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ANDRÉS GARCÍA CERDÁN
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Nacido en
1972 en Fuenteálamo (Albacete)
Pasa su infancia y juventud en Murcia, en donde funda la revista “Thader”.
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| Datos artísticos y literarios |
Poesía y relato |
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Libreto (Fuenteálamo), Thader (Murcia - miembro fundador), La Noria (Alcantarilla), La sierpe y el laús (Cieza), El problema de Yorick.
- Incluido como autor en el
libro Creación
Joven de Murcia (1996) - Los
nombres del enemigo (1997 y 2000, ed. Universidad de
Murcia) - Los
buenos tiempos (2000, ed. Ayuntamiento de
Ciudad Real) - Incluido como autor en el
libro Jóvenes
artistas de Castilla-La Mancha 2000 (1999, ed. Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha) - Incluido como autor antologado en La generación fanzine. Poetas de Albacete para el siglo XXI de Arturo Tendero (2001, antología poesía, ed. Diputación de Albacete) - Incluido como autor en el
libro Ardentíssima (2001, ed. Editora regional de
Murcia) - Incluido como autor en el libro Primera antología del mediterráneo: Poetas con el mar (2001, ed. Horacio Escarabajal a través de Nausícaä Edición Electrónica) - Incluido como autor antologado en Mar interior, poetas de Castilla-La Mancha de Miguel Casado (2002, antología poesía, ed. Junta de comunidades Castilla- La Mancha) - La cuarta persona del singular (2002, ed. Editora regional de Murcia)
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| Datos de interés | |||
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Es obsequiado en tres ocasiones
con el Premio Creación Joven de la comunidad murciana (1993,
1994 y 1996). Premio Voces del Chamamé (1999)
de Oviedo con “Los
payasos peligrosos” l Primer premio de poesía
del Certamen de jóvenes artistas de CLM (2000) XVI Premio Internacional de poesía Antonio Oliver (2001)
de Cartagena, ex-aequo. Primer premio de prosa del Certamen de jóvenes artistas de CLM (2002)
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| Textos del autor on-line | |||
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El fuego robado
Debió ser una de esas noches, cuando
ya nada vale y el fuego del alcohol
se ha extinguido y vivir sólo es ceniza,
pendiente por la que un diamante cae
deslustrado –pero diamante al fin-,
yendo por la faz destruida, deconstruida
en que se escribe la vergüenza propia,
herida más profunda que ninguna,
y todo estiércol porque ya la música
no suena.
Entonces, como quien de lejos
ve venir la sombra que todo ocupa
y todo inunda y oscurece el mar
con esa oscuridad del no nacer,
con la pérdida del descubrimiento,
con el sueño inconsciente que no es agua
sin límites, entonces, lo sentí.
Mi vida era fuego robado, echado
a los perros famélicos de un dios.
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