Revisión
de las cartas de Ayvelar a Paul Lander
por José
Manuel Martínez Sánchez
Es
la decimoquinta entrega de la revista Ayvelar
de literatura. Es, por tanto, algo digno de elogio y de alegría.
Es, para una revista de literatura, todo un logro y toda una
satisfacción, en este caso, para su director: Julián Cañizares.
Y también, por supuesto, para todos los colaboradores, algunos de
ellos muy habituales.
Tras
este proemio obligado y de cortesía, quiero avisar al lector
–con total sinceridad y subjetividad- de lo que se puede
encontrar en las páginas de Ayvelar.
La sección de ‘poesía’ es la más amplia, nos tropezamos con
autores de diversas tendencias y estilos poéticos, autores más o
menos consolidados (como Andrés Neuman o Mercedes Díaz), y otros
que no lo están tanto pero que auguran -con su nueva voz- algo
bueno, tal vez un nuevo camino. Son destacables, además, los
cuentos (Juan García Ródenas o Ana Martínez Castillo), las
fotografías urbanas de Luis Alfaro Palacios y las ilustraciones
minimalistas que Alicia Gómez Molina nos muestra al final de la
revista, desprendiendo en ellas un planteamiento estético de una
gran simplicidad hermética y conceptual.
Un
nuevo camino. Ése es el propósito de Julián Cañizares. A lo
largo y ancho de las
páginas de Ayvelar, intercalada con los demás textos,
hallamos una poética o una declaración de intenciones en
clave epistolar. El texto se titula Las cartas a Paul Lauder. Y en mi opinión, este texto merece ser
revisado con lente de aumento, merece ser entendido y valorado.
Que sea entendido no quiere decir que deba ser correspondido, esto
es, que el lector esté necesariamente en acuerdo. Todo lo
contrario. El texto plantea un problema claro, un problema que
acecha desde hace tiempo a la poesía española y a la poesía en
general. Al concepto de ‘poesía’, en definitiva. Y que debe
ser contrastado por el lector con eficiencia y compromiso.
Para mí el poeta imita a la Poesía, y el escritor escribe poemas,
señala Julián Cañizares. ¿Quiere decir con esto que el poeta
escribe en nombre de la Poesía (con mayúsculas), desde un
discurso concreto que la Poesía ha planteado, desde una cultura
determinada o tradición? ¿Quiere decir que el poeta imita y no
inventa? Julián Cañizares niega que ‘poesía’ deba
escribirse con letra mayúscula. También clasifica a los poetas
en tres grupos: los que imitan la Norma, los que buscan
caminos propios, y el poeta que
todo lo lee en independencia de lo que luego escriba. Es
decir, el verdadero problema para Julián Cañizares es que sólo
se editan libros del poeta que hace una poesía Normativa -para
unos lectores normativos- una poesía políticamente correcta con
su tradición, con lo que es desde que es, como diría Heidegger.
El verdadero problema para Julián Cañizares es que la poesía no
evoluciona, no cambia, no experimenta. A
veces me canso, Paul Lauder, de ver los mismos amaneceres. La
misma primavera, o los mismos ríos.
Haré
una síntesis de las ideas que plantea el texto de Julián Cañizares
o de Ayvelar, es decir, Ayvelar entendida como la voz generacional que reclama un lugar, que
crea un espacio poético con afán de consolidación sentando unas
bases estético-ideológicas. ¿Son esas bases una mera transgresión?
¿O son un grito feroz hacia la Institución Virtual de la Poesía?
¿Ante la dura farsa que han construido los comerciantes del
verso?
Un poema es ante todo un acto creativo y un riesgo personal. […] No es
poeta el que pasa a la fiesta sino el que escribe poesía propia. La
poesía actual que se publica a gran escala, sostiene Julián Cañizares,
no es creativa. El poeta que busca caminos propios, que se sale
del contexto de legitimidad literaria, está marginado por la
propia Poesía (entendida como Mercado), no se le escucha o no se
le entiende. Las editoriales, por lo tanto, deberían arriesgarse
a publicar a los poetas que no siguen el camino marcado por la
Poesía, que puede rebajarse ésta a una cena o a un coloquio
restringido: industria con invitación a la inversión
(conveniencias entre unos y otros).
El poeta debe pensar, y no dejarse embaucar, debe empezar a
escribirlo todo y no relegar sus textos a la impotencia de
presentir que ya todo está escrito. El poeta debe de ser
individual, exclama Julián Cañizares, empezar desde lo general y
fragmentar sus propios contenidos. Creación homogénea y
descomposición. Cubismo. Un poema es un trozo de presente que nunca se repite. Ni se repetirá. Entonces
no debemos mirar atrás, no debemos renunciar a lo que fuimos, ni
siquiera con ironía.
Bien,
llegados a este punto, aquí comienza mi revisión del problema.
Mi revisión no es personal, aunque seguramente no logre
contenerme, sino que trataré de elaborar el Discurso de la poesía.
Lo que la poesía, en el caso de tener voz, contestaría a esta
carta a Paul Lauder. No haré hablar a la poesía en primera
persona, por supuesto. No es tanta mi vanidad.
Una
palabra: poesía. Un nuevo comienzo: ¿orden o caos? Rotundamente diré: caos, el caos siempre es el comienzo,
pero el comienzo del orden, del anti-caos. Un nuevo período (artístico)
comienza por el rechazo hacia el anterior período. Y esto es una
regla.
Julián
Cañizares está rechazando la posmodernidad. Está haciendo lo
que tantos otros artistas de su generación. Está haciendo lo que
tantos otros hombres hicieron en el comienzo de todos los períodos
artísticos de la historia. Es un síntoma más del nuevo siglo
que ha comenzado pero que aún no ha cambiado con respecto al
anterior. Y para Julián Cañizares el acto poético se convierte
en inteligencia, es inteligencia. La emoción se ha negado
definitivamente, la huella romántica nos ha dejado. Esto es difícil
de entender, sobre todo si se aplica a un sentimiento que se
refleja por medios lingüísticos. ¿Cómo hacer de la poesía
algo mecánico? ¿Cómo entender ésta como una relación de ideas
sin alma? Así la entiende Julián Cañizares. Pero ese motor
generador de ideas ¿no es la poesía? ¿Qué es la poesía
entonces? ¿Un reloj? ¿O la palabra en el tiempo de Machado? Yo
estoy escribiendo este texto desde la idea y desde la emoción. No
hay bisturí, no hay corte. Sólo hay un medio entre el escritor y
el lector. Ese medio es el alejamiento pero la búsqueda al mismo
tiempo. Ese medio no es otro que la lengua escrita acomodada a la
belleza del decir.
El
verdadero poeta, pensó el autor posmoderno de Los Cuatro Cuartetos, es aquel que mejor sabe dialogar con los
textos pasados. El verdadero poeta dialoga con esos textos como si
le pertenecieran. Pero -y aquí el gran valor de esta actitud- una
obra del pasado se ve modificada por la obra del futuro, la
literatura futura modifica la pasada en constante complicidad. Así
que, ¿De qué nos sirve destruir lo mismo que vamos a crear? ¿Por
qué no construimos sobre aquello? ¿Por qué no reemplazamos poco
a poco el gran templo? ¿Por qué no le damos una nueva forma a lo
formado? Entonces, gracias a Julia Kristeva y al dialogismo
bajtiniano, nos damos cuenta que aquello siempre se ha hecho, que
puede detectarse y posiblemente abarque más de lo que pensamos.
Entonces leemos los versos del río de Manrique y hemos de pensar
en el río de Heráclito, y en el río de Borges, que es el de Heráclito
y el de Manrique, y en el río del poeta lector de Borges cuyo
nuevo río será el de Borges, el de Manrique, y otra vez el de
Heráclito. Por lo tanto hallamos una forma creada a partir de
otras muchas. ¿Por qué negar esa magnífica sucesión? Le
pregunto a Julián Cañizares. Seguramente porque ya se ha
perdido, porque el poeta parece tener la obligación de dialogar
con todas las obras, pero en realidad no quiere decirles nada.
Así
la poesía es ahora una vacuidad. Así la poesía quiere callar
ante el tumulto de copistas
desorientados. Así el poeta que busca un lenguaje propio tiene
miedo a perder la inocencia, pues se le exige una toma de partido.
Acatar una Norma o salirse.
El
poeta es el único culpable de esto. Y no puede renunciar. Debe
gritar más alto, pero su única arma son las palabras. Quiere
manifestarse en rebelión, pero su única arma son las palabras.
El verdadero poeta no pasa de una tirada de 400
ejemplares. Y así
no puede cambiar la poesía. Pero, más tarde o más temprano,
definitivamente, cambiará.
Febrero
2004 |