempos del verbo utilizados por Voltaire en su reflexión
condicional y sustituir el vocablo ‘Dios’ por otro que a la
larga se convertirá, no nos quepa duda, en Éste –porque nosotros
solemos ser muy creyentes para lo que nos interesa–. La
consiguiente frase quedaría reflejada así: “Si
Albaceteliterario.com no existe, habrá que inventarlo... pero que
lo haga otro”. Ese ‘otro’ fue Miguel Ángel Aguilar,
conocido personaje de la mesnada cultural de la ciudad al que le tocó
devanarse la sesera en aras de la caterva displicente que hoy
aplaude el hecho. Alguien tenía que hacer el trabajo sucio, eso
estaba claro. (Por fortuna no le ha tocado al que suscribe.) Además,
y por supuesto, el proyecto parte de una idea no lucrativa; lo mismo
que tantos otros que hoy engordan cuentas corrientes y yo me alegro.
Empero, de unos días a esta parte he deseado, caprichosamente, no
lo niego, que Aguilar hubiera sido menos trascendente que el
ilustrado franchute a la hora de plantearse la construcción de la
referida plaza por la salubridad del colectivo. De una forma u otra,
vayan desde aquí mis más sinceras gracias y felicitaciones por tan
honrada página; y que discurran éstas deprisa y sin acritud.
El
ens scriptor albacetense (o ‘albaceteño’, según
se mire) nunca fue un animal del todo nómada, mas sí puede que
tuviera algo de trashumante al uso; y atraco en el pensamiento de su
trashumante condición porque, aunque de sobra sabida su tendencia
al andorreo intelectual en lo que hasta la fecha se refiere, al
final, por unas o por otras, gustó siempre de atrincherarse en
reata igual que las ovejas regresan al redil tras su trasiego de
temporada. Para los que sabemos de lo que hablo, hasta aquí,
seguramente, el símil nos encaja. Para aquellos que no se ubiquen
todavía, sólo han de sentarse a intentar escribir –mejor o peor,
se los enjuiciará igualmente como mandan los cánones–; tras
ello, no más deberán comenzar a relacionarse con y a moverse por
los diferentes círculos literarios de la ciudad para adivinar. No
tardarán mucho en encontrar boyera, si menos en buscarla. Pero ésa
es harina de un costal que hoy no vamos a rasgar pues me lo reservo
para próximas entregas en que me flaquee la imaginación. Así que
venidos a unificar, esperemos que a Aguilar le salga esta jugada la
mitad de bien que a Cavour
hace un par de 48’s –intentando métodos y alianzas más diáfanos
que los condales– pues correrá en el provecho del grueso de los
literatos urbanitas. Por lo anteriormente dicho,
Albaceteliterario.com se ha erigido en ese anhelado redil que a
todos una, entendiendo ‘redil’ en su contexto menos peyorativo
y, si me apuran, más cariñoso, porque las ovejas son esquivas por
naturaleza, sí, pero mimosas cuando se les hace costumbre.
Sin
duda me habría gustado concurrir a la presentación del
acontecimiento, que tuvo lugar el pasado 22 de diciembre en el Nido
del Arte, pero todavía no arrastraba constancia de que tendría
que relatar sobre ello –benditos intereses, que diría Donald
Trump–. No en vano, seré del todo sincero por aquello de la
cortesía moral: no tenía ni pajolera idea de la fecha o lugar en
que habría lugar tal alumbramiento. De igual modo entendí que
todos estos saraos son análogos: chanzas, gaitas, coplillas y, al
final, un ‘uno para todos y todos para uno’ como aquellos
de Dumas que tan poco agradaban al cardenalato. Y no andaba
equivocado...
El
caso es que la página me gusta tanto en su fondo como en su forma;
por eso me niego en rotundo a describirla metodológicamente como el
ingeniero chiflado que detallara el motor del nuevo R24
–que no es un R12 encima de otro como podría imaginar mi
abuelo– pieza a pieza en un parvulario; menudo coñazo. Y es que
parece obvio que toda labor encomiable debería ser respetada de
facto, sin diatribas, aunque no sea ésta práctica habitual de
nuestro tiempo. Ésta parece ser una de esas labores encomiables,
conclusión que me aborda de buena tinta. Es más y rayano al
eclecticismo: quien desee juzgarla desde un mero plano morfológico
que entre y la observe detenidamente. (Tal proceder implicaría
dejar ipso facto de leer este artículo, un verdadero alivio
para el que les cuenta.) Al punto, que la vote del 0 al 11 en cuanto
a estética y técnica se refiere y listos. Ah, eso sí, para los
menos hábiles, su contenido está relacionado con todo el universo
literario de la ciudad de Albacete y sus propios autores, no vaya a
ser que se me olvide contarlo y deje de cobrar el cheque. Y, en
contra de lo que se presupone, este rincón dedicado a las Letras es
más divertido de lo que parecería a priori. Desde el primer
momento deposité muchas confianzas en él como fuente inagotable de
esparcimiento. Y, de nuevo, no andaba equivocado...
El
otro día departía un servidor muy amenamente en el ‘antiguo’ Zero
18 con Miguel Ángel Aguilar, el susodicho ‘web-master’
–que no es el título de las instadas memorias de Benedetti–
del asunto, aunque mi primer comentario no fue dirigido a él sino
hacia el escritor Ángel Alcalá: “Martínez Cano te ha
puesto suave”, en referencia a una respuesta recibida por una
crítica colgada por Alcalá en Albaceteliterario.com días atrás
sobre el libro de relatos ‘A por cadáveres’ de López
Aroca y que yo había leído. La contracrítica rezaba con una
inusitada sutileza: “¿Qué clase de subnormal profundo es ese
tal Ángel Alcalá?” (Luego me enteraría de que el Martínez
Cano de turno era de pega, claro.) Ahí quedó la cosa. Aparte,
of course, de que entre cerveza y cerveza desbarraba yo sobre mis
once poemarios escritos, mi libro de relatos y mi novela (todos sin
publicar más por vago que por malo visto lo visto y sin atreverme
una vez más a criticarme –para eso están otros, pensé–, ni a
ensalzarme en demasía sino con la propia solución cabalística que
en sí propone mi obra) hablamos de la página web por cambiar el
tercio, algo bastante impropio cuando los escritores se han
arrancado por peteneras. Y es que Albaceteliterario.com había
suscitado en mí mucho interés; ya no tanto por nigromante de ocasión
como por albaceteño conocedor ad hoc del atavismo ético tan
particular de sus coterráneos. No obstante, mi esperanza sobre la
avenencia dentro de esta web mora entre esos pergaminos romanos que
atestiguan el acatamiento por parte de Nerón
de algunas consignas de Séneca
en sus años célibes. Si esto fue posible, todo lo es; claro que de
lo acaecido después, mejor ni hablamos.
Sobre
todo tocamos un palo lo suficientemente picajoso como para rascarse:
la bienaventurada censura. De nuevo se sopesaron, por enésima vez,
los términos ‘libertad’ y ‘libertinaje’. Mi experiencia me
dicta que cuando estos dos términos salen a colación emparejados,
el contexto sobre el que se debaten es siempre muy ameno. Mientras,
uno reparaba en ese aburguesamiento tan reverenciado por mí del que
hacía gala el joven poeta José Manuel Martínez Sánchez
–hijo, para más inri, de ese Martínez Cano al que yo había
puesto equívocamente en tela de juicio minutos antes gracias a la
tan del presente ‘filosofía de la suplantación’–, que nos
acompañaba en la tertulia, capaz de pedir un refresco y ni siquiera
molestarse en probarlo; en ese punto me sentía de veras el hombre más
feliz del mundo remontándome en la memoria a días pretéritos,
pero dada la falta de confianza no me atreví a expresarlo. Entonces
continuamos la charla y comenté a Miguel Ángel el nido de culebras
en que se andaba convirtiendo Albaceteliterario.com con sus críticas
sucintamente arbitrarias, el peligro de un posible foro cristalizado
en patio de vecinas y la ‘amenaza fantasma’ de poder enjuiciar
bajo sobrenombres imaginarios al libre albedrío. Él siguió
defendiendo la no-censura: “Esto se concibió así”, y yo
cada vez me vestía más y más alegre y, por qué no, hasta
orgulloso. Tras un rato de ponencias y réplicas –entrometiendo
apuntes sobre Leopoldo Mª, Rainer Mª
y Joyce– arribé a un
desenlace y así se lo expresé al artífice: “Son putadillas
como éstas las que hacen de este tipo de iniciativas algo
maravilloso, no lo dudes”. Y es que cosas como éstas suceden
cuando los interesados se tratan por lo corriente y existe una
relación de discernimiento –por ende de antipatía en algunos
casos– más que profunda entre ellos; no vamos a echarle sólo la
culpa a la propia naturaleza humana, ¡qué frivolidad!, aunque la
tenga y mucha. De lo positivo también se habló, mas sobre lo bueno
–algo consabido– siempre se habla menos y, las más de las
veces, nada. Por último todos quedamos conformes y satisfechos por
tan coherente iniciativa y cada cual siguió su camino; eso sí,
mirando hacia atrás de vez en cuando por si las moscas. Luego yo me
emborraché como un capataz ‘deobra’ –modos inclusive, arriba
el prejuicio– y discutí con la parienta, motivo por el que regresé
velozmente a La Tierra desde mi solio cósmico a una nueva cita con
la realidad. Todo para concluir, usando la más certera y tediosa de
las redundancias, que ésta sigue superando a la ficción y que,
ante todo, somos humanos y a Dios gracias, ora el que exista, ora el
que se inventó Voltaire.
Dicho
esto, no me queda otra que aguijarles: entren y diviértanse
–pasen y vean que dirían los bedeles circenses–, ya que se lo
van a pasar pipa como me lo paso yo a cada rato. A partir de aquí,
sólo dar sendos votos de confianza y continuidad a esta causa que
camina todavía sobre el filo de la ambigua génesis, pues bien los
merece si nos atenemos simplemente al esfuerzo y la dedicación.
Esta página dará que hablar, para lo bueno y para lo mejor. Y yo
estaré ahí para contárselo –siempre soñé con decir esta
frase.
Por
cierto: no me busquen en Albaceteliterario.com porque no estoy;
aunque el otro día hablando con Miguel Ángel Aguilar, éste me
aseguró que podría estar perfectamente y tal aseveración me
consuela.
Que
Dios bendiga a Félix Rodríguez de la Fuente.
Julio 2004 |