Duérmete,
niña
por Joaquín
R. Caulín
Sobre
el autor:
Artista
de ya dilatada trayectoria, tiempo ha que desplegó velas y zarpó
rumbo a los revoltosos siete mares que rodean a todos aquellos que
quieren ver publicadas sus obras en soporte impreso, iniciando,
por tanto, sus atrevidas singladuras tebeonautas.
Desde
aquellas ingenuas e ilusionantes revistillas -editadas en
fotocopias en la mayoría de los casos por aficionados- y paso a
paso a través de sus magníficas tiras de prensa "Los
Saurios", personalísimas y autobiográficas, reproducidas en
el semanario "Crónica" de este desmemoriado lugar de La Mancha,
pasando por óperas primas -léase "El Hijo de Kim"- y
las disparidades de "El Baile del Vampiro" y one
shots tales como "Inés" y "L´Vamp",
entre las que se intercalaron obligatoriedades pecuniarias en el
polutivo y cuartelero "Kiss Comics" y trabajos en folletitos de gran
utilidad pública encargados por instituciones locales.
Pues
eso, que tras larga travesía y tribulaciones mil, con alguna que
otra intentona de abandonar esta insegura nave llamada "Vida
del Autor de Cómics", arriba Sergio a un buen puerto allende
nuestras fronteras para atracar, fijando el ancla, en el Noveno
Arte.
Intro:
¿Alguien
se extraña todavía de que nuestros mejores creadores de cómics
publiquen antes en otros países que en la piel de toro que
pisamos?
La
primera vez que vi el trabajo de Sergio publicado fue en una edición
en holandés de la cual no entendí nada de lo que aparecía en
los diálogos y en los textos de apoyo, y él no sabía si su
trabajo iba a publicarse algún lejano día en España, es más,
tenía serias dudas sobre su posible edición en castellano.
Mi
alegría fue mayúscula cuando supe que el autor vendría a
Albacete a firmar su trabajo, esta vez en su lengua materna, en
una librería especializada de Albacete. Aumentó, si cabe,
mi interés sobre la obra al leer en la página dos del álbum
la famosa canción popular de un coco que podía venir a meterme
en algún oscuro saco y que alguna vez oí de niño, y que
asustaba más que tranquilizaba justo cuando más lo necesitaba.
Sobre
el guión:
Metamos
en la batidora -antes se decía en la cocktelera- unos cuantos
sucesos paranormales marca Expediente-X con los investigadores de
rigor, en este caso aficionadillos a dichos sucesos; se añaden
potenciadores de sabor tipo ritual satánico, casa encantada,
fantasma errante y algunos -los suficientes- toques y pinceladas gore;
agítese o bátase y obtendrá, querido lector, "Duérmete Niña".
Tal
vez influenciado -o no- por obras del Séptimo Arte como "El
Otro" y/o "Los Otros", "El pueblo de los
malditos" y nosecuantas películas más del género, Sergio
consigue atraernos, para sumergirnos posteriormente en su
historia,
a base de buen oficio narrativo cuyo punto culminante
llega cuando el protagonista investigador se ve arrastrado por los
acontecimientos, y descubre que su única vía de escape pasa por
eliminar a la niña; pero, como dijo Ibáñez Serrador: ¿Quién
puede matar a un niño?
Coincido
plenamente con Vicente García, co-editor de la obra, a la vez que
crítico en la revista especializada en materia comiqueril
"Dolmen", en algo que el lector percibirá con la
lectura final del epílogo: pareciera que a Sergio se le han
quedado pequeñas las 48 páginas del álbum, que le ha faltado
papel, no mucho, para concluir su trabajo con un sobresaliente.
Sobre
el dibujo:
Pues
si llevásemos sombrero tendríamos que descubrirnos ante Sergio.
Control total de la situación, tanto en la definición y
caracterización de los personajes mediante el traslado a la viñeta
de personas del propio entorno del autor, como en el tratamiento
de los fondos, los encuadres, la paginación y el magistral uso
del color. A la vez, Sergio es extremadamente meticuloso pues
nunca deja al azar la presentación de algunos objetos cotidianos
o de uso común tales como cintas de casette, latas de cerveza,
algún martillo y... ¿el Renault-9 de Emilio?
La
estrella de Sergio brilla con luz especial cuando acomete el
trabajo del coloreado, destacando cambios de luz y tonalidades
ambientales según la acción nos lleve a un exterior, a un oscuro
sótano, dentro o fuera de una casa en ruinas o al reproducir gráficamente
un tenebroso flash-back. Y la niña, ooooooooooooh con la
niñita. Creo que habrá un alto porcentaje de lectores que tendrán
apariciones de su malévolo rostro en sus mejores pesadillas.
Vuelvo
a recordar aquel ejemplar de "Duérmete Niña" en holandés
y pienso en la poco tranquilizadora cancioncilla y me acuerdo de
que el coco para miles de niños holandeses durante algunas
centurias tenía nombre español y pienso que tras la lectura de
este cómic podríamos, con el debido respeto a la cultura
popular, cambiar un poco la letra y después de disfrutar con la
lectura y la realización gráfica de Sergio Bleda, cantar algo así
como "Duérmete coco, duérmete ya, que viene la niña y te
llevará".
Febrero
2004 |