Título: JUEGOS DE CONSTRUCCIÓN

Autor: Javier Lorenzo Candel

Género: Poesía (60 pag./ año 2004)

Sinopsis: Libro conformado por 28 poemas que se reparten en tres grupos titulados Juegos de construcción, Navegación de asombro y Estampas. El libro se inicia con dos textos, a modo de prólogo o citas previas, de parte de Wallace Stevens (en inglés) y F. Nietzsche (en español): "Una desventaja esencial que implica la desaparición de opiniones consiste en que el individuo restringe demasiado su mirada a su breve existencia y no siente ya fuertes impulsos para crear instituciones duraderas, establecidas para siglos".

El libro establece tres pilares que sostienen el edificio literario de sus poemas: la arquitectura, la visión de un futuro desde donde revisar toda una vida, y la pérdida de la fe como una nueva representación de los proyectos artísticos. También sitúa al arte como sustitutivo de la religión y al hombre en la certeza de que su tiempo sobre la tierra es limitado.
Desde estas tres ideas el autor quiere delimitar los espacios surgidos en las sociedades actuales, espacios que condicionan la lucha del hombre por la supervivencia, por el encuentro de su identidad más íntima. Después, el personaje poético tratará de buscar las salidas posibles ante esta nueva manera de entender del mundo.

Editor: Visor  Precio: 6 €

Distribución: Albacete (Librería  Herso y Popular)



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   Juegos de construcción
  
por Ana Julia González Aswad

Federico Froebel fue un pedagogo alemán de principios del XIX, inventor del jardín de infancia, y de una metodología que, resumiendo mucho,  procuraba inculcar en los niños el amor al trabajo y a la creación, como forma de crecimiento personal y de tributo divino, de aproximación a dios. Utilizó, por primera vez, las formas geométricas como material didáctico, lo que hoy conocemos como juegos de construcción. Ese es el punto de partida del libro de Javier Lorenzo Candel, y así se llama: Juegos de construcción.

El hombre es un niño que juega con su tiempo en la ciudad, la ciudad  es un gigantesco juego de construcción que ya no cumple ritos divinos, sino humanos, que ya no busca a dios, sino el paso cómodo por una existencia breve que no dejará rastros. Como en un gigantesco jardín de infancia de Froebel, desvirtuado por el miedo a la propia existencia y a la propia no-existencia, el hombre (el niño), en el interior de la ciudad (la madre, la naturaleza), se aferra a lo material, cuenta los días que le quedan, y se pierde para siempre, sin memoria, sin trascender.

Con esta temática, el libro bien podría haber sido la típica pesadilla lírica del poeta insufrible que habla de dios y de la muerte con gran gozo de gongorino lloroso, pero ya ven lo que son las cosas, no lo es. Es un libro que sirve, que hace reflexionar, que no se pone demasiado pedante, porque, en realidad, el poeta es frágil y está tan perdido y tan asustado como todos estamos, y más que restregarnos verdades sentenciosas como puños, lanza dudas que a todos nos asaltan en la misma medida. Y son dudas razonables, vitales, humanas, son miedos oscuros y comunes, de los que saben nuestras almohadas y nuestros silencios.

Javier Lorenzo divide su libro en tres partes: Juegos de Construcción, Navegación de asombro, y Estampas. Así que yo también iré por partes.

De Juegos de Construcción apenas puedo decir más que bondades. Es un poemario de lectura cómoda y profunda a la vez, lleno de versos de los que se quedan un buen rato dando vueltas a tu lado, algunos para siempre, y sobre todo, es un poemario importante, todo lo que cuenta tiene dentro batallas decisivas. Grave, adulto, muy maduro, y también muy intenso. El tratamiento a un fondo tan complejo no se pierde en retóricas gratuitas ni en gimoteos poéticos (salvo en contadas excepciones), tiene un matiz elegante que no es pose, y triste, que no es ñoño, dulce sin empalagos. Correcto y mesurado. Suele pasar cuando detrás de las palabras hay algo que decir.

De Navegación de Asombro (precioso título), me queda una sensación ligeramente peor. Quizá por verse enturbiada la verdad de intenciones que sí presenta su antecesor, quizá por cierto amaneramiento clásico, quizá por el uso de un tono que a mí no me habla, más convencional y oscuro, más sabido. Sin embargo, sigue siendo enorme la carga sentimental, sigue teniendo una fuerza muy poderosa, y las ideas que regala, y el uso de la clave del mar para contarnos las mareas de la existencia humana lo hacen un poemario interesante, como poco.

En cuanto a Estampas,  tiene mucho que ver con el poemario-tipo, con el poemario que a cualquiera se le viene a la cabeza cuando piensa en un poemario. A excepción de los tres últimos poemas, que cierran el libro, (Estampa, El charlatán y En pleno día), que sí recuperan bastante la voz del poeta que me gustó en Juegos de Construcción, el poeta que tiene la facilidad de decir grandes cosas como si no dijera casi nada. El resto de Estampas pasa ante los ojos del lector sin quejas, sin dolores ni aspavientos, sin dejar ni rastro. Versos olvidables, parecidos a otros mil que leí antes.

El libro tiene, en general, el desencanto de la dictadura militar del ritmo, provocada por la medida rígida de los versos, aunque esto sea un aspecto completamente subjetivo y de gusto personal, pero pienso que no le hace bien al sentimiento esa obligación extraña de cuadrarlo todo, que por mucho que quiera ser una alabanza a lo geométrico de Froebel, también me parece que imposibilita mostrar con más crudeza el caos que siempre muerde a las dudas existenciales. Así se pone el verso muy educado y muy limpito, niño de comunión al que prohíben pisar los charcos, y se vuelve frío, y a veces, hasta me molesta.

Tampoco entiendo esa moda cosmopolita de añadir citas y títulos de poemas en idiomas ajenos al autor, al lector, y al libro, sin compañía de traducción. Más allá del intento de demostrar cierta cultura a cualquier precio o causar admiración en el jurado de un concurso, no le veo sentido. Aunque eso sí, este tipo de cosas producen el divertidísimo efecto “traje nuevo del emperador”, o lo que es lo mismo, preferimos la muerte antes que reconocer que las citas en inglés son para la mayoría un jeroglífico imposible.

Por fortuna, el premio Fray Luis de León que condecora el libro no pasa de ser una anécdota, el requisito indispensable para ser publicado en Visor que, como siempre, coquetea con una edición preciosa y elegantísima, como la dama más solicitada en cualquier baile de la alta poesía, y la que vende más caros sus favores.

Agosto 2004


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   Nombre niño melón       E-mail porespañayportugal@elniñomelon.com        Fecha 16-08-2004
y digo yo. que escribir medianamente bien no es tan difícil. ¿esto es una crítica literaria, o un comentario de texto de un estudiante de la eso? 

el niño melón se lo pregunta...
   Nombre Melonazo       E-mail melonazomix@cipote.es        Fecha 17-08-2004
Si vas por el sol malo y si vas por la sombra también, a ver en que quedamos.

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crítica literaria


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