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Yo
quiero ser una chica García Rodenas
por Ana
Julia González Aswad
Debo
comenzar mi crítica lanzando una advertencia: es necesario
cumplir un par de requisitos para leer “La Saga de la Ciudad
Oscura (tomo I)”. El primero es ser aficionado a las novelas
de aventuras, tiros, detectives y asesinato misterioso al
canto, o tener cierta predisposición hacia ellas. El segundo
requisito, creer en fantasmas, monstruos y asuntos paranormales, o
al menos ser capaz de jugar un rato a que se cree. Cumplidas ambas
condiciones, se puede leer “La Saga de la Ciudad Oscura (tomo
I)” y disfrutar como un enano. Como un enano que acaba de
descuartizar a su propia madre, y con las vísceras todavía
calientes entre las manos, eleva al cielo una plegaria en un
idioma perdido, eso sí.
Este
tomo engloba dos novelas distintas (que acaban resultando
muy cortas) basadas en las andanzas del inspector Serrano y su
colega, Laespada. Es el primer tomo de lo que parece que será una
larga lista de aventuras con los mismos protagonistas. Y debo
decir que no veo la hora de leer el siguiente tomo. Pues sí,
tanto me ha gustado.
La
idea es verdad que no es nada original. La fórmula detective +
ayudante + misterio por resolver ya la conocíamos hace tiempo,
pero da lo mismo. El libro no pretende descubrir nada
nuevo, ni volverse un indispensable de la literatura española
del siglo, sencillamente está pensado para divertir. Y lo
consigue. Cuando se empieza a leer, ya no hay quien pare.
Engancha, tiene un ritmo fantástico, pone los pelos de punta.
Pero la culpa de todo la tiene la historia: bien pensada, bien
expuesta, bien cerrada. Y cuando Juan García decide poner de los
nervios al lector con una persecución, un tiroteo, un ay que
me matan al bueno, una pelea a puñetazo limpio, se pinta
solo, hace lo que le da la gana, y acabas leyendo las líneas a
velocidad de vértigo con la urgente necesidad de saber qué pasa
después. Y lo que pasa después suele ser bastante
imprevisible.
Los
personajes son muy interesantes, y los que están ahí para ser
admirados, se admiran, y los que están para aterrorizar, lo
consiguen con creces. Pero apartado especial merecen las mujeres.
Cabe decir que creo firmemente en la existencia de la chica
García Rodenas como denominación de origen de las
féminas usadas por el escritor: explosivas, brillantes,
tremendas, poderosísimas. Realmente, si hay algo en este libro
que dé miedo, verdadero miedo, son las mujeres. No son los
monstruos, ni las huestes de Lucifer puestas en fila, ni los
peligros de ultratumba acechando en la oscuridad. Son las mujeres.
Qué miedo dan las Chicas García Rodenas, y qué frágil
se queda hasta el inspector más condecorado, delante de una de
estas señoras. Las Chicas, además, traen y llevan el hilo
de la historia; no es que pongan su granito, es que sin ellas no
habría ni misterio ni solución posible y, como suele pasar
incluso en la vida real, su delicada manera de manejarlo todo
jamás las vuelve protagonistas. El verdadero Poder no tiene
vanidad.
En
resumen,
personajes atractivos bien trazados y situados, trama
imprevisible y brillante, buen hacer narrativo, alta adicción y,
encima, es un libro divertidísimo. Vale, no todo es
maravilloso. Hay dos detalles que me sacan de quicio, aunque no lo
suficiente como para dejar de recomendar “La Saga de la Ciudad
Oscura”.
Es
una lástima, por ejemplo, que el libro esté sin corregir.
Especialmente la primera novela incluida en el volumen, "La
Secta de las Sombras", es un puro desastre de
faltas de ortografía y erratas varias. No diré cifras, pero
sale una media de una falta por cada dos páginas. Lo que me duele
es que eso tenía fácil solución (apenas dos o tres horas más
de trabajo, o la confianza de pasársela a un amigo que haga de
corrector provisional, como hacemos todos), y aún me fastidia
más el fondo chapucero, este querer hacer las cosas mal, cuando
en cambio se nota tanto el talante minucioso en otros aspectos. No
lo entiendo. Tampoco es que yo sea una purista en este sentido
(para faltas, las mías), lo que realmente me incomoda es que
cuando una falta de ortografía o una errata te llaman demasiado
la atención, eso hace que te salgas de la historia, que dejes el
hilo por un segundo y vuelvas a recordar que tienes un libro entre
las manos. Igual que cuando en el cine te toca al lado el pesado
que no para de hablar, comer palomitas, hacer comentarios absurdos
o leer los títulos en voz alta. Eso son para mí las faltas de
ortografía en un libro, ni más ni menos.
Otra
cuestión que me fastidia, aunque es algo mucho más subjetivo:
esa manía de situar la historia en Albacete. Yo no digo
que me parezca mal, o increíble, o desacertado, que aparezca
Albacete como escenario de truculentos crímenes, pero del modo
que se hace en este libro llega a parecer una edición costeada
por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento. Excesivo
empeño en nombrar calles, bares, zonas de interés y de uso
público por todo albaceteño conocidas, del uno al otro confín.
La historia no lo necesita, la mayoría de los datos sobre la
ciudad resultan más bien gratuitos si eres de aquí, y si no lo
eres, son datos que no van a ninguna parte. Comprendo que se debe
más a un factor publicitario de cara a potenciar las ventas en
Albacete que a necesidades del guión. Lo comprendo y lo respeto.
Pero pensando en lectores foráneos, de poco sirve tanto esfuerzo
por sacar esta ciudad en la foto a toda costa, y pienso que esta
manía se puede volver un terrible enemigo, por parecer
que está escrita para albaceteños y para nadie más. Aparte
de eso, este dorar la píldora al lector (¡mira, Paco, si sale el
bar donde almuerzo yo todos los días!) no me resulta elegante.
Tiene un no sé qué provinciano y cortito de miras que me
molesta, quizá porque salta a la vista que el libro da para mucho
más que para quedarse en casa, igual que el autor.
Y
para terminar, algunos misterios: ¿Por qué la edición es tan,
pero tan terriblemente parecida a “Medio kilo y una pipa” de
Alberto López Aroca?
Por
cierto, ¿este otro autor no se ocupa también de escribir
historias con detective y fenómeno paranormal de por medio?
Silencio.
Quizá estemos ante otro caso para el inspector Serrano...
Julio 2004
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