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  5 POEMAS  de  Sergio Cózar Iniesta  


 
Voy a aniquilar mis sentimientos
voy a aplastarlos como cigarrillos contra el suelo.
Voy a intentarlo.
Escucho.
No miro.
No quiero nada.
Mirar a Ana cómo escribe.
Con cara de mala hostia.
Quizás mejore. Con mis patucos de lobo.
Quizás no.
Iré a peor.
Seguro.
Pero mis patucos de lobo son cojonudos.
Y la coca hace su efecto.
Y los cubatas.
Y todo.
Y es Navidad.
Y no sé que voy a hacer.
Nunca lo he sabido.
O sí.

Y voy a masturbarme.

 

 
 

Hoy he comenzado a saltar de peldaño en peldaño,
jugando a ser nada,
a ser hombre,
acaso un vértice,
a ser algo indefinido
como el bostezo de un crepúsculo,
que aspira a convertirse en el guardián
de un espléndido prostíbulo.

Hoy he desnudado mi cuerpo
en el antro donde mis ojos
suelen darse muerte el uno al otro
a golpe de risas enloquecidas.

Fumando en el más bello rincón del mundo,
se me aparece su imagen tumbada y abierta de piernas
como un viento triste.
Y ella me mira. Confía.

Se irá terriblemente.

Saldrá a la calle y me verá como un viejo castillo,
me dará la vida con una sonrisa,
y luego, lo de siempre

Se irá terriblemente.

Me ha llegado el olor delicioso
de la henna acostumbrada,
me dormiré entre sus brazos,
tediosos, abismales,
y asesinaré a mi mundana razón.
¡Me estorba!
¡Martiriza los pasos amables que aún no he dado!

Vomitaré sueños...

Y si al llegar estuviera, la agarraría con fuerza
y le besaría el cuello,
la boca,
el pecho,
el vientre,
los labios...

La ciudad es terrible cuando amanece, ¿no es verdad?

 

 
 

....Y EN OTRA NOCHE MÁS

Conversaciones sobre racismo
a una hora nada prudente,
en la que el vino embota nuestras mentes.
Alguno de los presentes dice
que Hitler fue un buen hombre,
que tenía un trauma infantil.
El genocidio fue una terapia de grupo
para el pobre Adolfo.
Más tarde, el aire me corta la cara...
Llegamos.
Buscamos sexo en los bares.
Quiero irme lejos,
quiero volar, dice una canción.
Veo la rosa más hermosa
en el lugar más extraño,
destilando el fuego de sus labios.
Más humo...Tequila sin estar en Méjico.
Nos vamos...
¿Tenemos que bailar para divertirnos?
¿Embriagar nuestras almas?
¿Follar sin descanso?
¿Es humano sentir el vacío
día a día, hora tras hora?
La vida es una muerte que viene.
Si no sueño me duermo.
Ya no hago caso
de la conversación de antes.
Quién dijo aquello era un ignorante.

 

 
 

TRECE

Trece es un número mágico.
Trece son las miradas que dedicas
al mundo que gira en torno.
A trece huelen las ratas,
los dioses muertos,
los sueños de un loco.
Son lágrimas ácidas,
las de una puta que llora
por la vida de mierda que lleva.
¡Escupe con sabor a trece!
¡Escupe fuerte!
Fox Talbot lo hacía mejor,
y Verlaine y Rimbaud.
Escupe como Stroheim
en plena cara de Hollywood.
Ayer me masturbé pensando en Jodie Foster...
...Trece veces...
...en Hilary Clinton, sólo una.
Trece es una hermosa espiral
en la que reposa mi vida.
No quiero ser ni como Paul Newman,
y tampoco como Richard Gere.
Quiero ser un enorme Trece,
majestuoso como el Big-Ben.
¿No te he convencido?
Hazme caso, yo te lo digo.
Trece es un número mágico.

 

 
 

LA AHORCADA

Subí tan despacio la escalera
que aún estabas allí,
balanceándote,
suspendida,
tan pálida,
tan hermosa,
que no eras tú,
ni eran tus ojos,
ni era tuyo el erizo
de tu absorbente sexo.
"Muere", me dijiste.
Y yo te escuché, te escuché
sin querer hacerlo,
a pesar de que no eran
tuyos aquellos labios.
"Muere por mi,
como por ti
yo me dejé morir", lloraste.
Y no pude sino abrazarte,
sentir una punzada inerte.
Nació tu ansiada vida
de aquel abrazo de muerte.
Ahora soy yo quien espero,
balanceándome,
suspendido,
a que alguien suba la escalera
para hacerle creer que soy yo
el amor de su ansiada espera.

 

Diciembre 2003

 


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