Una
afortunada ocasión es la que presenta este número del fanzine Fábulas
Extrañas al rescatar tres antiguos relatos de Alfonso
Tornero, un autor que, con ser uno de los cuatro o cinco
mejores narradores de Albacete (a gran distancia del resto
del pelotón de bienintencionados de la escritura) apenas y deja
ver sus obras a lo largo de las iniciativas editoriales que
pueblan Albacete. Estamos de enhorabuena, pues.
Los
tres relatos aquí rescatados tienen en común la temática y el tono
mistérico y paranormal, acorde con el espíritu underground y
edgarallanpoenieano que siempre ha planeado sobre el
fanzine Fábulas Extrañas, y el hecho de ser historias
escritas por encargo para publicaciones que nunca llegaron a ver
la luz; bien es cierto que el tercero de los relatos no se
atiene exactamente a estas características, pero tampoco
desencaja en esta pequeña recopilación que tenemos entre las
manos.
El
primero y más extenso de ellos, titulado La mirada
retrospectiva, se inscribe dentro del universo de los
cuentos que el autor ha ido escribiendo bajo el epígrafe de Tangrama,
una serie de historias contadas desde la perspectiva infantil (que
no inmadura ni dulcificada, más bien metódicamente realista y
mágica, como es la infancia) que en esta ocasión deja a un lado
el tono de toda la saga para hacer una secuela con personajes
adultos. Para los seguidores de las narraciones del Tangrama estamos,
podríamos decir, ante una rareza. El relato fue escrito en
1997 por encargo de Alberto López Aroca para el libro Antología
de prosa de la Coordinadora de Revistas Culturales de Albacete,
publicación que no vio la luz ni entonces ni en alguna intentona
posterior, como la proyectada a la vez en el tiempo que la antología
poética La generación fanzine de Arturo Tendero (2001).
El relato deja un sabor de boca en la línea de las televisivas En
los límites de la realidad o Alfred Hitchcock presenta,
más cerca del ingenio amable y curioso que de la contundencia
a que nos tiene acostumbrados la prosa de Alfonso Tornero.
La
segunda narración, titulada Prólogo, nace como un
encargo para el fugaz fanzine albaceteño Tomar Café (1994), que
en su número 2 pretendía rendir homenaje temático al narrador y
poeta norteamericano Edgar Allan Poe (la andadura editorial de Tomar
Café concluyó con el primero de sus números). Para aquel
segundo número nonato Alfonso Tornero escribió un relato
que, desde una línea narrativa premeditadamente no
intervencionista (no se intenta asustar al lector con ambientes o
sucesos fantasmagóricos, etc) y situado en un tiempo que
podríamos ubicar como actual, acaba convirtiéndose en uno de
los mejores y más actualizados homenajes que podrían hacérsele
al homenajeado Poe. Toda una joya (por encargo) que merecía
ver la luz, acertadamente además a través de las páginas de
una publicación tan afín a la figura de Poe como es Fábulas Extrañas.
El
tercero de los relatos, El ruido, aunque ni fue
escrito por encargo ni es inédito (fue publicado en el fanzine
literario albaceteño Aventis nº3 en 1994), supone un acertado
broche a este pequeño especial de narraciones cortas de Alfonso
Tornero y, sobre todo, una estupenda ocasión para ser
re/descubierto, dada la lejanía de diez años desde su
publicación primera. Aunque el suspense aparece colateralmente en El
ruido como uno de sus elementos, no es, ni de lejos, la
principal de sus características. Una historia cuya ambientación
recuerda la novela 1984 de George Orwell (referencia que el
autor desconocía en la época en que escribió este y otros
cuentos de similar ambientación) y en la que la conciencia social
del autor, lejos de cualquier maniqueísmo o furibundez militante,
construye una breve narración de óptimos resultados,
probablemente, en el relato, de los tres aquí presentados, que
más se acerca a las mejores virtudes que el autor ha desarrollado
posteriormente.
Estas
narraciones cortas están precedidas por un prólogo titulado Trabajos
de encargo perdidos, firmado por el Licenciado Don Juan
Gaspar de Villegas, en la línea de utilización de heterónimos de este fanzine.
En este breve texto se informa al lector de la procedencia y circunstancias
que originaron cada uno de los relatos, todo ello
aderezado con alguna ilustración gráfica al respecto y mezclado
con referencias de crítica-arqueología-ficción, en lo que
parece un homenaje declarado a los extensos e
informativos prólogos con que el fanzine literario Aventis
(números 5 al 17) obsequiaba a sus lectores informando detallada
y particularmente del autor y la obra que ocupaba cada uno de sus números monográficos,
una particular manera de hacer prólogos, inventada por Luis
E.Cauqui, a modo de ficticios estudios filológicos en tercera
persona, que se ha visto popularizada desde aquellos años (1997)
hasta el actual número 54 de Fábulas Extrañas (2004).
En
el apartado de edición cabe señalar que la portada y las
ilustraciones son reproducciones de viñetas del ilustrador T.B.
Einstein, y respecto a la cuidada maquetación en formato
cuartilla manifestar, eso sí, mi incomodidad a la hora de leer
el texto en dos columnas que tan sólo albergan cuatro o cinco
palabras por línea, lo que hace que la lectura comprensiva de
las simples oraciones se vea algo dificultada (y uno tenga que
verse obligado a acostumbrarse a la fuerza, si es que quiere leérselo),
cuando esto podría haberse solucionado, por ejemplo, reduciendo
un poco el tamaño de letra o el espacio en blanco dedicado a
márgenes.
En
definitiva, relatos que nos regalan unos valiosos minutos de
entretenimiento, a buen nivel, en un número que merece estar en
la estantería de cualquier lector.