ÁNGEL MARTÍNEZ ALCALÁ                                   no disponible

Ángel Martínez Alcalá 2004 - © Miguel Ángel Aguilar

 

Nacido el 7 de enero de 1981, en Albacete


“Vienes hasta mí disfrazada de Venus, pero eres Lilith y lo sé”

Henry Miller,
Trópico de Capricornio.

 

         Bien sabe todo el mundo que no hay acto más inconsciente que preguntarle a un escritor por qué escribe. Yo soy uno más de tantos, uno de aquellos tarados que esgrimen la pluma –o aporrean el teclado- contra la rutina, el tedio y el generalizado proceso de entumecimiento mental que afecta a la sociedad contemporánea –y me incluyo-. Por tal motivo, podría tirarme páginas divagando (que ya lo hice en borradores anteriores) y esforzarme en explicar lo que para mí significa la literatura.

         No merece la pena. Os aburriría. 

         Intentemos ir al grano. Nací horas después del día de Reyes de 1981 (como siempre, llegué tarde). En cuanto mis manos pudieron agarrar objetos, cogí un libro y lo burrapateé: todo un crimen. Más adelante, cuando en el cole me enseñaron a leer -aunque los cómics fueron mi mejor aprendizaje para tal efecto- descubrí que los libros son más divertidos al leerlos que al pintarlos. Desde entonces no leí, sino que devoré cómics y volúmenes de todo tipo, aunque por supuesto infantiles (malpensados). Crecí más y me siguieron gustando libros y tebeos, así que me dio por la tontería que nos da a todos en nuestra imberbe estupidez: hacerlos yo mismo.

         Por el año 1996, desanimado con respecto a mi valía creativa y tras varias intentonas sin fruto, como un par de fanzines a fotocopias (que casi me cuestan una denuncia por pornografía gratuita para menores), conocí por casualidad a López Aroca, de nombre Alberto; hecho fundamental en mi progresión. Él, parece ser, vio que podía valer para las letras (sí, es cierto: Alberto está miope) y me apadrinó, de modo que se convirtió en mi mentor por un tiempo –hasta que al fin conseguí volar solo o hasta que me dio la patada, como más os guste- y me guió por los caminos de la literatura descubriéndome nuevos tesoros. Desde aquí, y como de bien nacidos es ser agradecidos, le doy mis más sentidas gracias por todo.

         En los años 1998 y 1999 quedé finalista del Concurso Literario para Jóvenes de la Concejalía de Juventud (en el que después he participado, en algunas ocasiones, como miembro del jurado). Desde entonces he seguido escribiendo, y no he parado hasta la fecha de hoy (bueno, para dormir y echarme los cafeses sí que paro). Si bien comencé tocando la prosa, la poesía y su maldición terminaron por alcanzarme, y ahora intento sacar adelante mis locuras, con igual ambición, en ambos campos. A pesar de todo, sigo siendo un iluso que sueña con poder tener un  nombre en el mundo de las letras, aunque ya se sabe: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos (y ni quiero señalar que lado me toca, snif).

         Y al final no me he ido por los cerros de Úbeda. Ver para creer, tú.

 

  Datos artísticos y literarios

Novela, relato y articulismo  

  • PUBLICACIONES

Por orden cronológico (más o menos): Tiempo de Cómic, Puro Masoquismo, Fábulas Extrañas, Blefescu, Saibo (Cyborg) e Isla Desnuda (aunque me da en la nariz que me dejo alguna). Si no pongo los números es porque no los recuerdos (sorry). Además, he colaborado con revistas de instituto y tengo alguna que otra colaboración en el diario albaceteño La Tribuna (en sus apartados de Humanidades y Universitaria).
En la actualidad ultimo una nueva publicación de creación artística y literaria, dentro de un nuevo colectivo de autores locales del que formamos parte -entre otros- Javier Tizón, Jose Manuel Borrajeros, Pedro Bañón y un servidor. Sin embargo, esa es otra historia que ya conoceréis más adelante. Director del fanzine literario La Carraca (2004)

  • LIBROS

Por el momento permanezco virgen y puro, a pesar de varias intentonas sin consecución. Todo llegará.

  • POÉTICA

Desde un principio mis relatos se adentraron en la literatura de género, o lo que es lo mismo: terror, fantasía y ciencia-ficción. El gusto por el morbo y lo incomprensible me atrapó ya de pequeño, y mi enfermiza imaginación halló después, con la literatura, el soporte adecuado para meter más incongruencias –si es aún posible- en el mundo que habitamos. En torno al “género” se arremolina la mayor parte de mi obra, si bien con el tiempo –más que nada tras la edad del pavo- mi mente abandonó el pesimismo extremo y se abrió hacia otras fronteras, otros temas que explotar. Hoy por hoy leo y escribo casi cualquier cosa de casi cualquier temática, aunque siempre intento que mis escritos posean ese punto antinatural que los haga mágicos. El encantamiento de la imaginación es vital para mí, y supongo que para todo el mundo a pesar de que muchos no lo adviertan. Por lo tanto, el párrafo siguiente resume bien el porqué de mi literatura:

“Imaginar, o dejarse llevar por la imaginación de otros, significa demostrar que somos humanos. Soñar significa estar vivo. Y estar vivo... implica soñar. La imaginación conforma un círculo vicioso en nuestra mente sin el cual no podríamos pensar, ni sentir... ni evolucionar. La imaginación es la herramienta que desarrolla nuestra sensibilidad, nuestra cara más agradable. Imaginar no es sólo cosa de niños. Yo imagino. ¿Y vosotros?”.

De todas formas, a pesar de todo lo que he explicado sobre mi obra en prosa, tengo que advertir que mi poesía se encuentra en otro estado. No puedo inscribirla dentro de un movimiento o una temática estricta, sino que depende de mi estado de ánimo y de mi predisposición en el momento en que la escriba. A pesar de que suelen predominar los tintes fantásticos en todo tipo de imágenes y metáforas, sólo son una herramienta estética para enmascarar la obviedad. De cualquier forma, de mi poesía se ha dicho que es pesimista, cruda, oscura, y a veces cruel, aunque yo diría que solamente es el reflejo del mundo que me rodea. En resumen: mi poesía es personal al cien por cien, y por ello es posible que haya quien no la comprenda ni la acepte. Y poco más.

 

  Datos de interés
  • ME GUSTA

Podría enumerar mil cosas, pero como el tema que nos ocupa es la literatura me limitaré a cinco autores: Jack Vance, Isaac Asimov, Henry Miller, Patrick Süskind y M.R. James. Hay otros más famosos, pero esos ya los conocemos todos.

  • NO ME GUSTA

Y seguimos con literatura, pero como no soy quien para criticar a nadie no hablaré de libros, sino de aspectos. Los dos que más odio son la envidia y la condescendencia. Derivando a partir de aquí, me gustaría resaltar los evidentes y continuos chanchullos de los premios literarios, ya que algunos autores jóvenes de Albacete se han visto favorecidos de manera más que dudosa en algunos certámenes locales, nacionales e incluso internacionales, llegando incluso a caer en la ilegalidad. Creo que un cheque y un librito no son excusa para tirarse al servilismo y rebajarse, pero allá cada uno con su conciencia.
El que quiera saber más que me pregunte, que se va a reír mucho.

  • ALGUNAS AFICIONES

Además de la literatura, y como ya digo en el apartado “me gusta”, soy un apasionado del buen cine (especialmente el de género, of course) y de los cómics. Por ello, y como soy un culo inquieto, he intentado tocar estos campos de una u otra forma. En cuanto al cine, soy director de un pequeño festival de género, las Jornadas Fantásticas de Albacete, en el cual intentamos, edición tras edición, traer a nuestra ciudad películas que, por uno u otro motivo, posean un interés cinematográfico especial. En cuanto al cómic, que me apasiona tanto como el cine, diré que guardo la esperanza de poder publicar alguna historia un día de estos (si encuentro un dibujante que no sea aún más vago que yo).

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  Textos del autor  on-line

Como antes dije, he tocado y toco muchos temas, así que me resulta dificilísimo encontrar dos obras, un cuento y un poema, que ilustren con acierto la esencia de mi trabajo. A pesar de todo, me limitaré a exponer aquí un par de poemas y un relato corto, que espero cumplan sus cometidos: tanto el de representar mi obra como el de agradar a quien lo lea. Espero que os gusten. Gracias.


El malo ya no tiene bigote de chino

 

El malo ya no tiene bigote de chino,

ni lleva sombrero,

ni va a caballo.

El malo está frente a ti, es él

quien te mira con cara de hijodeputa,

el mismo al que le suda la frente

y tiene pinta de no haber dormido en días.

 

El malo quiere sonreírte,

lo sabes,

pero no puede aunque lo intente.

El malo tiene algo bueno

o eso piensas:

que no es tan malo,

que no fue tan malo siempre

como es ahora;

que le dieron una patada en los huevos

y jamás caminó tranquilo en adelante.

 

El malo quería ser bueno,

tener amigos, ser apreciado...

Y no se lo permitieron.

 

¿Es malo de verdad o es lo que siente,

o es que solamente quiere demasiado?

 

El malo está frente a ti,

que le miras asqueado

desde fuera del espejo.

 

Índice   

 

No sabes lo que haces cuando me miras

 

No sabes lo que haces cuando me miras.

Eres todo un inconsciente.

 

Te apetece besar mis labios y acariciar mis pechos.

Estás loco por mí, lo sabes.

Me darías tu corazón si yo te lo pidiera,

te lo arrancarías con las manos

y me lo pondrías

 

en bandeja de plata.

 

Eres inconsciente, como lo sois todos.

No te das cuenta de que

mi sexo

aparece en un cartel de “busca y captura”

en lo más profundo

de los infiernos.

 

Acércate a mí si quieres,

entra en mi cuerpo sin alma

y seremos uno solo;

yo seré presencia sola.

Tu sangre será mi sustento,

y tu alma...

mi nuevo sudario.

 

Yo soy la Reina Lilith.

 

Índice   

 

"Estás maldito, hijo mío"

 

“Estás maldito, hijo mío”.

 

Te lo dicen hace años,

todo el mundo.

Te lo dice hasta ese tipo que

-se supone-

habita en la punta superior de

tu escalera.

 

Dime, Robert,

¿la llegaron a comprar

-vuestra escalera-?

¿Os la quitaron?

¿Acabaron por robarla?

Contesta: “da lo mismo, qué importaba”;

contesta cualquier cosa que te apetezca.

Os daba lo mismo,

no nos engañes.

 

Sabemos que el cielo ya estaba en

vuestra vida,

que os habíais acostumbrado tanto

que os dio por perderos

en los infiernos.

 

¿Qué fue de John Bonham, Robert?

¿Y de tu pequeño Karac?

¿Qué fue del alcohol, del sexo enfermo,

del demonio...

y qué fue de vuestra gloria?

 

Ya no venden escaleras hacia

el cielo, Robert.

 

Se han quemado sobre el hueco

de cucharillas de postre.

 

Índice   

 

Mi casa me da miedo (relato)

 

Me llamo Ángel, y tengo 9 años. Vivo en la capital, en la ciudad, pero mis padres eran del pueblo. Mi mamá se murió hace mucho, cuando nací yo, y ahora vivo solo con mi padre. Tengo una hermana, Asun, que es más mayor que yo y ya se ha casado y tiene un niño pequeño, pero no me quiere. Dice que después que nací de rebote, cuando mis padres ya eran mayores, lo hice para joder, que aunque no tenga que decir palabrotas es así como lo dijo ella una vez. Dice mi padre que mi mamá era muy guapa, y muy buena, y que nos quería mucho a todos. También dice que ella está en el cielo, y que está contenta de que yo sea bueno y vaya bien en el colegio. Pero yo no estoy contento, porque aunque me diga eso mi padre a mí me gustaría tener una madre, como mis amigos. Hay algunos niños que se ríen de mí porque no tengo mamá, y la seño los castiga, pero luego me pegan. Mi padre también es muy bueno y me lo hace todo él, y cuando va a recogerme al cole les dice a los niños que no me peguen, pero luego siguen haciéndolo.

Voy mucho a mi pueblo porque a mi padre le gusta mucho, pero a mí no me gusta nada. Cuando vamos la gente nos mira mal, y muchos no nos quieren allí ni nos dicen nada. Mi padre no les hace caso y se junta con sus amigos en el bar y va a cazar, que le gusta mucho. Yo me tengo que ir con él al pueblo, porque no me quiero quedar aquí con mi hermana, que me grita y me pega y se porta mal conmigo. Allí no salgo de casa, y cuando lo hago es con mi padre. Cuando salía a la calle solo, a jugar, los otros niños más grandes, quitando mis amigos, me decían que yo era un “endemoniáo” como mi abuelo, y me pegaban, y luego también oía a señoras de esas viejas que van siempre de luto decir que yo era el nieto del “endemoniáo”. Cuando oí eso le pregunté a mi padre, y él me dijo que no les hiciera caso, que mi abuelo no había sido malo, que los malos eran los demás y eran unos tontos. Después de decirme aquello se levantó y se fue a la cocina diciendo palabrotas en voz baja, para que yo no le oyera, pero sí que le oí.

Un día que estaba en la piscina con mi prima Loli llegaron dos señores y se pusieron a nuestro lado, un poco lejos. Mi prima estaba oyendo música y yo leía un tebeo, pero oí como uno le preguntaba al otro si yo era el nieto del “endemoniáo”, y el otro le dijo que sí, y entonces el primero le preguntó que por qué era eso del “endemoniáo” y el otro se lo contó. Le dijo que en el pueblo se decía que mi abuelo jugaba a las cartas con el diablo, y que había matado ovejas sólo tocándolas. También le dijo que una vez había matado a un hombre que le pegó. Se pelearon, y cuando los separaron mi abuelo le dijo que esa noche el demonio iba a ir a arrancarle el corazón, y al otro día amaneció muerto.

Yo, cuando oí aquello, me levanté y les dije que eran unos mentirosos, que mi abuelo no era malo, y cuando se dieron cuenta de que los había oído se pusieron colorados y se callaron. Entonces mi prima Loli se quitó los cascos, y al ver lo que pasaba les dijo payasos y les regañó por haber dicho aquello. Ese abuelo mío no era también de mi prima, pero no le gustó que dijeran aquello conmigo delante. Nos bajamos al pueblo y se lo contó a mi padre, y él se enfadó muchísimo y dijo algo así como que ya los arreglaría. Luego me dijo que todo era mentira y que a la gente les dábamos envidia porque éramos ricos y ellos eran unos muertos de hambre. También decía que menos mal que mi madre se había muerto antes que mi abuelo, por todo aquello que decía la gente, aunque mi abuelo se murió a los pocos meses de nacer yo y no le conocí tampoco.

Somos ricos porque unos años antes de nacer yo a mi abuelo le tocó el Gordo de Navidad, el billete de más dinero, y como la única hija que tenía era mi mamá nos lo dio todo a nosotros. Entonces mi padre estaba en el paro y teníamos poco dinero; bueno, mis padres y mi hermana Asun, porque yo no había nacido. Mi padre me había dicho que casi nos quitaron la casa y el coche y todo, porque no teníamos dinero para pagarlos, y que el dinero nos vino muy bien. Con él mi padre puso una tienda de ropa cara y ganó mucho dinero, y luego puso más y ahora tenemos casi diez.

Una vez le oí a una vieja que mi abuelo le había dicho al cura, el día de antes del sorteo aquel, que le iba a tocar el gordo sólo a él, porque había comprado todos los billetes aposta en Barcelona, y que lo iba a hacer porque le había dado el alma al diablo. El cura le dijo cuatro tonterías y se fue muy enfadado, pero mi abuelo se quedó donde estaba, riéndose de él. Yo antes no me creía esas cosas, porque mi padre me decía que eran mentira por eso de que nos tenían envidia, pero ahora no sé.

La casa de mi pueblo es muy grande, y dice mi padre que es la más vieja de todas. Las paredes son de piedra, y el techo tiene unos palos de madera muy gordos para no caerse. Fuera hay un escudo medieval, muy alto en la fachada, que era de una orden de caballeros andantes. Por lo menos, la casa tiene que tener setecientos años. Siempre había sido de señores muy ricos, y tenía pinturas en el techo en algunas habitaciones, pero mi abuelo las quitó cuando la compró.

Yo y mi padre dormimos arriba, en dos habitaciones que están juntas, y para entrar a la suya tiene que pasar por la mía. No cierra nunca la puerta para oírme si me da miedo por la noche. Nuestras camas son de madera, muy viejas, y se duerme muy bien en ellas porque los colchones son de lana y te hundes en el medio. Sólo hay una mesita en cada habitación, y baúles llenos de ropa y cosas viejas, pero en las paredes no hay nada. Nunca a habido ningún cuadro. Una vez pasó una cosa que me dio mucho miedo, hace unos meses. Yo quería poner un cuadro del niño Jesús que había hecho con una foto que me había regalado mi tía Jose. Mi padre subió y clavó una púa, y cuando puso el cuadro en la pared se volvió a caer solo. Lo volvió a poner y se volvió a caer, y cuando quiso ponerlo otra vez el cuadro salió volando y se hizo polvo contra la pared de enfrente. Mi padre me cogió y nos bajamos corriendo. Teníamos mucho miedo. Esa noche y las siguientes dormí con él en su cama, y me tapaba la cabeza con las sábanas porque me parecía oír ruidos y me daban escalofríos. Antes nunca había ocurrido nada raro, pero luego pasaron más cosas.

Hay otras dos habitaciones puestas igual que las nuestras, nada más que al otro lado de una sala con cuadros muy antiguos de gente que no sabemos quién es. En la sala también hay pájaros disecados y escopetas colgadas de las paredes. En esa sala yo he visto luces por las noches, pero no son luces normales. No son ni de bombilla ni de mechero. Antes, si alguna vez me acostaba antes que mi padre, él subía alumbrándose con el mechero para no despertarme, y veía como la luz temblaba y se acercaba, pero esas luces que yo veía no eran así. También temblaban, pero iluminaban todo igual y eran de color azul y naranja al mismo tiempo pero por distintos sitios. Una vez la luz se hizo más fuerte, y aunque me tapaba con las sábanas podía verla a través de ellas.

Pero no sólo es eso lo que pasa en mi casa. También desde cuando empezaron las luces, que fue hace unos meses, igual que lo del cuadro, empecé a oír ruidos raros. Algunas veces oía que llamaban a la puerta de la calle, y cuando iba no había nadie. A lo primero me creía que era algún gracioso, pero luego me di cuenta de que no. Otras veces oía como rascaban en la puerta de mi habitación cuando yo ya estaba acostado, y me tapaba la cabeza con las sábanas y lo seguía oyendo. Era como si un animal la arañase muy fuerte, pero mi padre nunca lo oía. Luego empecé a oír como voces de niños hablando muy bajo, y lloraban y se quejaban.

Una vez se vino a dormir a mi casa un primo de mi padre que vivía en Valencia y que había venido a cazar con él. Se acostó en la habitación del otro lado de la sala. Esa noche oí como los niños hablaban sobre él, y decían que lo iban a matar y se lo iban a dar al demonio, y yo me puse a llorar de miedo y me acurruqué dentro de la cama. Después oí las voces al lado de mi cama, y me dijeron que no llorara, que a mi no me iban a hacer nada, pero que al primo de mi padre lo iban a matar si no se iba al otro día. Tenían la voz muy fina, tanto que yo nunca había oído ninguna igual. Parecía como si tuvieran voz de gato. No me atrevía a destaparme para verlos, pero me siguieron diciendo que mi abuelito me quería mucho y que vendría a verme pronto. A mí me dio más miedo aún, porque sabía que mi abuelo se había muerto de un infarto el año que yo nací, pero ellos me dijeron que mi abuelo estaba allí, en la casa, y que me cuidaba y siempre me vigilaba, porque yo, según dijeron ellos, era “vital y precioso”. Luego se volvieron a ir a la sala, y miré por una rendija entre las sábanas y vi que estaban las luces mientras ellos hablaban. Entonces, cuando yo miré, se callaron, y yo me volví a tapar muy deprisa y ellos empezaron a reírse.

Otras noches los oía por otras partes de más lejos de la casa. Se oían ruidos de cacharros y golpes, y cómo se reían mucho. Esas noches yo ya me acostaba con mi padre, pero él no los oía porque se dormía muy pronto. Una mañana me levanté y vi que un mueble se había caído y se había roto. Mi padre me regañó porque creyó que había sido yo, y aunque le dije que yo no lo había roto él no me hizo caso. Esa noche las voces se vinieron al lado de nuestra cama y se rieron de mí porque me habían regañado por algo que habían hecho ellos. Me dijeron que lo habían dejado aposta para ver que hacía mi padre, y que era muy malo por haberme reñido y que mi abuelo me quería más.

Desde aquello, que pasó todo al principio del verano, he estado sin ir al pueblo más de dos meses. Un fin de semana mi padre fue, pero yo preferí quedarme con mi hermana. Vive en una casa muy grande, en un séptimo por el centro, y tiene madera en el suelo y muchas alfombras, y todos los muebles son muy caros. Lo sé porque me acuerdo de cuando compraron algunos, y se los habían traído de Alemania. Mi hermana también es rica, pero porque su marido, que se llama Juan, tiene una fábrica de zapatos muy grande y muy importante. Él sí que se porta bien conmigo y me deja que me acerque a mi sobrina, que ya tiene dos años y se llama Alicia.

El sábado aquel, por la tarde, nos quedamos solos Juan, la niña y yo. Mi hermana se había ido a comprar e iba a llegar tarde. Yo jugaba con Alicia y Juan veía la tele. Él me preguntó por qué no me había ido con mi padre si siempre me gustaba irme al pueblo. Yo le dije que porque me apetecía quedarme allí, pero él me dijo que me pasaba algo, y que podía contárselo si quería. Al principio no quise, pero luego se lo conté. Le dije lo de las luces y los niños, y lo que habían hecho con el mueble y lo que me decían. Juan se enfadó mucho conmigo y me dijo que no tenía que inventarme cosas feas de mi abuelo. Luego me preguntó qué me habían dicho en el pueblo sobre él, y yo dije que nada, que sólo había oído algunas cosas como aquello del “endemoniáo”. Se creyó que me lo había inventado, pero me puse a llorar porque era verdad, y cuando me vio se le pasó el enfado y me dijo que a lo mejor, por haber oído esas cosas, a mí me parecía ver luces y oír a los niños, o que a lo mejor hasta lo soñaba. Yo le pedí que no dijera nada a mi hermana. Me dio un vaso de zumo y me dijo que no pasaba nada, que no se lo iba a decir. Luego volvió mi hermana, y me preguntó por qué no me había ido con mi padre, y antes de que yo le contestara Juan le dijo que me daban miedo unos niños que me querían pegar y no había ido por no quedarme solo. Mi hermana me dijo que cómo no iban a querer pegarme si era tonto, y nada más cenar me acostó.

Cuando mi padre volvió, yo le pregunté si había pasado algo raro en la casa. Él me dijo que no, y que yo no tenía por qué tener miedo, que allí no pasaba nada. Hace unos días, ya en Agosto, me convenció para que me fuera, porque iban a ir unos primos míos de Móstoles que llevaban sin venir mucho tiempo. Al principió me dio miedo, porque me acordé de lo que había pasado con el primo de mi padre, y le pregunté que si iban a venir a casa, pero menos mal que no, porque iban a ir a la casa de mi tía -que el hermano de mi padre es mi tío- y yo me quedé más tranquilo. Cuando fuimos, la primera noche me quedé a dormir con mis primos porque tenía miedo de ir a mi casa. A ellos no se lo conté, porque sabía que se iban a reír de mí. La segunda noche también me quería quedar, pero no pude.

Me acosté temprano para el verano, a las once y media o así. Mis tíos y mis primos habían ido a un pueblo de al lado a ver a unos familiares de mi tía, y como yo no tenía nada que hacer me fui a dormir. Me quedé durmiendo con las luces de la sala y de mi habitación encendidas, y llevaba una cadena con una cruz que me había regalado mi tía. Cuando llegó mi padre apagó las luces y se acostó. Me desperté a las tres con las campanadas del reloj de la plaza, que está cerca de casa. Al principio no me acordé de nada y quise seguir durmiendo, pero entonces me acordé y miré a la sala. La puerta estaba entornada, y yo podía ver la luz de la luna porque las ventanas estaban abiertas. Me sentí bien porque no estaban las luces ni los niños, pero como aún tenía miedo me tapé la cabeza. En cuanto lo hice cerré los ojos para dormirme, pero luego los abrí y me volví a asustar mucho, porque las luces estaban otra vez ahí. Cerré los ojos muy fuerte para que se fueran, pero al abrirlos seguían donde estaban. Entonces volví a oír a los niños. Estaban hablando entre ellos muy bajito, y de repente volvieron a ponerse al lado de mi cama. Esa vez me dijeron que estaban muy enfadados conmigo, y que mi abuelito lo estaba más aún. Era porque había estado sin ir mucho tiempo, y decían que yo tenía que estar allí todo el tiempo que pudiera porque le hacía falta a mi abuelito. Les pregunté por qué, y fue la primera vez que me atreví a decirles nada. Al principio se quedaron callados, como si no se esperaran que yo les contestase, pero luego me dijeron que era para que mi abuelito no estuviera triste, porque yo era lo único que le quedaba. Les dije que también estaba mi hermana, pero me contestaron que como ella no iba nunca a la casa mi abuelo no la quería. Cuando me dijeron eso empezaron a reírse muy fuerte, y no sé como no se despertó mi padre. Luego dijeron que no tenía que contárselo a nadie, porque sabían que se lo había contado a Juan, y que si lo volvía a hacer me iba a arrepentir. Fue la vez que más miedo tuve, porque luego me dijeron que yo me tenía que ir con ellos y que a la noche siguiente iba a venir mi abuelo a verme.

Esa noche aún pasaron más cosas. Después de que los niños estuvieran hablándome se quedaron al lado de mi cama. Estuvieron mucho rato cantando una canción muy flojito, y me parece que era una nana. No entendía bien lo que decían, pero me daba mucho miedo. Luego se volvieron a ir a la sala, pero ya no sólo cantaban ellos. No sé de dónde, pero se empezaron a oír unos violines tocando siempre la misma nota. Tocaban muy fuerte, y la nota sonaba muy mal, tanto que se me metía en los oídos y me molestaba mucho, hasta casi hacerme daño. Lo que cantaban los niños me recordaba a las canciones que cantan los monjes esos que salen en la tele, pero más despacio y como hablando.

Luego se ve que me dormí sin darme cuenta, porque me desperté al día siguiente tapado con las sábanas, como me había quedado antes de dormirme. Me despertaron los gritos de mi padre. Estaba diciendo unas palabrotas muy feas y muy gordas de Dios y de la Virgen en el corral. Me levanté corriendo y me asomé a la ventana con cuidado. Como él estaba muy enfadado no quería que me viera, por si pensaba que yo había hecho algo. Miré al corral y vi a mi padre devolviendo apoyado en la pared, y cuando miré más allá vi una cosa muy fea y me puse a llorar. Alguien había cogido a mi perra Lisa y la había ahorcado en las cuerdas de tender, pero además le habían quitado la piel y se parecía a los conejos cuando mi padre los desolla antes de freírlos. Había mucha sangre en la pared y en el suelo. Me quedé llorando en mi cama, y no me levanté hasta que mi padre me llamó para comer. Decía que a la perra la había matado algún drogadicto de los del pueblo, y que la había desollado estando viva, por la sangre que había en la pared. Yo no quise decirle nada porque se enfadaría conmigo como Juan, pero sabía que habían sido los niños que estaban en la sala. Estuve lo que quedaba del día jugando con mis primos y en la piscina, pero estaba triste porque quería mucho a mi perra, que tenía los mismo años que yo. No tenía ganas de que se hiciera de noche, y aunque quise volver a quedarme para dormir con mis primos mi padre no me dejó. Tenía más miedo que las otras veces, porque me imaginaba que me iban a hacer algo malo aquella noche.

Me acosté en la cama con mi padre, como antes. Yo pensé que esa noche iba a ser valiente con él al lado, y por eso no tenía tanto miedo, porque si pasaba algo le despertaría. Pero como sabía que iban a venir no pude dormirme. Cuando dieron las tres en el reloj de la plaza aparecieron a mi lado sin hacer ruido y sin que me diera cuenta. Como no tenía tanto miedo les hablé yo a ellos. Estaba muy enfadado por lo que le habían hecho a mi perra, y quería que me dijeran por qué lo habían hecho. Como pasó la otra vez que les hablé se quedaron callados, como si no se esperaran que les hablara yo, pero me dijeron que la habían matado porque mi abuelito iba a venir y no querían que le asustara, porque a él no le gustan los perros y cuando le ven ladran. Yo sabía que mi abuelo estaba muerto, y me acordé de que en una película que había visto a los fantasmas les ladran los perros. Yo les dije que sabía por qué lo habían matado, porque si mi abuelo venía el perro ladraría y despertaría a mi padre, pero daba lo mismo porque yo podía despertarle cuando quisiera. Los niños se rieron y dijeron que yo no lo haría, porque si mi padre se despertaba lo iban a matar y se lo iban a dar al diablo. Luego me dijeron que mi abuelo iba a venir a verme el día siguiente, y quería que me portara bien.

Al otro día, que fue ayer, le dije a mi padre lo que estaba pasando y que nos fuéramos de allí, porque iban a pasar cosas muy malas. Mi padre se enfadó mucho, y creyó que eso lo decía porque alguien me lo había dicho, y que le dijera quién había sido. Aunque sabía que se iba a enfadar más, yo le dije que no me lo había dicho nadie del pueblo. Lo sabía porque los niños habían estado hablándome mucho tiempo, y por eso no había querido ir antes al pueblo. Mi papá se enfadó más, como yo me esperaba, y me dijo que esa noche iba a dormir en mi cama yo solo, para que me dejara de tonterías. No quería que se enfadara más, y por eso me callé.

Cuando me acosté anoche puse un crucifijo encima de las sábanas y agarré la cruz de mi cadena. Sabía que iba a venir mi abuelo, y que si era amigo de los niños tenía que ser muy malo. A las tres, como siempre, oí a los niños, pero estaban en la sala y hablaban con un hombre. Luego entraron los tres a mi habitación y el hombre me dijo que me destapara la cabeza para verle, que era mi abuelo Juan y quería verme él a mí. Le dije que me daba mucho miedo y que no quería verle, que se fuera, y que no lo quería porque había hecho que mataran a mi perra. Él me dijo que los niños lo habían hecho porque mi perra quería hacerle daño, pero que no le había gustado que lo hicieran. Yo no le creí, porque todos los malos echan muchas mentiras, pero pareció como si me leyera el pensamiento y dijo que lo decía de verdad. Entonces, para no tener que destaparme, le dije que los niños me daban miedo, que quería que se fueran, y entonces mi abuelo se lo mandó y ellos salieron a la sala. Me volvió a decir que me destapara, y como me estaba entrando curiosidad me destapé, pero muy despacio.

Ya había visto la luz a través de la sábana, pero me sorprendió mucho. Mi abuelo estaba flotando en el aire a los pies de mi cama. Era muy mayor, tenía la cara muy arrugada y estaba casi calvo del todo, quitando algunos pelos. Tenía la piel azul, y daba luz del mismo color. Iba vestido como si estuviera vivo, con una camisa y un pantalón, pero olía muy mal. Toda la habitación olía a lo mismo, a azufre. Sé cómo huele el azufre porque en naturales, en el cole, estuvimos un día en el laboratorio de los mayores y lo olimos. El olor se me agarraba a las narices y a mí me costaba respirar. Mi abuelo me dijo que me necesitaba, que yo le hacía falta donde él estaba y que me tenía que ir con él. Lo decía todo con una voz muy suave, pero yo notaba que no era bueno aunque hablara así. Además, sus ojos estaban muy negros y no se veían. Era como si no tuviera. Yo le dije que no me iba a ir con él porque era malo y me quería llevar al infierno, y entonces mi abuelo empezó a gritarme muy enfadado y muy fuerte, tanto que yo no sé como no se despertó mi padre. La voz le cambió y empezó a hablar con una voz muy ronca y con eco, que me recordaba al ruido que hacen las serpientes. Parecía como si un cantante gordo de ópera gritara desde dentro de una cueva muy grande. También le pude ver los ojos, porque se le pusieron rojos como si fueran ascuas de la lumbre, pero muy brillantes, y su pelo se volvió más largo y se puso de punta, pero moviéndose como si le soplaran desde abajo. La luz que daba se volvió roja y de repente empezó a hacer mucho calor, como si hubiera fuego. Me gritaba que yo era un desgraciado y un desobediente, y decía otras cosas en un idioma que yo no entendía y que no era el inglés, porque yo he dado inglés en el cole y sé como suena. A mí me dio tanto miedo que me puse a llorar y a gritar muy fuerte, y mi abuelo me dijo con esa voz que asustaba tanto que a la noche siguiente iba a venir a por mí, y se fue de golpe volando a través de la puerta. Mi padre se despertó y vino a mi cama. Le dije lo que había pasado, y aunque me dijo que lo había soñado y se enfadó un poco me llevó a dormir a su cama.

Todo esto pasó anoche, y mi abuelo va a venir hoy a por mí. Yo no sé si decírselo a mi papá, pero es que no quiero que se enfade conmigo. Me quiero ir de aquí, porque mi abuelo me va a llevar con él aunque yo no quiera. Me va a llevar al infierno y allí me va a matar, estoy seguro. A lo mejor si me matan me puedo escapar e irme de allí volando para juntarme con mi mamá, pero lo mismo me atrapan y no me dejan que me escape. Nunca he tenido tanto miedo como ahora, porque sé que me van a matar en el infierno; con el demonio.

 

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