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22 ventanas
abiertas
por Ángel
Martínez Alcalá
Es
casi estúpido tener que decir que cada escritor fue antes lector
consumado. Parece algo evidente, pero en este caso no está de
más recordarlo. A muchos nos gustaría que se fomentase la
aparición de nuevos escritores, pero nadie en ese momento exacto
en el que... Fíjense, que me parece que nunca hasta ahora había
pensado en ello. ¿En qué momento decide Kafka dar el salto? ¿Y
Poe, Cortazar o Chandler?
La
literatura suele usarse por la evasión que brinda. En ocasiones
puede ser compleja y plantearnos graves dilemas, pero no deja de
ser como una playa en cuyas aguas nos metemos por placer y,
si el oleaje es favorable, sólo exige alguna brazada a cambio de
no tragarnos. Por más que nos guste el baño no tenemos por qué
sentir la necesidad de hacernos exploradores abisales. Mira que,
de pequeños, a muchos
nos cuesta perderle el miedo al agua, pero jamás en la vida se le
pierde el respeto. ¿Cuándo nos vemos preparados para adentrarnos
en lo inmenso del océano?
Por
este trance habrá pasado la mayoría de los autores de 22 Ventanas Abiertas, y no es para menos. La Biblioteca Pública de
Albacete ha puesto a
su alcance la posibilidad de publicar sus trabajos, con
todo lo que eso pueda significar para ellos, además esta
biblioteca también es responsable de otras
muchas iniciativas entre las que destacan los clubes de
lectura, que han dado una respuesta que nadie podía imaginar.
Así es como un grupo de lectores, de repente, se ha planteado la
posibilidad real de darse a conocer como autores, dejarse leer, lanzar
un mensaje propio. Es maravilloso, y les felicito por todo
cuanto he dicho, en serio. Lo que pasa es que al publicar uno
se expone a la crítica.
Es
lo que tiene.
Personalmente
–eso ante todo-, creo que 22 Ventanas Abiertas puede
ser un buen libro de piscina para este verano. Lo corto de sus
colaboraciones, la variedad de tendencias y el diseño simple
hacen de él un libro apto para toda la familia, desde el abuelo
nonagerio que siempre te llama Paquito (te llames como te llames)
hasta ese sobrino pelmazo que nunca te deja echar la siesta (y que
además pasa de leer). El formato, así con letra grande, lo
hace apetecible y cómodo. Sin embargo, como con playa y
piscina ya vamos de veraniegos, advertiré que fuera de tales
sitios el libro pierde un poco su encanto.
Vale, 22 Ventanas Abiertas no deja de ser un libro, para lo bueno y para
lo malo, pero mientras lo leamos no se nos irá de la cabeza el
regusto a aficionado. Al fin y al cabo es la colaboración
voluntaria de unos lectores que quieren tantear el terreno, y en
principio nada más. No creo que se les pueda exigir demasiado,
porque todos, en mayor o menor medida, nos han aportado algo. Hay
obras realmente buenas, la mayoría son aceptables y sólo
dos o tres se verían como malas, pero el lector, que no es tonto,
ya sabrá juzgar cada colaboración por su valía propia.
Sería
eterno ponerme a reseñar las colaboraciones una por una, y
además sería cruel resaltar a unos y olvidar a otros. En este
caso prefiero evitar que alguien pueda sentirse herido, por más
que haya pedantes que se lo merezcan, como tampoco quiero que
alguien pueda convertirse en un cretino, por ser bien criticado
apenas mete en el agua un dedo del pie. Me quito el mochuelo por
el agüita, por el respeto que causa el mar. Yo lo conozco, y da
canguelo. Por eso es que un libro convencional o un fanzine no
saldrían tan bien parados, pues en ellos se supone que el autor
se ha lanzado de lleno al agua, con jueces ojo avizor, y a veces
no se nada tan bien como se cree. Aquí, decía, hablamos de
una toma de contacto con la enormidad, y eso se merece un respeto
mayor aún que lo normal. Por eso creo que sabrán ustedes
comprenderme.
Con
todo, el libro puede merecer la pena, y quizá uno de los
peores escritores de 22 Ventanas Abiertas sea el nuevo Carlos Ruiz Zafón. Quien sabe si
a usted le gustará lo que yo creo malo y evitará lo que yo creo
bueno. Hay críticos que dicen que el Episodio III de Star Wars
es una basura.
Para
que vean.
Mayo
2005
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