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La tribu de los trapaceros.
Entrevista con Pascual Serrano
Por
Moisés García Sánchez
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los periodistas funcionamos con
un patrón muy heredado de las grandes agencias, así que cuando
clonamos esas informaciones que nos llegan, estamos extrapolando
esas pautas mentales a nuestros contenidos sin darnos cuenta
»
Érase una tribu de enanos
que pueden ver más lejos que los que llegaron antes que ellos porque
se suben sobre sus hombros. Y así sucesivamente: es la alegoría del
Saber en su estampa decimonónica. Pero la metáfora tiene su cara B:
podemos tergiversar las cosas más y mejor que nuestros ancestros
porque nos encaramamos sobre su descomunal túmulo de ignorancias,
vaguedades, malicias y perezas. De hecho, la pereza y el ‘ir, por si
acaso’ más lejos de lo que se pide en la línea editorial, son los
responsables de gran parte de lo manipulado en la prensa. Pascual
Serrano, oriundo de la localidad albaceteña de Fuentealbilla y allí
residente cuando se encuentra en España, es de esos periodistas que
piensan que la profesión debe dedicarse tanto a descubrir esas
inercias del pensamiento, que secuestran el sentido común, como a la
información pura. Acaba de editar dos trabajos que pueden dar
pistas: "Perlas 2: Patrañas, disparates y trapacerías en los medios
de comunicación" y "Medios violentos. Palabras e imágenes para la
guerra". Este último, de momento, sólo editado en Venezuela.
Son
dos libros obviamente distintos, que hablan de cosas distintas, pero
con un fondo común, porque hablan de la mala práctica profesional,
de la trampa en la que muchas veces incurrimos todos los
periodistas. En un caso en relación a la violencia, sobre la que los
medios de comunicación debiéramos ser los primeros en utilizar otro
lenguaje o en evaluar mejor lo que comunicamos, para evitar fomentar
el odio. Por otro lado, las trampas de la dialéctica que nos llevan
a la demagogia.
R: Bueno, en principio eso de que 'todos', creo que no,
precisamente. Existen medios, empresas, coyunturas, países o
estrategias mediáticas que tienen determinados objetivos, y otros
que no los tienen. Así como las 'perlas' afectan prácticamente a
todos, esa política informativa en la que muchas veces se fomenta el
odio étnico, el odio cultural, la guerra, la confrontación, o se
legitima la fuerza como solución del conflicto, es muchas veces
política mediática establecida desde altas instancias. Es decir,
existen directrices de determinados países, gobiernos, empresas o
situaciones en las que interesa fomentar un conflicto. Sobre todo me
interesó el asunto porque el discurso con el que continuamente nos
llenamos los medios la boca constantemente es el de fomentar la paz,
el de condenar la violencia y criticar la guerra. De ahí que resulte
mucho más sugerente e irreverente poder demostrar como en
determinados conflictos y situaciones internacionales eso no es así.
¿Y cuáles podrían ser los ejemplos más
flagrantes y que tengamos más cercanos en la actualidad?
R: Yo creo que el más elocuente, el que ha llegado más lejos en lo
que estoy diciendo, sería el caso de la guerra de los Grandes Lagos.
En el conflicto entre Utus y Tutsies, en Ruanda y Burundi, el propio
tribunal internacional que valoró los crímenes contra la Humanidad
que se cometieron en esa guerra condenó a los propietarios de
algunas radios de la región por genocidio y delitos de lesa
humanidad, al fomentar la violencia en ese enfrentamiento. Los
medios locales también fomentaron el enfrentamiento en la guerra de
Yugoslavia entre croatas y serbios, entre serbios y kosovares y
entre bosnios y serbios. Ahí hubo una importante participación de
los medios locales para generar un patrón mental de odio étnico
entre los diferentes grupos que integraban la Federación Yugoslava.
Otro ejemplo podrían ser los medios en Venezuela, que dirigieron un
golpe de estado en abril de 2002 en el que había claramente un
discurso racista y xenófobo contra los sectores empobrecidos, los
sectores negros y autóctonos, por parte de grupos económicos de
elite que relacionaban a toda esa pobreza con un gobierno al que
había que derrocar. Al poco de la enfermedad del presidente cubano,
desde Miami ya se estaba promoviendo una invasión a Cuba, lo que no
deja de ser un acto de promoción de la guerra. Como ves, en la
política internacional son frecuentes. En nuestro entorno más
cercano no se trata de fomentar una guerra en nuestro país, pero sí
de crear la psicosis del terrorismo como mecanismo para justificar
el apoyo a invasiones o intervenciones militares. También del miedo
al extraño o al extranjero: hay incluso algún ejemplo de comunicado
de la policía en los que se está hablando del Islam o de la
inmigración y se está valorando de un modo subjetivamente malo, sin
imparcialidad.
Cuando le comentaba que 'todos' en alguna
ocasión hemos incurrido en este tipo de fomento de la violencia, no
quería decir tanto directamente, sino que a veces, bien por falta de
tiempo o por pereza, no cuestionamos las informaciones que nos
llegan, por ejemplo, de una agencia. De esta manera también hacemos
lo mismo sin darnos cuenta, por omisión, lo que es incluso más
desesperante. El indiferente o el que no medita es, muchas veces,
gran parte de la culpa.
R: Sí, efectivamente. Yo creo que los periodistas funcionamos con un
patrón muy heredado de las grandes agencias, de manera que cuando
reproducimos o clonamos esas informaciones que nos llegan, estamos
extrapolando esos juicios de valor o esas pautas mentales a nuestros
contenidos sin darnos cuenta . Estaba pensando ahora un ejemplo que
es la lectura que se hace de las misiones humanitarias o los
ejércitos humanitarios. Habitualmente no nos replanteamos que un
ejército vaya a un sitio con sus misiles, con sus bombas y sus
soldados pertrechados con fusiles. Si las grandes agencias o el
gobierno de turno dicen que es humanitario, nosotros no lo
cuestionamos, cuando uno entiende que una acción humanitaria sería
llevar médicos y no soldados. Se está abusando, igual que se abusa
al hablar de Ministerio de Defensa, como si todos lo ejércitos
fueran para defenderse y ninguno para atacar. Efectivamente vamos
heredando la interpretación que las agencias hacen del mundo y de
los conflictos, y que siempre tiene una intencionalidad.
Un asunto este que está de triste
actualidad con la participación de las tropas españolas en
Afganistán que ya ha dejado varios muertos en el camino. Aunque el
debate sobre si es misión de paz o no pueda ser vacuo, que lo es, el
caso es que nuestros soldados están allí con sus fusiles, y cuando
uno lleva un fusil, evidentemente hay un poder y una posibilidad de
ejercer la violencia.
R: Claro, pero incluso cuando hacen un atentado contra nuestros
soldados decimos que es un atentado terrorista. Habrá bandos buenos
y habrá bandos malos, yo no voy a entrar en eso y en cualquier caso
creo que el periodismo no debe entrar, al menos en la exposición de
los acontecimientos. Pero si nuestros soldados están allí armados y
hay una resistencia armada que quiere que se vayan y mata a soldados
españoles, es muy manido decir: nosotros somos buenos y los demás,
terroristas. No es así. Hay un grupo que, de un modo aceptado o
ilegítimo quiere que se vayan los soldados extranjeros, y otros
soldados extranjeros que de una manera legítima o ilegítima están en
ese país. Y a partir de ahí, es lo que tiene la guerra, que
cualquiera de los dos mandos tiene bajas y muertes. Pero no se puede
decir a la ciudadanía que están soldados españoles buenos contra
terroristas en todos los escenarios. Es terrorista, evidentemente,
el que ponga una bomba en un colegio, el que actuó contra las Torres
Gemelas, el que pone una bomba en un tren. De un grupo armado que
actúe contra un ejército podemos pensar que no tiene la razón, pero
no es terrorista.
Y en cuanto a "Perlas II", que sea la
segunda parte, la continuación del primer libro, que se llamaba
simplemente "Perlas", nos revela también que hay abundancia de
material para ir plasmando sobre las trampas dialécticas de los
medios de comunicación o de los políticos, que también son
comunicadores, al fin y cabo...
R: Sería injusto decir que las 'perlas' son todas culpa de los
periodistas. La gran mayoría te las ofrecen los políticos, los
analistas o los intelectuales que opinan. Están mezclados lo los
disparates que pueden decir algunos de ellos y las trapacerías del
propio medio de comunicación, es decir, cuando se trata de
manipular, embaucar o dirigir el pensamiento bajo un formato no
siempre muy lícito, bajo el formato de la información, o preguntando
y consultando siempre a los que piensan previamente como ellos. Esto
de las 'perlas' es una cosa muy tradicional del periodismo, pero
normalmente suelen estar basadas en errores gramaticales o errores
de los políticos. Las mías son más ideológicas. Se intentan
confirmar y demostrar unas intenciones políticas e ideológicas
ilícitas. Ilícitas en la medida que tergiversan los hechos, porque
mienten o informan de un modo manipulador….
Puede parecer frívolo, pero mientras charlo con Pascual Serrano no
puedo dejar de pensar en un comunicado de prensa que ha llegado a la
redacción esta mañana. Es del Sindicato de Enfermeros, que exige la
retirada de una campaña publicitaria porque ‘desvirtúa la imagen de
la profesión’. ¿Nos dejarán por lo menos tranquilas las fantasías
eróticas?. En este caso hablamos de sexo –o amor, o humor-. Así es
que imagínense en tiempo de guerra.
Octubre
2007
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