|
|
|
|
NACER, SIN QUERER de Juan Conesa Sánchez |
|
Pues sí, mi querido ser humano, la primera cosa importante que hacemos en la vida y, como diría Gila, sin avisar, es nacer. Porque a ver quien leches nos pide permiso para sacarnos de esa placenta tan calentita en la que uno se encuentra en la gloria. Acaso no era posible evolucionar un poquito más y dar un gran paso a la Humanidad como Dios manda prolongando los períodos de gestación hasta que el asunto de la supervivencia familiar estuviera más o menos resuelto. Porque eso de que los niños venimos con un pan debajo del brazo no lo veo nada claro, que a mí me da que nos toman el pelo. Es una ligera e inocente intuición de niño. Figúrense lo bueno que sería que naciéramos con la comunión ya hecha, la de gastos que se ahorrarían nuestros padres, además ya no tendrían el inconveniente de tener un renacuajo que cada dos por tres anda dando guerra pidiendo teta o haciendo mierda –con perdón de los cerdos-. Porque otra cosa interesante es nacer habiendo pasado la pubertad, porque así nos quitamos de en medio los inconvenientes de la edad del pavo. Que si mis padres no me entienden, que si el mundo está fatal y hay que armar la de Dios para cambiarlo, y ese tipo de libertades que se permiten los todavía mocosos imberbes y abstemios declarantes de la Renta. Pero esto he de reconocer que supondría una alteración genética demasiado brusca y las cosas para que salgan bien hay que hacerlas poco a poco, por eso quizás nacemos así, de sopetón, sin cirugía estética ni nada. Esta es otra de las cuestiones que habría que estudiar muy seriamente, porque entre nacer guapo o feo media un porvenir seriamente desigual, y más si naces feo y miope, buenoooo… la que le espera a uno. Así que convendría afinar en lo posible el tema de las ecografías y antes de sacarlo que se le vea bien a uno, porque después tenemos una de traumas que no vea, que si visitas al psicólogo -¡a 60 euros la hora oiga!- que si el corrector dental, que si el corsé para la espalda, que si a ver ahora donde te coloco hijo donde no pidan buena presencia, o sea, una lástima de criatura, ya le digo, un calvario de vida. Nacer para esto no merece la pena. Aunque reconozco que existe otro hecho que condiciona bastante tu nacimiento: la orientación espiritual paterna. De esta ya no te salva nadie. Como te hayan engendrado y no tengas más que la coletita que el espermatozoide de los cojones te colocó ya no tienes nada que hacer, tienes que nacer por huevos. Ahora, eso sí, lo bueno que tiene es que, nazcas feo o guapo, tu vida tiene sentido, puedes quedarte sin un céntimo, que no se te arrime ni la descartada para el casting de protagonista del Exorcista, pero no te desanimes muchacho que tu vida tiene sentido, lo que pasa es que no te facilitan el manual de supervivencia, como mucho te dicen: “Estudia la Palabra de Dios, hijo, y hallarás respuestas”. Pero como cada cual coge la Palabra a su manera no sabe uno a qué atenerse, y termina igualmente en el psicólogo, solo que como un paciente creyente cuya vida tiene un destino, desconocido, pero destino, que no es lo mismo que ser un paciente ateo sin parada ni fonda. Dios mío, que mal suena esto de ateo sin parada ni fonda, resulta más terrible de lo que pensaba. Porque figúrate si naces ateo, menuda te espera. No quiero ni pensarlo… ni pensarlo… ni pensarlo… bueno, voy a pensarlo un poquitín. Si naces ateo tu vida no tiene más sentido que disfrutar de ella hasta que te mueras, y si te mueres se supone que es el fin, el fin de los finales, la Madre de todos los Finales, que ya no hay más cubatas vamos, y además esto es pecado, y después a un juicio, que es la Madre de todos los Juicios, el Juicio Final. Y a ver allí que alegas allí ¿eh, pillín? Porque allí no puedes decir: “Señor, perdóname porque no sabía lo que hacía, había bebido de más, me había tomado unos cubatillas, Jo tío, ya entiendes ¿no?”. Como digas esto, estás perdido, derechito al Infierno. Y allí ya sabes, llanto y crujir de dientes –por cierto que lo del crujir de dientes siente me ha tenido intrigado, porque se supone que aquello es cualquier cosa menos una nevera, o a ver si va a ser que el Infierno no es como nos lo habían contado y va a resultar algo parecido al Polo Norte-. O sea que todo lo que te has mamado en una vida lo terminas pagando en la otra. Ya ves, por un sitio u otro nos terminan pillando, estamos predestinados a que o nos jodemos en la primera vida para esperar la felicidad de la segunda, o somos un viva la virgen en la primera y unos desgraciados chamuscados o en hibernación en la segunda. Claro que también puede ser que la orientación espiritual paterna haya tirado más por creer en el asunto de la reencarnación, que en el fondo viene a ser lo mismo que lo anterior solo que con el agravante de que aquí el sufrimiento es más refinado. No has sufrido bastante en tu primera vida, pues hala, toma una segunda –que no será la última- para sufrir un poco más y mejorar tu karma, o sea, un auténtico suplicio, y luego a ver quién nos garantiza que vamos a llegar en condiciones al cielo, porque con tanto trajín de reencarnaciones uno debe acabar hecho polvo, vamos que lo único que quieres es echarte a dormir y a ser posible morirte de una vez bien muerto, sin resurrecciones ni reencarnaciones, que para eso cotiza uno a la Seguridad Social, para tener una vejez digna y morirse uno en paz. Aunque ahora que lo pienso esto de la segunda vida debe de estar subvencionado por el Estado, como el asunto de los cotizantes está tan chungo, me da a mí que el Gobierno ha debido de hacer algún tipo de Pacto con Dios para que uno no termine de morirse en paz y resucitar de nuevo para recotizar y que no quiebre la Seguridad Social. La verdad es que hay reconocer que está bien pensado, y que si el muerto tiene buena salud y puede reencarnarse siete veces, pues, a lo mejor, hasta llegamos a un superávit que nos permita pagarnos un caprichito, que visto el panorama yo lo invertiría en un ataúd blindado para que no anden dándome el coñazo con resucitarme. Lo de las funerarias debe de ser un buen negocio, lo que veo es que en materia de marketing están un poco desfasados, vamos, que casi ni se les ve ni se les siente. Están ahí, pero siempre de secundarios, como no queriendo salir nunca en la foto, y eso, para hacerse rico, es fatal. Deberían hacer ofertas por morirse en temporada baja de decesos, descuentos por donación de órganos o por kilo de muerto ofrecido para su investigación a la ciencia, pero en fin, todo se andará.
|
|
Diciembre 2003 |
![]()
Magazine de
Albaceteliterario.com
|
Enviar
un correo electrónico a la redacción |