Isla
Desnuda nº 12 (revista literaria)
por Ángel
Martínez Alcalá
En
los noventa estábamos en el colegio o en el instituto. Fumábamos
los primeros cigarros a escondidas y escuchábamos a Nirvana con
la camisa de franela atada a la cintura, llorando al mártir del
rock. La Compe, la Dili o el Ruta. Eran tiempos rápidos para
mucha gente de mi generación. Los chicos deseábamos ser hombres
con nuestra pelusilla-bigote, emulando al Chris Cornell de Soundgarden.
La mayoría querían ser músicos, pero algunos decidimos que, de
mayores, íbamos a ser escritores. Había que hacer algo; nos
publicaríamos a nosotros mismos. Abajo el sistema, abajo lo
viejo: abajo los de arriba. Con cualquier ordenador (y a veces
hasta sin él) y con una vieja fotocopiadora podíamos ser lo
que soñábamos. Yo ayudé a parir a mis quince añitos algo
casi pornográfico llamado Tiempo de cómic (y que casi nos cuesta una denuncia), pero no éramos
ni los únicos ni los primeros. Por Albacete ya rondaban Fábulas
Extrañas, Bram, Panicómic, Manicómic, Aventis, Ayvelar,
Adentros, Pandemonium y un largo etcétera que prefiero obviar
antes que dejarme fuera nombres fundamentales. Era el año noventa
y seis. Ese año, en el Instituto Nº 6, nacía el fanzine
literario Isla Desnuda.
Sí, ellos también.
Han
pasado ocho años, volando. Lo que nació al amparo de una
profesora de griego de manos de cuatro chiquillos se ha convertido
en una de las revistas literarias de referencia obligada en
nuestra ciudad. Aquellas fotocopias trajeron estas imprentas,
las que en Marzo de 2004 nos han ofrecido el número doce de la
que hoy, lejos de ser un fanzine, es toda una seria revista. Desde
entonces, a su vez, la plana de colaboradores ha pasado de cobijar
a los amiguetes a presumir de escritores consagrados. Ver para
creer. Me hubiera gustado ver la cara de aquellos críos del
noventa y seis: Pedro Gascón, Alejandro Bleda, Antonio Rodríguez
y Miguel Úbeda. No se imaginaban lo que aguantarían, ni a que
nivel. Uno de ellos, Miguel Úbeda, dejó la publicación tiempo
después, pero su puesto fue cubierto por gente como Mario Guirado,
Jaufre Rudel, Aswad o Ana Martínez Castillo. La cúpula directiva
siempre fue inmejorable. Unos y otros, en diferentes etapas,
hicieron que la revista navegase con rumbo fijo y ambiciones de
corsario en negro sobre blanco. Repito: ya van doce.
Todo
lo anterior, tan bonito y emotivo, venía para quienes no
conocieron los inicios de la publicación. Esta va a ser la
primera vez que un número de Isla Desnuda sea comentado en
Albaceteliterario, y por eso he creído conveniente dar una
nota introductoria. Así pues, habiendo comentado los
cimientos, y como las once plantas siguientes ya quedaron atrás
(algunas ni las conozco, mea
culpa), proclamemos que ya existen vistas nuevas. Señores, el
ascensor ha llegado a su destino: Isla
Desnuda nº 12. Vamos al tajo.
La
verdad es que siempre resulta difícil analizar (o criticar, si lo
prefieren), una revista literaria. Qué decir, cómo decirlo, por
qué lo decimos. Hablamos de un grupo de autores, no
necesariamente de la misma corriente creativa, unidos por la única
razón de que han sido convocados. Y punto. Los habrá mejores y
los habrá peores. A otros les echaremos de menos, y con razón.
¿Debemos generalizar? ¿Analizar el objeto como un todo? ¿No sería
mejor dividirlo por partes? No es coña: no tengo la menor idea de
cómo empezar. Así que, para evitarme complicaciones, iremos paso
por paso.
Lo
primero que nos atrae de Isla
Desnuda es su esmerada maquetación. Siempre ha buscado
formatos impactantes y novedosos, y casi siempre lo consigue, por
eso es de extrañar que el presente número se parezca tanto al
anterior. Desde hace varios números, la revista viene cambiando
formatos y estructuras. ¿Por qué ahora repetimos? ¿Quizá han
encontrado un formato definitivo? La única forma de saber lo que
pasará será esperando al siguiente número. En otro orden de
cosas, mencionar la descoordinación entre el índice y la
numeración real -hecho más que incómodo y que parece fruto
como de repentinos cambios de última hora en los contenidos-,
algunos recortes en el texto (desaparecidos) y algunos autores con
muchas y persistentes faltas de ortografía que, sin duda,
se deben al descuido. En mi opinión, el autor debe corregir un
texto antes de entregarlo, así como debe hacerlo el responsable
de su publicación antes de ir a imprenta. Aunque parezca mentira,
el lector toma en cuenta estas cosas. Son fallos fácilmente
subsanables, producto de las prisas o del descuido, así que no
debemos darles demasiada importancia.
El
primer apartado de la revista, el referido a poesía,
mantiene un nivel más que correcto. Cabe destacar a los
valores seguros, como Gracia Aguilar (una delicia, como
siempre), Miguel Úbeda (entrañable y correctísimo), Jose
Daniel Espejo (una debilidad mía que nunca deja de
sorprenderme), Jaufré Rudel (escrito precioso y evocador
el suyo) o Matías Clemente (a este chico los premios le
afectan mucho, pero para bien: cada vez me agrada más). Si
hablamos del triunvirato fundador (Bleda, Gascón y Rodríguez),
afirmo que su poesía es correcta y atractiva, como siempre, pero
algunos pensamos que tal vez deberían innovar un poco y salir
de la rutina poética que se han formado (quiero creer que
pueden hacerlo). Del otro lado, para mi gusto (y recordemos que
nada hay más subjetivo para un lector que la poesía), el
resto de participantes flojea, unos por aportar lo de
siempre y otros por empeñarse en seguir modas absurdas en la
poesía actual –a mi modesto parecer- que se reducen a querer
ser niñas que empiezan a pensar en pollas y que mantienen un lazo
casi enfermizo con el chupa-chups. Por si a alguien le sirve de
referencia (espero), como ejemplo breve: una cosa es lo de Gracia
Aguilar, misteriosa y sensual; otra son los aludidos, que lo hacen
vulgar. Son dos polos buscando un objetivo erótico-emotivo
similar, pero influye la sensibilidad de cada uno. Por cierto, no
todo son chicas, a pesar de alguien que ya está en los altares de
la nueva poesía (no por mi decisión, gracias a Dios). De todas
formas, repito, nada hay más subjetivo que la poesía, y la
verdad es que el balance general es bueno, lo digo en
serio.
Casi
lo olvidaba: no me gustan las fotos de gente en pelotas y
pintarrajeada (a nos ser que sean tías y salgan en Playboy), por
mucho texto guay en inglés que lleven al lado. En conjunto, el
reportaje/poema de Gloria Marco me parece casi una falta de
respeto hacia algunos lectores (que conste que yo ya voy
curado de espanto). Será que no somos modernos.
Pasando
al ensayo, la siguiente disciplina de la revista, tenemos a
Tomás Miranda Alonso y a Guillermo Samperio. El primero nos
habla del cuerpo como medio de expresión, incluso en poesía. No
sé si he entendido muy bien el texto, y por ello intentaré no
pasarme de listo, pero tengo la sensación de que lo dicho ya me
suena de hace mucho (el mil veces referido Wittgenstein), sólo
que defendiendo al cuerpo como origen del lenguaje. Eché de menos
la proliferación de palabras como “mente”, “cerebro” o
“raciocinio”. Además, no me atrevo a afirmar esto con
rotundidad, porque tengo la sensación de que el texto,
al estar tan condensado, puede inducirnos a la confusión.
Quizá con más páginas, quién sabe. A continuación, Guillermo
Samperio, un mago de la palabra, un SOÑADOR con mayúsculas,
nos invita a dar una vuelta por la utopía y sus contrapartidas en
literatura. Un Mundo Feliz,
1984, Nosotros, Pedro Páramo, Cien Años de Soledad y hasta
los escritos de Julio Verne constituyen una de las piedras básicas
en la literatura universal, y sólo los necios o los ignorantes
podrían objetar algo al respecto. Emocionante, sin más. Samperio
es un maestro y lo demuestra con cada escrito suyo que nos
llega gracias a Isla Desnuda.
Muy hermoso, bueno de veras.
Dicho
esto, llegamos al otro punto fuerte de la revista: la sección de
prosa. Eloy Cebrián y Rafael Pérez son nuestros
acompañantes. Eloy aporta dos cuentos, a cada cual mejor.
La vida en pareja tras el paso de los años y las misteriosas
sorpresas que un marido gordo nos puede deparar (o una esposa
hasta los mismísimo, por qué no decirlo), son el centro del
primero. El segundo casi provoca una lágrima, porque todos hemos
pasado por la situación descrita alguna vez: ya no está, es
definitivo, pero no me lo creo. Como a
veces yo tampoco me creo que Eloy Cebrián pueda mantener
el nivel al que nos tiene acostumbrados, porque el tío lo hace, y
se supera si hace falta. Tenemos escritor para rato, lo mismo que
nos ocurre con Rafa Pérez. Dio sus primeros pasos en Isla
Desnuda, y se ha convertido en uno de los habituales de la
revista. Sus cuentos -cercanos al realismo mágico unos,
cotidianos y crudos otros- no han dejado de sorprendernos desde el
primer día. El relato que nos ocupa nos habla del amor enfermizo,
el que llega a tales extremos que nos obliga a abandonarlo, otra
forma más de desamor. Es una lástima que cojee un poco en el
estilo y en el desenlace, pero si tenemos en cuenta que el
autor le pone ganas (y se nota) y que apenas está empezando a
escribir, no tenemos más remedio –y con mucho gusto- que darle
ánimos para seguir y un voto de confianza. Con todo, para
que no haya dudas, el producto no es malo. Juzguen ustedes mismos.
Para
finalizar, Isla Desnuda nos regala con su sección “Del otro
lado”, un apartado que, en la mayoría de los casos (ver
Guillermo Samperio en la reseña de Ensayo) resulta impagable. En
este número hemos conocido a Amaro Nay, peruano residente en
Argentina y considerable promotor de la poesía sudamericana.
Autor de libros como Nubedil,
Dalterios o Todos los Océanos de tu Cuerpo (toda su obra está
inédita en España, Chus Visor que lo sepas), la poesía
que se nos ofrece es un conjunto de escenas como de foto en
blanco, negro y sepia. Habla de tiempos crudos y amargos, tiempos
para olvidar y que, por su carga de recuerdos y emotividad, no
pueden ser olvidados. Sí, Amaro Nay supone, sin duda, un buen
descubrimiento para muchos.
Parecía
increíble, pero se ha conseguido. No crean que no es costoso
criticar Isla Desnuda
de manera pormenorizada. Se podría haber hecho de mil formas,
pero yo he decidido ir paso a paso para dar una visión lo más
cercana posible al todo a partir de las porciones. Flojea por
algún sitio, pero mira, no todo va a ser perfecto. En cambio
sí hay que decir que tiene grandísimos hallazgos. Ea, que
lo malo no es tan malo, pero lo bueno es buenísimo. A comprar Isla
Desnuda nº 12, que vuela.
Y
mira que ha sido difícil esto, de verdad.
Abril 2004 |