MOISÉS GARCÍA SÁNCHEZ                         moisesgarcia@mixmail.com 

Moisés García 2001 - © Luis Alfaro

Nacido el 1 de marzo de 1980,  en Albacete

 

“Dios aprieta pero no ahoga”
 Refrán

 

“La flor de la noche 
es pa el que la merece” 
Kiko Veneno

Soy de Albacete, pero Bogarra, el pueblo de mis padres, tiene mucho que ver en como estoy educado. Supongo que como todos los pueblos de todo el mundo, pero esa es otra historia.  De pequeño mis juguetes favoritos eran los coches de chapa, los Playmobil, los indios y vaqueros de plástico, el Tente y una ganadería que tenía de toros en miniatura. Luego jugué mucho en la calle y me pusieron unas gafas muy grandes. Estudié en el Instituto Nº 5 (ahora Diego de Siloé),  donde conocí a la mayor parte de mis amigos y donde empecé a escribir para que la gente lo leyera, porque Javi Avilés me ofreció la posibilidad de hacer Pandemónium, esa grandísima revista que rebasa lo instituteril. Mis gafas se fueron haciendo más chic y más coloridas. El teatro  fue durante algún tiempo mi vocación, supongo que como mucha gente de letras, pero esa es otra historia. Durante algún tiempo pinté, me dio por el arte y medio aprendí a tocar la guitarra, sólo por el flamenco. Ahora se me están olvidando esas cosas.

Estudio Periodismo en Madrid porque me di cuenta a tiempo del gran disparate que era estudiar Arte Dramático. No se qué es eso de la “vida de estudiante”. Después de despotricar mucho contra el Periodismo me he dado cuenta de que soy periodista y poco puedo hacer al respecto,  probablemente gracias a haber probado las mieles (y sólo las mieles) del reporterismo, durante unas prácticas de verano un poco caóticas en una conocida televisión regional. El paso anual por las fiestas de mi pueblo es un rito ineludible para saber que empieza un nuevo año (en agosto). Mis gafas ahora son de lo más normal.

  Datos artísticos y literarios

Poesía

  • PUBLICACIONES

Empecé publicando en Pandemónium. Poca cosa en Isla Desnuda. Aventis me publicó el libro de poemas “El espacio que era nuestro”. Colaboro habitualmente en Ayvelar y en la paralizada temporalmente Mirabantur. Aparezco de refilón en la antología “La Generación Fanzine”.

 

  • POÉTICA

Te quiero más ahora que nunca

porque sé que te puedes largar repentinamente

y estás siempre a punto de hacerlo,

porque cada vez me doy más cuenta

de que todo este tiempo pasado contigo

lo he gastado

sin medida para gastarlo

todo de una vez y que te vayas,

y que me dejes en paz,

a mi lo que en realidad me pone

es la charla y la pereza,

y todo lo demás es obsceno,

qué pretendes.

Y me muero ya por pregonar por los bares

las cosas que te he hecho y reventarte los secretos.

Y es que este grueso saco de versos, encanto,

me ayudará a retirarme un buen tiempo

bajo las palmeras,

y a beber ron y agua de coco

como un loco.

Y ahora ya me estas besando otra vez sin ganas,

qué haces,

ya habíamos hablado de esto.

Sin saliva.

Y ahora quizá te quedes ahí, pesada,

mirando permanentemente.

A la espera del poema que me deje

sin ganas de apenas hacer nada.

 

  Datos de interés
Realiza desde hace años el programa de radio flamenco "Los Días Señalaitos", junto a Miguel Ángel Aguilar, y cuya web puede visitarse en www.losdiassenalaitos.tk
Actualmente trabaja como periodista en Onda Cero Radio de Albacete.

 

  • ME GUSTA

El flamenco
El verano
El Gin Tonic

El románico

  • NO ME GUSTA

Las noticias de interés humano
Los actores
El hyppismo
Pull & Bear

  • MIS ENLACES FAVORITOS

www.flamenco-world.com

www.hotmail.com

www.lacasaencendida.com


.
  Textos del autor  on-line

 

Bla Bla Bla

 

Habla, habla, habla, di

como si  te fuera la vida en ello,

di cosas,

pero no pares, un dos tres

responda otra vez,

el primero que calle es una vieja en bikini,

que algo quedará

después de desvivirse acumulando,

por lo menos un túmulo que se vea

a kilómetros a la redonda,

es como en esos pueblos donde hay letreros

a cierta altura de las tapias que rezan

aquí llego el agua en 1812,

es como en esos sueños

en los no se puede

dejar de correr, porque

se pierde, porque

se muere o se revienta,

si no puedes hacer frases lapidarias,

haz muchas

que dilapiden,

¿vienes a dar un paseo por la palabrería?

tal como se pasea, así de simple

porque verbo quiere sustantivo, sustantivo

busca adjetivo de mediana edad

simpático, discreto y fiel,

la lengua desatada pensará por ti,

y es sólo tirar del hilo,

recoger el sedal,

y  traer a la superficie al primer salmón de la temporada,

o un neumático cubierto de algas,

pero bueno

no está mal si tenemos en cuenta

que los últimos estudios críticos comparados

afirman

que el 80% de los que quieren decir mucho

acaban creyendo que dijeron

todo lo que querían,

y en otras ocasiones tristemente célebres,

absolutamente  todo.

 

Sólo los que hablen de más

se salvarán.

 

 

La función referencial del lenguaje

 

El robot consta de un sólo brazo articulado

y quirúrgico, cromado en gris.

Se alza sobre ese sistema de ruedas uncidas

por unos bucles de cadenas planas,

que se denominan no sin cierta gracia orugas,

y que también llevan los tanques militares y algunos tractores.

El brazo desde lo lejos no tiene la más mínima emoción

y se divisa torpón y desaliñado

tanteando en el aire, aciegas, tanteando,

espantando moscas en el espacio

que le delimita el precinto policial y que

lo mismo sirve para disuadir a curiosos del escenario del crimen,

que para señalar el recorrido de una media maratón.

En algún momento parece que el robot se niega, que se confunde,

que se le atasca alguna duda electrónica,

y vacila un momento con un temblor hierático.

Pero después de todo,

se acerca con inexorable matemática

al cuerpo del hombre que yace en el suelo

con un tiro certero de poli en la pierna.

El hombre no tiene espadas de láser ni bolas de energía

ni destornilladores de estrella para luchar

contra tan fantástico caballero y sólo intenta

encontrar un horizonte de asfalto

a donde arrastrar su extremidad herida,

escaparse

del apéndice de metal que le abarca entero

y le achucha, le palpa, le señala y le dice tú tú tú cabrón,

como los niños que hurgan con un palito en el cuerpo de un gato muerto.

El monobrazo, monopuntero, monodedo,

monopalito,

voltea varias veces al hombre-saco de patatas,

y le desarregla los faldones de la camisa, la corbata,

la camiseta interior y la bragueta,

hasta encontrar el artefacto adosado a su cintura.

Con un giro y un estilo muy parecido

al de los baloncestistas cuando lanzan tiros libres,

arroja el cinturón explosivo cien metros más allá,

prodigiosamente bombeado, despacioso, justo y de treeeeessss...

din don!:

junto dentro de un contenedor de escombros que vuela por los aires.

El cuerpo de artificieros se mira incrédulo.

Little Cop no estaba programado para eso,

pero quería lucirse.

 

Índice   

 

De "El espacio que era nuestro", 2000

 

Hoy tengo un día de los buenos buenos,

día de los de toma pan y moja

y voy a defenderlo a cucharazos

de los malos, 

de toda chabacanería

que me aceche con envidia el día,

levantar una jornada es más difícil

que a un niño que se parta los morros en la acera.

 

Aquí la tengo y lo exhibo sobre mi cabeza

el cinturón de campeón mundial de los superpesados.

 

Es por eso que trabajo y me desvelo,

hoy me brilla un colmillo

cuando sonrío a las mujeres

hoy no voy sino a tirar de la ironía y los mamporros

la pirueta, el lance apretado

y la finta a tanto mameluco que me venga

 

como Burt Lancaster, como Simbad el Marino.

 

 

 

A mi padre.

 

Nos queremos mucho en mi familia.

Nos queremos a lo largo de una sardina cruda,

durante la preparación de un guiso los domingos

en la cocina cacareada y repleta de hijos

por todos lados, parece mentira

que sólo seamos tres:

-Mi padre que acecha tras la puerta-.

Nos queremos con daditos de amor

                                   o de jamón,

robándonos el pan en la sobremesa

nos queremos conspirando en el baño

un ataque secreto

a la nueva cesta de navidad,

abandonada a su suerte en el pasillo,

nuestro amor es amor

de ciclo intestinal completo.

Mi padre busca en otoño

amor por los pinares,

amores singulares escondidos bajo la hojarasca,

y por cada hallazgo del sombrero anaranjado

canta y baila y se le emborrachan los ojos.

Luego trae enormes cestas de amor

que mi madre cocina o mete en conserva,

pero nunca

del modo prescrito para tan soberbio manjar.

También mi padre cultiva amor

en su huerta fabulosa, y se enfada mucho

si le pisas el amor guarecido entre las hojas

de una col que nace.

Por eso a mi padre se le antoja siempre

mucho amor en el frigorífico, demasiado

para consumirlo en perfecto estado, y a mi madre muy poco,

pero en el fondo se quieren

-entre otras muchas cosas-

porque ambos saben que el amor

es un vínculo de aceite

que ha enhebrado tres bocas milagrosamente.

 

Índice   

 

& Coming soon... La paciencia

 

La paciencia.

 

Ngai, el dios de la tormenta masai,

está preparando algo en su puchero.

Hace extraños pases con las manos, salpimenta,

gesticula con los ojos muy abiertos y dice tatuca tunga,

que significa abracadabra en castellano.

Escupe justo en el centro

del cráter del Kilimanjaro.

El búfalo entretanto ha ido observando

con ojos tristes de animal pacífico

como las primeras gotas breves quedaban prendidas

sobre la telaraña posada en una brizna de hierba sagrada,

ha mirado extrañado al cielo,

y una gota le ha acertado justo en el ojo abierto como otro cielo.

Las garzas blancas que venían sobre su lomo,

tres garzas amigas,

se han marchado ahora al abrigo de las acacias

y el búfalo se va quedando sólo,

aunque a lo lejos

están algunos de la manada  comentando el partido del domingo.

En medio de la planicie agostada

por la estación seca, los grandes bóvidos

pueden oler la humedad a cientos de kilómetros...

El búfalo llevaba unos días amodorrado, irascible y molesto

sabiendo que algo tenía que pasar

sabiendo que ya llegaba el momento de algo,

pero no era normal ese raro olor del aire

como a bulba de búfala italiana. Había muchos mosquitos.

Ahora el búfalo se queda muy quieto en medio de África

como hacen los escarabajos cuando el mismo

les resopla en la coraza para darles un susto.

Encoge el cuello y se deja mojar despacio,

lamido por la vaca más grande de la tierra.

 

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