Título: AYVELAR. POÉTICA

Director: Julián Cañizares Autores: Martín López-Vega, Niall Binns, Matías Miguel Clemente, Andrés Newman, Juan García Rodenas, Javier Codesal, Luis E. Cauqui, Elena Medel, Fernando Aguiar, Ariadna G. García, Miguel Ángel Aguilar Avilés, Mercedes Díaz Villarías, Luis Alfaro Palacios, Javier Cánaves, Mariano Guillén Oquendo, Moisés García Sánchez, Julián Cañizares Mata, Julián González Martos, Ana Julia Gónzalez "Aswad", Rafael Espejo, Miguel Úbeda, Tomás Salvador González, Alicia Gómez Molina, Vicente Luis Mora, Alvaro Tato, Alfonso Tornero, Andrés García Cerdán, Jaufré Rudel, Modesto Ballesteros, Arturo Botella, Eib Hernán, Ana Martínez Castillo, Juan Antonio Gavilán, Javier Fernández y Vidal Palazón.

Género: Revista de creación literaria (nº 15, 72 pag. / año invierno 2004)

Sinopsis: Este número alterna los textos de los autores con un extenso editorial en forma de epístolas. Ayvelar es la revista literaria superviviente más antigua del boom de los fanzines de los años 90 en Albacete, editando su primer número en abril del año 1993.

Editor: A. Ayvelar      Precio: 3 €

Distribución: Albacete (Librerías Biblos, Herso y Popular)



     Albaceteliterario.com no comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores


   Revisión de las cartas de Ayvelar a Paul Lander
  
por José Manuel Martínez Sánchez

Es la decimoquinta entrega de la revista Ayvelar de literatura. Es, por tanto, algo digno de elogio y de alegría. Es, para una revista de literatura, todo un logro y toda una satisfacción, en este caso, para su director: Julián Cañizares. Y también, por supuesto, para todos los colaboradores, algunos de ellos muy habituales.

Tras este proemio obligado y de cortesía, quiero avisar al lector –con total sinceridad y subjetividad- de lo que se puede  encontrar en las páginas de Ayvelar. La sección de ‘poesía’ es la más amplia, nos tropezamos con autores de diversas tendencias y estilos poéticos, autores más o menos consolidados (como Andrés Neuman o Mercedes Díaz), y otros que no lo están tanto pero que auguran -con su nueva voz- algo bueno, tal vez un nuevo camino. Son destacables, además, los cuentos (Juan García Ródenas o Ana Martínez Castillo), las fotografías urbanas de Luis Alfaro Palacios y las ilustraciones minimalistas que Alicia Gómez Molina nos muestra al final de la revista, desprendiendo en ellas un planteamiento estético de una gran simplicidad hermética y conceptual.

Un nuevo camino. Ése es el propósito de Julián Cañizares. A lo largo y  ancho de las páginas de Ayvelar, intercalada con los demás textos,  hallamos una poética o una declaración de intenciones en clave epistolar. El texto se titula Las cartas a Paul Lauder. Y en mi opinión, este texto merece ser revisado con lente de aumento, merece ser entendido y valorado. Que sea entendido no quiere decir que deba ser correspondido, esto es, que el lector esté necesariamente en acuerdo. Todo lo contrario. El texto plantea un problema claro, un problema que acecha desde hace tiempo a la poesía española y a la poesía en general. Al concepto de ‘poesía’, en definitiva. Y que debe ser contrastado por el lector con eficiencia y compromiso.

Para mí el poeta imita a la Poesía, y el escritor escribe poemas, señala Julián Cañizares. ¿Quiere decir con esto que el poeta escribe en nombre de la Poesía (con mayúsculas), desde un discurso concreto que la Poesía ha planteado, desde una cultura determinada o tradición? ¿Quiere decir que el poeta imita y no inventa? Julián Cañizares niega que ‘poesía’ deba escribirse con letra mayúscula. También clasifica a los poetas en tres grupos: los que imitan la Norma, los que buscan caminos propios, y el poeta que todo lo lee en independencia de lo que luego escriba. Es decir, el verdadero problema para Julián Cañizares es que sólo se editan libros del poeta que hace una poesía Normativa -para unos lectores normativos- una poesía políticamente correcta con su tradición, con lo que es desde que es, como diría Heidegger. El verdadero problema para Julián Cañizares es que la poesía no evoluciona, no cambia, no experimenta. A veces me canso, Paul Lauder, de ver los mismos amaneceres. La misma primavera, o los mismos ríos.

Haré una síntesis de las ideas que plantea el texto de Julián Cañizares o de Ayvelar, es decir, Ayvelar entendida como la voz generacional que reclama un lugar, que crea un espacio poético con afán de consolidación sentando unas bases estético-ideológicas. ¿Son esas bases una mera transgresión? ¿O son un grito feroz hacia la Institución Virtual de la Poesía? ¿Ante la dura farsa que han construido los comerciantes del verso?

Un poema es ante todo un acto creativo y un riesgo personal. […] No es poeta el que pasa a la fiesta sino el que escribe poesía propia. La poesía actual que se publica a gran escala, sostiene Julián Cañizares, no es creativa. El poeta que busca caminos propios, que se sale del contexto de legitimidad literaria, está marginado por la propia Poesía (entendida como Mercado), no se le escucha o no se le entiende. Las editoriales, por lo tanto, deberían arriesgarse a publicar a los poetas que no siguen el camino marcado por la Poesía, que puede rebajarse ésta a una cena o a un coloquio restringido: industria con invitación a la inversión (conveniencias entre unos y otros).  El poeta debe pensar, y no dejarse embaucar, debe empezar a escribirlo todo y no relegar sus textos a la impotencia de presentir que ya todo está escrito. El poeta debe de ser individual, exclama Julián Cañizares, empezar desde lo general y fragmentar sus propios contenidos. Creación homogénea y descomposición. Cubismo. Un poema es un trozo de presente que nunca se repite. Ni se repetirá. Entonces no debemos mirar atrás, no debemos renunciar a lo que fuimos, ni siquiera con ironía.

Bien, llegados a este punto, aquí comienza mi revisión del problema. Mi revisión no es personal, aunque seguramente no logre contenerme, sino que trataré de elaborar el Discurso de la poesía. Lo que la poesía, en el caso de tener voz, contestaría a esta carta a Paul Lauder. No haré hablar a la poesía en primera persona, por supuesto. No es tanta mi vanidad.

Una palabra: poesía. Un nuevo comienzo: ¿orden o caos?  Rotundamente diré: caos, el caos siempre es el comienzo, pero el comienzo del orden, del anti-caos. Un nuevo período (artístico) comienza por el rechazo hacia el anterior período. Y esto es una regla.

Julián Cañizares está rechazando la posmodernidad. Está haciendo lo que tantos otros artistas de su generación. Está haciendo lo que tantos otros hombres hicieron en el comienzo de todos los períodos artísticos de la historia. Es un síntoma más del nuevo siglo que ha comenzado pero que aún no ha cambiado con respecto al anterior. Y para Julián Cañizares el acto poético se convierte en inteligencia, es inteligencia. La emoción se ha negado definitivamente, la huella romántica nos ha dejado. Esto es difícil de entender, sobre todo si se aplica a un sentimiento que se refleja por medios lingüísticos. ¿Cómo hacer de la poesía algo mecánico? ¿Cómo entender ésta como una relación de ideas sin alma? Así la entiende Julián Cañizares. Pero ese motor generador de ideas ¿no es la poesía? ¿Qué es la poesía entonces? ¿Un reloj? ¿O la palabra en el tiempo de Machado? Yo estoy escribiendo este texto desde la idea y desde la emoción. No hay bisturí, no hay corte. Sólo hay un medio entre el escritor y el lector. Ese medio es el alejamiento pero la búsqueda al mismo tiempo. Ese medio no es otro que la lengua escrita acomodada a la belleza del decir.

El verdadero poeta, pensó el autor posmoderno de Los Cuatro Cuartetos, es aquel que mejor sabe dialogar con los textos pasados. El verdadero poeta dialoga con esos textos como si le pertenecieran. Pero -y aquí el gran valor de esta actitud- una obra del pasado se ve modificada por la obra del futuro, la literatura futura modifica la pasada en constante complicidad. Así que, ¿De qué nos sirve destruir lo mismo que vamos a crear? ¿Por qué no construimos sobre aquello? ¿Por qué no reemplazamos poco a poco el gran templo? ¿Por qué no le damos una nueva forma a lo formado? Entonces, gracias a Julia Kristeva y al dialogismo bajtiniano, nos damos cuenta que aquello siempre se ha hecho, que puede detectarse y posiblemente abarque más de lo que pensamos. Entonces leemos los versos del río de Manrique y hemos de pensar en el río de Heráclito, y en el río de Borges, que es el de Heráclito y el de Manrique, y en el río del poeta lector de Borges cuyo nuevo río será el de Borges, el de Manrique, y otra vez el de Heráclito. Por lo tanto hallamos una forma creada a partir de otras muchas. ¿Por qué negar esa magnífica sucesión? Le pregunto a Julián Cañizares. Seguramente porque ya se ha perdido, porque el poeta parece tener la obligación de dialogar con todas las obras, pero en realidad no quiere decirles nada.

Así la poesía es ahora una vacuidad. Así la poesía quiere callar ante el tumulto de copistas desorientados. Así el poeta que busca un lenguaje propio tiene miedo a perder la inocencia, pues se le exige una toma de partido. Acatar una Norma o salirse.

El poeta es el único culpable de esto. Y no puede renunciar. Debe gritar más alto, pero su única arma son las palabras. Quiere manifestarse en rebelión, pero su única arma son las palabras. El verdadero poeta no pasa de una tirada de 400 ejemplares. Y así no puede cambiar la poesía. Pero, más tarde o más temprano, definitivamente, cambiará.

Febrero 2004


   Sé el primero en opinar

Envía tu comentario sobre este libro para ser publicado AQUÍ

 


crítica literaria


Cómo funciona esta sección
Enviar un correo electrónico a la redacción

Copyright © 2004 Albaceteliterario.com. Reservados todos los derechos.
Se permite toda reproducción sin ánimo de lucro siempre que sea citada la fuente.