Oculto
dios
por diario La
Verdad
de Albacete
Habituado
a las colaboraciones en la prensa y en revistas literarias, como El
problema de Yorick, de la que es fundador junto a Eloy M.
Cebrián, no sabía Antonio García Muñoz que su primer libro
publicado sería un poemario, La aniquilación, que estos días
se pone a la venta en los circuitos comerciales de la ciudad.
No
en vano, el autor de La aniquilación no estaba muy
convencido en cuanto al género. Lo que sí tenía más claro era
el punto de vista: «Un diario íntimo, así que el formato es lo
de menos. Digamos que son anotaciones diarias en forma de poema»,
indicó.
La
aniquilación resulta, desde su
propio título, un libro visceral, impúdico, e incluso cruel. Los
poemas fueron compuestos en el verano de 1999, como respuesta a
una crisis de ansiedad que postró a García Muñoz durante meses.
Una época particularmente dura en que la única salvación estaba
en la escritura y que se refleja en el pesimismo del libro,
repleto de poemas escritos en un tono coloquial, a veces
sentencioso, que tratan de dar cuenta de esa crisis depresiva.
«Para
quien lo haya padecido, le resultará familiar ese estado de ánimo
del que se habla en el prólogo o en algunos poemas que renuncian
a veces al destinatario lector», aclara el autor del poemario,
quien agrega que, en momentos como ese, «no alberga uno nociones
de futuro, ni de lectores, incluso el propio autor queda
completamente anulado, despersonalizado, aniquilado…»
Y
no obstante, hay en el libro márgenes de optimismo, amarres a una
realidad exterior que no dejan de ser irónicos o incluso humorísticos.
Una amplia sección del poemario, titulada Una pausa lejos de
la mente, refiere la devoción de su autor por el cantante
norteamericano Bob Dylan, al que también homenajea en Things
have changed, título de una de sus canciones emblemáticas
que ganó un Oscar.
Tampoco
faltan referencias críticas a otros autores, o visiones nada idílicas
del paisaje urbano, como la de un parque habitado de palomas
agresivas. «Time out of mind es uno de mis discos
favoritos, uno de los discos más tristes que se han compuesto
nunca. Lo escuchaba todas las noches mientras iba escribiendo los
poemas, glosaba sus versos e intercambiaba su voz con la mía; era
el fondo ambiental perfecto para mi estado de ánimo»
Y
no deja de sorprender, en medio de la gravedad, un tono
decididamente coloquial, por momentos abrupto, que no evita lo
explícito: algunos poemas rayan lo pornográfico, un registro no
usual en las composiciones líricas. En este sentido, García Muñoz
manifestó que «la poesía tiene muy buena prensa, es entre todos
los géneros el más respetado. A mí me gustaría dinamitarla
desde dentro, valiéndome de sus propias armas». No resulta por
tanto extraño que el autor de La Aniquilación siempre
haya creído que la poesía puede servir para expresar «algo más
que perplejidad ante el mundo o buenos sentimientos. La poesía
debería resultar impactante, agresiva, conmover al lector de un
modo casi literal y físico». Y no habla al respecto de la poesía
de combate o de poesía comprometida, sino «de un tipo de poesía
visceral, que transparente al autor, que diga cosas sobre él y no
se limite a impresionar por su belleza».
¿Cabe
hablar de purga, de regeneración, ahora que esas fobias y
obsesiones están a disposición del lector? ¿Cómo se contempla
un libro escrito hace tres años desde el momento actual? «Resulta
curioso –contesta García Muñoz–, pero ahora he vuelto a
escribir poemas, después de mucho tiempo, y el tono permanece
igual, así que imagino que el pesimismo es innato y la depresión
no hace sino agudizarlo».
Abril
2002 |