|
Los muertos vivientes
por Antonio
M. Magán
Los muertos se levantan de las
tumbas en cuanto escuchan la palabra cultura. Allí están donde el
café es malo y la mediocridad campa por sus respetos. El
espíritu
poético la palmó desde que se inventaron el subsidio de paro y las
revistas de amiguetes de cama. Parece que los cuatro carcas de
siempre que se han quedado anclados en las ideologías que en su
juventud quisieron defender y no defendieron, no ven más allá de
sus narices de ancianos "pseudoradicales". Quieren que
les hagan un altar por méritos que la calidad y la genialidad de
los dioses les ha negado. Ser escritor es algo vocacional donde no
llaman a nadie. El que no triunfa quiere que la vida le devuelva en
forma de baba lo que no consiguió con la voluntad.
No oigo más que lamentaciones y gritos de dolor porque las
editoriales "no me publican". Si no te publican, retírate,
pero deja de llorar. También puedes redoblar tu esfuerzo y
conseguir que el arte fluya de tus dedos. Es una quimera creer que
el arte te va a venir del cielo sentado en un cafetín entonando con
voz lastimera al primero que se sienta a tu lado las desgracias del
escritor incomprendido. Debemos recibir ideas y plasmarlas para que
los demás las entiendan.
Es repugnante ver como determinados "intelectuales"
lo único que han perseguido en su vida ha sido que su madre
presuma a los cuatro vientos, mientras le da vueltas al cocido con
las vecinas, de que tiene un hijo o una hija escritor/a.
De todas maneras como lo que triunfa es el amiguismo, pues eso, a
practicar la hipocresía si queremos triunfar.
Julio 2004 |