JOSÉ ALFONSO TORNERO AMORÓS           arrimateas@hotmail.com

Retrato de Alfonso Tornero 1995 - © Miguel Ángel Aguilar

 

Nacido el 3 de Enero de 1974, en Albacete

Actualmente imparte clases de música y de religión en diferentes colegios de la ciudad de Albacete

 

“Es prerrogativa de niños y de bobos señalar que el Emperador está desnudo. Pero el bobo sigue siendo bobo, y el Emperador, Emperador”

Neil Gaiman, The Sandman


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  Datos artísticos y literarios

Novela, cuentos y poesía

  • PUBLICACIONES

Pandemónium, Aventis, Desde el Infierno, Año 1, La Negra, Fábulas Extrañas, Cuadernos de Año 1, AB de bolsillo, Fábulas de Orgén, Fábulas normales, Cyborg, Ayvelar, El Bardo Raro, Calíope, Puro Masoquismo, Rut, Allegro, Cizalla, Hazañas y maravillas de una pulga, ADN, La siesta del lobo y La Carraca.

  • LIBROS

Las fotografías de la fábrica de harinas, Tendremos que subir los escalones, La generación fanzine, Los Caballeros de Orgén

  • POÉTICA

Yo me llamo Erik Satie, como todo el mundo.

Esta es mi alegría y mi tristeza, no ser nadie

más que uno de vosotros, no haber escrito

jamás una novena sinfonía, no vivir

más vida que la vuestra.

  Datos de interés
  • ME GUSTA

Las canciones de Simon & Garfunkel

Los tebeos de Garth Ennis

La actriz Madeleine Stowe

 

  • NO ME GUSTA

La zarzuela

Los libros de Edgar Allan Poe

El actor Carlos Larrañaga

  • MIS ENLACES FAVORITOS (internet)

www.as.com

www.imdb.com

http://horarios.renfe.es/hir/


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  Textos del autor  on-line

Tú me enseñaste


Tú me enseñaste que no existe el milagro,

que los hechizos mueren cuando respiran

el aire que respiramos. Tú me enseñaste

que caminamos sobre el polvo amargo

de nuestra historia.

De ti aprendí que corrompemos

lo que tal vez podría ser hermoso

si naciera, y me enseñaste

que no valoramos los secretos.

La memoria

es un castigo que me aplasta a cada paso.

Ahora sé que aunque doble mil esquinas

no te encontraré, y si digo tu nombre

en voz muy alta, nadie me hará caso.

La montaña

debe estar ahí fuera, en algún sitio,

donde la lluvia sueña con las piedras,

donde se pueden ver mil luces en el cielo,

y los lobos se refugian en los riscos.

Y mañana

me marcharé de este profundo pozo

a recorrer los senderos de la noche,

que conocen los búhos y las almas.

Caminaré deprisa, descalzo y silencioso,

pisando tierra extraña, tierra imaginada.

 

Índice   

 

Teorema de la desesperación


Teorema de la desesperación

 

C:\>     Intro al mundo de las túnicas blancas

             a mendigar la medicina de los sabios

             las mayúsculas se hallan bloqueadas

             y todo individuo esgrime su etiqueta

 

A:\>     Cargando. Sangrando.

             Asterisco punto asterisco.

             ¿Está seguro (S/N)?

 

C:\>     Editar el pan sobre la mesa 

             suprimir un nombre de la lista

             formatear los vacíos silenciosos

             insertar esperanzas en los sueños.

 

A:\>     Parámetro no válido. Archivo no encontrado.

             No está listo. Error leyendo en la unidad A

             ¿Abandonar, Reintentar, Ignorar?

             Reintentar

 

C:\>     Los ficheros llaman a las puertas 

             los directorios niegan el desorden

             la ejecución del programa es inminente

             la desesperación visita el cementerio.

 

A:\>     ¿Estás ahí, Señor?

             ESCAPE

             Ya es muy tarde, imprimiendo página 2.

 

C:\>     Las aguas en efecto son profundas

             la luz ya no será llamada magia

             los caminos abren las heridas

             como queríamos demostrar.

 

A:\>     Parámetro no válido. Archivo no encontrado.

             No está listo. Error leyendo en la unidad A

             ¿Abandonar, Reintentar, Ignorar?

             Abandonar

             Abandonar

             Abandonar

 

Índice   

 

Ha venido

 

Ha venido.

Vino de noche, tal vez a la aurora.

El mundo parece igual que ayer,

pero hoy

las sucias escaleras que llevan a lo antiguo

permanecen cerradas,

hoy los gatos blancos de las blancas cuevas

huelen la mañana.

En algún lugar del pueblo miserable,

una vieja de trajes polvorientos

desde su ventana dice a su vecina:

¿sabes quién se ha muerto?

Una estancia maldita de mil flores,

un cuerpo blanco y negro,

el Cristo de acero, tan enorme,

la madera brillante del secreto...

Estoy sin ti. Y tú estás conmigo

cada paso que doy, cada caída,

cada margarita que dice tu sombra,

cada siglo de olvido que me espera.

Elegiste marchar: llévame siempre.

a la silla de piedra en la colina,

al olivo sin voz entre los campos,

al viento que ya no te despeina...

 

Y no tendremos tiempo para una despedida...

 

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Viaje

 

Viaje

 

Son tiempos de viaje,

y van las tierras volando,

y la tarde está soñando

recuerdos de otros paisajes.

Los campos verdes y rojos,

las sierras pardas, lejanas,

los pueblos, pequeños, solos,

sumergidos en la nada.

El Sol bendice pinos, cerros, montes;

se esconden las historias en el horizonte.

Entre dos cipreses, una cruz de piedra;

la dama de blanco, buscando en los olivos,

ha llenado su cesta de manzanas.

Los castillos vigilan los días del camino,

mucho más allá de nuestros días.

Las preguntas no siempre se contestan,

pero todos los viajes tienen su llegada.

 

 

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Moratalla

 

Moratalla

 

¡Qué verdes eran los campos 

de Moratalla!

Sobre el cerro y bajo el monte,

en la niebla de luz se aparecía

el perfil de la iglesia y la atalaya.

¡Qué eco sordo de madera y caja

por las calles arriba se escuchaba!

Y tras el puente del río de frutales,

una visión de tardes encantadas,

de casas pardas como las montañas,

maravilla

esculpida en las cuestas imposibles

de sucias barandillas.

La torre orgullosa se encarama

para mirar los caminos que serpean

entre bosques de pinos.

Y calles y calles, recovecos

estrechos donde las viejas callan 

con la cálida mirada de los muertos.

Y un sin fin de demonios 

negros, azules, verdes, rojos, 

recrean el estruendo de aquel día

en que toda la belleza fue arrojada al infierno.

 

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Una estrella

 

Una estrella

 

Ha llegado una estrella;

una canción cantarle quisiera,

antes de que el tiempo traiga el olvido;

la belleza se muere como los caminos.

La estrella es pequeña, su luz es intensa;

las nubes se detienen si ella piensa

a dónde el viento del atardecer las lleva,

o por qué se vuelven grises cuando nieva.

La estrella tiene amarillo el corazón,

ama lo que vive a su alrededor,

brilla como llama blanca si algo bello viene

a llenar de asombro su estación de trenes.

Y hay una sonrisa en su sonrisa,

una lágrima en su lágrima,

una música en su música,

y una aurora en su mirada.

Cuando la estrella mira hacia la noche

hay temor a lo extraño de los dioses,

que se han llevado la luz de la ventana

y han borrado el perfil de la montaña.

Y se llena de preguntas,

quiere saber la estrella, dar nombre a las cosas,

arañar un misterio con sus manos curiosas.

Y hay una sonrisa en su sonrisa,

una lágrima en su lágrima,

una música en su música,

y una aurora en su mirada.

La estrella escribe palabras que se visten

de brillantes colores y no existen;

no deja nunca la mañana a oscuras,

y se mancha los dedos de pintura.

Cuando se despierta, sueña, y se maravilla

con las maravillas que descubre cada día.

Para ella no hay silencio, y si está sola

recuerda el silbo del viento con las olas,

las olas del mar,

que en algún lugar de la tarde que se marcha,

está.

Y hay una sonrisa en su sonrisa,

una lágrima en su lágrima,

una música en su música,

y una aurora en su mirada.

La estrella salta sobre la cama,

y cocina docenas de pastelitos

con plastilina, aceite y mermelada,

y cuenta un cuento a sus amigos

sobre una niña de arena y de corales

que ríe en el mar,

que en algún lugar de la niebla que amanece,

está.

¿Dónde están tus amigos?,

pregunta la estrella, y yo creo

haber visto una vez las estrellas más rojas

(eran las amapolas), y el lugar se ha perdido,

un lugar

que en los nombres y en los ojos cerrados para siempre

 

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El autocar

 

El autocar

 

Ronca el motor, van subiendo a bordo,

viajeros de sábado que quieren irse lejos.

Duermen antes de arrancar, cabezas muertas.

Tiembla a conciencia: muy puntual,

quizá porque sabe que esperar es inútil:

no viene nadie más. Horrible ruido,

y de las tierras llanas vamos por el camino;

tienen campos amarillos. A lo lejos las montañas.

Las paradas en los pueblos son obligatorias,

incluso cuando a ciencia cierta se sabe que no hay nadie

que quiera allí quedarse o de allí irse.

Y cruza los castillos, los rostros de políticos

sonriendo en las paredes (¿qué queda por llevarse?),

las rejas del asilo, las púas de acero,

el final del trayecto, el pañuelo rendido...

y no hemos ido lejos.

 

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De una amarga victoria

 

De una amarga victoria

 

Es la noche triste de una amarga victoria,

en las calles anchas de la gran señora.

Sobre el río sin agua cruzan las banderas

de la historia. Carretera adelante,

los caminos nocturnos de Levante.

Los pueblecitos son constelaciones

de pequeñas luces; salpican la tierra.

Cuando llueve, los ríos con agua

inundan la vega. Es la noche triste

de una amarga victoria.

 

 

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¡Tú!

 

¡Tú!

¿No estabas tú con él?

Con ese de las melenas,

el de la chaqueta negra,

que acaban de detener.

 

¿Yo?

No, señora, no;

me está confundiendo usted.

 

Pues yo sí que te vi el otro día.

Marchabas con ese tipo

por la calle, dando gritos,

antes de cargar la policía.

 

Y yo, señor, le repito

que no lo conocía,

que no lo había visto nunca en mi vida.

 

¿No eras el que llevaba la jaula de palomas?

¿No eras tú uno de los que cantaban?

¿No ibas repartiendo esa propaganda?

¿No querías tú cambiar la historia?

 

¡Se equivocan! ¡No era yo!

¡Sería otra persona!

 

Yo le oí hablar con él en esta misma esquina.

Le prometió caminar a su lado hasta el final,

porque había encontrado luz en la oscuridad,

y le dijo que nunca le abandonaría.

 

¡Silencio, niño! ¿No te enseñaron tus padres

a no decir mentiras?

 

Índice   

 

 

 

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