El
diccionario de autores de Castilla- La Mancha
por Miguel
Ángel Aguilar Avilés
Nos
encontramos ante una obra pionera e imprescindible –desde el
momento de su edición, y a día de hoy- para todo aquel que pueda
interesarse, sin prejuicios y desde la curiosidad (no en su acepción
de “cosa anecdótica” sino curiosidad
referida al ánimo de ampliar conocimientos), por los escritores e
iniciativas literarias que se producen y se han producido, hasta
donde la historia documentada lo acredita, en la región de
Castilla-La Mancha.
Este
“Diccionario literario de Castilla-La Mancha” se presenta en
dos generosos tomos –generosos tanto en el volumen como en los
contenidos que albergan- que censan alfabéticamente autores,
revistas y grupos literarios, detallando en cada una de las
entradas cuanta información y referencias le han sido posibles
recabar al antólogo, llegando incluso a reproducir textos de carácter
literario o referencial en buena parte de las entradas, ya sean a
propósito de autores (poemas o fragmentos de prosa) o de
publicaciones y grupos (textos documentales alusivos), de lo que
resulta una obra extremadamente completa y cargada de ayuda,
bibliográfica y de todo tipo, para el lector interesado.
La
publicación es presentada como un encargo del Gobierno regional
de Castilla- La Mancha, lo que ya supone, en cualquier caso, si no
una iniciativa digna de reconocimiento (pues habrá quien piense
que es una obligación, y no una deferencia, el correcto uso del
poder de gobierno) sí una actuación de política cultural
impregnada de democracia y de neutral testimonio de la historia,
tanto en la idea como, y esto es lo más importante, en el
resultado que hoy encontramos en nuestras manos, bajo la ejecución
del autor Francisco Gómez-Porro.
El
primero de los prólogos está firmado por José Bono (presidente
de la Junta de Comunidades de Castilla- La Mancha) y actúa como
amable presentación de la obra,
a la que sitúa como colofón de una trilogía editada por
el gobierno regional
e iniciada por las antologías de poesía (Mar interior, Poetas de Castilla- La Mancha de Miguel Casado) y de
prosa (A cielo abierto,
Narradores de Castilla- La Mancha, también de Francisco Gómez-Porro)
referidas a autores castellano-manchegos contemporáneos, si bien
la obra que nos ocupa se diferencia claramente de sus
“hermanas” antologías por el rigor, la profundidad de la
investigación y la transparencia de criterio en su ejecución:
para bien.
Al
afrontar este diccionario, Gómez-Porro se niega premeditadamente
en su prólogo (segundo del libro y necesario) a hablar de literatura
castellano-manchega o de criterios de calidad –siempre
subjetivos-, pero sí nos habla de su intención de realizar un censo
basado (en el predominantemente caso de los autores) en la
publicación de al menos un libro por parte de cada autor. Así de
simple y de radicalmente justo, o abierto si se quiere, en su propósito.
Es algo que le honra y que le convierte en pionero en acometer una
empresa de estas dimensiones en nuestra región, en donde las
antologías siempre se han visto sujetas al círculo de amigos o
al gusto y conocimiento personal, en ocasiones camuflado de “cátedra
de calidad”, del antólogo. A propósito del espíritu con el
que el autor ha afrontado tan amplio diccionario, lo mejor del
libro, en tanto que antología, es sin duda la cita firmada por
Miguel de Cervantes que lo precede (y que no reproduzco por su
extensión, pero animo a que sea ojeada en cuanto se tenga la
oportunidad de hacerlo) y que debiera presidir la empresa de todo
aquel antólogo que aspire a una cierta objetividad y que, a su
vez,
sea consciente de sus humanas limitaciones y pretensiones.
A
la hora de señalar aspectos mejorables o deficientes, en una obra
cuyas virtudes pesan más y brillan con luz propia, al margen de
erratas inevitables o errores/errata como la inclusión de un
mismo autor en dos entradas con diferentes y complementarias
informaciones ( p.e. Aguilar, Ángel vs Aguilar Bañón,
Ángel), creo imprescindible aludir a significativas
omisiones en el censo de autores (p.e. en el caso de Albacete, y
citando tan sólo a cuatro bastante conocidos: Valeriano
Belmonte, Rosa Villada,
Juan Antonio Cebrián y Antonio
M. Magán), si bien esta falta
resulta inherente a un proyecto como el que nos ocupa, como bien
reconoce, y avisa, el propio antólogo/recopilador al comienzo de
la obra. Sí me parece de mayor gravedad el error que se da en
casos puntuales a la hora de reseñar a algunos autores vivos
(p.e. indicar que autores albacetenses como
Javier Sánchez o Ana Julia González han escrito o colaborado en
la revista Pandemonium, cosa no sucedida ni sujeta a confusión,
o p.e. el uso incorrecto de
la palabra plaquette para
referirse a algún libro), pues se trata de errores
lastrados,
provenientes de interpretar la posible ambigüedad o equívoco de
antologías anteriores (p.e referida a los anteriores ejemplos: “La generación Fanzine” de Arturo Tendero) y, ante la opción
de interpretar, más aún en el caso de autores vivos y residentes
en la región, sí hubiera sido deseable la alternativa de
contrastar la información dudosa, sea con el anterior antólogo
en cuestión o con los propios autores. De otra parte también
echo de menos, en ocasiones, la labor de investigación que está
presente a lo largo y ancho de los dos volúmenes: cuando me
atrevo a consultar algunos autores cuya única referencia es haber sido incluidos en
antologías anteriores (p.e. la mayoría de los autores incluidos
en la antología
“Narrativa Albacetense del siglo XX” de Juan Bravo Castillo, año
1985) y de los que se desconoce ni publicación de ningún
libro ni actividad literaria alguna más allá de la
“supuesta” por su inclusión en tales antologías. Creo que no
resulta suficientemente justificado el censo de estos autores
apelando a que hayan sido inscritos anteriormente en un antología,
especialmente si esta antología tiene ya una cierta antigüedad y
no existe constancia de actividad literaria, ni pasada ni
presente, más allá de dicha antología primera,
sujeta a criterios que pueden no ser garantes de nada respecto
a los que se manejan en este diccionario, pues ello ampliaría el
criterio de inclusión a círculos que no se ven inscritos, en la
presente edición, en esta obra. Creo que el hecho de que un autor
haya sido meramente antologado (y no exista más información
sobre él que esa puntual) no garantiza –ni supone- el criterio
mínimo que se ha seguido para con el resto de los autores reseñados
en esta obra. Resulta un agravio comparativo que hace tambalearse,
cuando uno se lo encuentra, los cimientos de selección, a priori
bien estructurados y coherentes, que configuran el diccionario.
Salvando
estas objeciones, algunas inevitables y otras me temo que
achacables a la intención del autor de incluir los máximos
contenidos posibles en el plazo de entrega de la obra, este
“Diccionario literario de Castilla-La Mancha” se erige por méritos
propios como referencia obligada –y primera, me atrevo a señalar,
por lo extenso- para cualquier acercamiento con unas mínimas
garantías al abanico de autores que conforman, desde el pasado
hasta la actualidad,
la literatura de Castilla- La Mancha. Que no es decir poco.
La
edición de los dos tomos que componen el diccionario resulta
acertada y útil. Tanto la maquetación de textos como el empleo
de tipos y colores de letras, etc, cumplen con su función de
facilitar la búsqueda alfabética y la lectura y, al margen de
consideraciones estéticas más precisas, al criterio de cada
lector, resulta plausible tanto el tamaño y tipo de papel
empleado, rústico y grueso, como, especialmente, la encuadernación
y las cubiertas que albergan cada uno de los tomos: Flexibles y sufridas;
más aún cuando la edición de una obra como esta, tanto por el
volumen como por la “enjundia” de los contenidos, podría
haber tentado a sus promotores a editar los tomos rígidamente y
encuadernados en piel, con gran solera pero nula y ardua
manejabilidad. Un punto francamente a favor en cuanto a edición y
lectura.
Expuesto
todo lo cual, y apelando al espíritu del
magnífico prólogo de Gómez-Porro (en el que auto define
esta obra como “sólo un
punto de partida, una primera exploración que nos sitúa ante la
perspectiva de un horizonte más plural”) animo desde aquí
a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha a que,
sucesivamente en el futuro, no deje de reeditar, revisar y ampliar
esta obra, una de las más interesantes que pueden habitar en su
catálogo de publicaciones y, sin duda, la más plural. Todo un
hito de compendio e investigación histórico-literaria que se
echaba en falta. Sí señor.
Febrero
2004 |