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JULIÁN CAÑIZARES
MATA
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Profesor
de Historia. Actualmente doy clases por diferentes institutos de Andalucía.
Y soy director de la revista literaria Ayvelar Una de mis citas favoritas es ésa de Eric Satie que dice: “Me
llamo Eric Satie, como todo el mundo”
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| Datos artísticos y literarios |
Poesía |
He publicado poemas en numerosas revistas literarias de Albacete. Por orden de aparición: Ayvelar, Aventis, El bardo raro, ADN, Isla Desnuda y Los Deseos. Y aparte de estas colaboraciones, dirijo la Revista literaria Ayvelar, desde 1993, y actualmente llevo un proyecto paralelo de edición infantil. El primer libro editado de este proyecto se llama “El libro de las decisiones”, y ha sido escrito por Luis Escribano Cauqui e ilustrado por Alicia Gómez Molina en 2003.
Todo lo que tengo publicado hasta el momento es poesía. Por orden de aparición, soy autor del poemario “Vavilonia”, que fue editado por la revista literaria Ayvelar en su número 6, en 1997. Mi único comentario a este libro es, sencillamente, que sé, y soy consciente, de que Babilonia se escribe realmente con “b”. Lo sé desde 1991. El siguiente libro publicado fue “Travis poemas”, editado por la Diputación de León dentro de su colección “Provincia” de poesía, en 1999, y que fue seleccionado en la Bienal de Poesía de dicha institución en 1998. Mi único comentario a este libro es que, en la contraportada, donde pone que dos más dos son cinco, también he de decir que sé, y soy consciente, de que dos más dos son cuatro. Lo sé desde 1977. En el verano de 1999 publiqué, dentro de la revista Aventis, el poemario “Los elementos del clima”. Dos años después, en 2001, publiqué “El hombre sin cabeza, el gato Wilson y el condotiero Fajardo”, poemario que está dentro del libro “Tres tipos con gafas”, editado por la editorial Academia de Samotracia, y perteneciente al proyecto literario de Juan García Rodenas, Luis Escribano Cauqui y yo mismo en torno a una idea con gafas. Actualmente, inédito, está el poemario “Lo que queda de John Wayne”, que pertenece al libro con gafas “Los tres tipos con gafas se van al Oeste”. Aparte de los libros individuales, estoy incluido en dos antologías, una local y otra regional. La primera: “La generación fanzine. Poetas de Albacete para el siglo XXI”, editada por la Diputación provincial de Albacete, y dirigida por Arturo Tendero en 2001. La segunda: “Mar interior. Poetas de Castilla-La Mancha”, editada por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y dirigida por Miguel Casado en 2002.
Cuando era pequeño le pregunté a mi padre qué era ser mecánico. Y mi padre me respondió que mecánico era aquél que arreglaba motores. Y coches y tractores.
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| Datos de interés | |
Me gusta sumar los números de las matrículas de los coches. Si suman 20 ganas, y si suman 15 pierdes. Me gusta pasear sin duda alguna. Me gustan los cuentos infantiles (los textos y las ilustraciones). Y lo que significan.
No me gusta perder un tren. No me gusta pasear con duda alguna. No me gusta que me obliguen a bailar.
No
tengo enlaces favoritos. Utilizo internet de manera práctica, para
buscar una información concreta o leer el correo. |
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| Textos del autor on-line | |
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Pequeño zoológico |
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El cocodrilo pintado de naranja. Sus ojos son de verde aceituna. Se desplaza en un azul prusiano hacia un charco lleno de reflejos. Con él llega la vida mortecina a los mágicos peces de colores.
Un mirlo tiene una casa. En la casa no pone casa. El mirlo sabe cómo los ríos no van a parar al mar. Sólo dejan de contemplarse.
Una ballena nada hacia un país donde no podrán vivir sus crías. Su viaje es plomizo, curvo, con numerosos sustos de tierra. Nada la ballena hacia sí en un viaje sin rastro de montañas.
El oso baila con un ruso a la salida del cine de medianoche. Suena la música de feria con sus trompetas y sus tambores. Alegría animal de fondo, pequeñas estrellas en la fanfarria. El oso baila para olvidar al ruso, el ruso baila para olvidar la noche.
El ñu devorado por el río. Año tras año pasa el tiempo. El ñu contonea la cabeza cuando la cría de ñu nace.
El mono baila su canción preferida: Jazz Suite 2, Shostakovich. Pide permiso primero al plántano. El plátano que es inerte, sin más. Pero el mono satisface su nada con una pregunta sugerente: ¿qué?
Pom. Pom. Pom. Pom. Pom. Camina el hipopótamo sobre la rama temiendo que se acabe el bosque. Pom. Cómo uno de sus pensamientos se dirige hacia el cielo azul. Pom. Cómo el hipopótamo cruje cuando cae sobre él un mirlo. Pom. Cómo el hipopótamo camina hacia una llanura de ramas.
El jilguero conoce a un amigo. El amigo le salva la vida. Vuela. Una rama determina otra rama. El amigo era él mismo, desdoblado en su imaginación.
Al antílope le queda un grito para terminar con su cupo de gritos. Cuándo gritará. Dónde estará el impulso. En el fondo el antílope no se mueve. Cuando grite no modificará los músculos, nadie lo encontrará dentro de su cuerpo. ¿Por qué no gritan los antílopes?
El caracol alquila una casa con luz. Tiene vistas al mar. Ve las olas azules. Escucha el sonido tiránico de la noche. Hay un inamovible sentimiento en su casa. Ha conseguido ocultarse para siempre, gracias a su dinero de caracol.
El tigre vive en su jaula metálica. El tigre nunca ha visto un tigre. Recuerda una selva inhóspita, fea, incómoda, repleta de incomodidades. Agradece al dios de los tigres que se haya salvado de esa libertad espaciosa, enorme, indefinida.
El ciervo cree que es único animal que cuando llega al cauce del río no puede sortearlo porque su naturaleza lo ha hecho así de patoso y de inútil y de ciervo. ¡Qué pensará el ciervo cuando sepa que no sabe bailar un vals!
Ni miaus ni guaus ni cuaques ni grrrraies. Políglotas no, please. Trato de abrir esta puerta. Con mis patas. La puerta es más grande que yo, y tú ladras en todos los idiomas animalísticos. Hablamos del universo, querida, hablamos del universo y no de compañías.
Fiu, dice el tucán delante del espejo. Estoy perdido. Sólo diré fiu, Pensaré fiu, amaré fiu con el pico. Ahora romperé el espejo. Crash. Al burro le gusta un vals de Shostakovich. Desde hace tiempo lo escucha por la noche, antes de acostarse. Nadie le toma en serio. Es un burro olvidado. Pero alza su cabeza y ve el cielo donde tiene que estar el cielo. Eso le reconforta. Cierra los ojos por la noche y tararea el vals, cielo azul prusiano.
Es Feo el ornitorrinco. Su novia le dice al oído: te quiero. Azul prusiano. Juntos se dirigen a la charca y se bañan. Al día siguiente amanece y él es Feo. Pero su novia le dice al oído: hola. Ornitorrinco encima del universo.
Plaf. Enemigo mío, mueca absurda. El mosquito vuela libremente. Desea que la luz no se acabe nunca. Pobre mosquito, con su plaf y su muerte. Virutas con imágenes en un recuerdo. Pobre mosquito que muere fácil.
La foca se tambalea con el vaivén del mar, comprado en un rastrillo. No los había más baratos, ni más caros. La foca recurre a las rebajas marinas para mantener su vida de foca.
El león, que es perezoso con todo. Ignora el amor, la lujuria, la presa simbólica. El león perezoso. No se siente inútil, sin embargo. Bosteza y sonríe al tiempo. Qué león seguro de sí mismo.
El lagarto reconoce que no está solo. Le gustaría tener manos para abrir nueces. La mirada se posa en la rama del árbol. Allí hay un mirlo. Ya no está solo. Sabe que nunca se quedará boquiabierto. Ahora vuela el mirlo, desde la rama.
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