Pastiches
EN
INGLÉS
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El
mundo de Internet, y concretamente Amazon.com, .co.uk, y .fr, me han
abierto la posibilidad no sólo de adquirir montones de pastiches
holmesianos que no están vertidos a nuestro idioma, sino que también me
está mostrando la existencia de docenas, cuando no cientos de otros
textos relacionados, de los que jamás había sospechado ni siquiera su
existencia.
Después de Amazon, he descubierto Ebay, la casa
de subastas más grande del mundo, en la que uno puede pujar por un
Renault 9, por un auténtico poyo-hornilla para la cocina, o por
cualquiera de los ejemplares de The Strand donde vieron la luz las
crónicas breves del Dr. Watson. Con paciencia, todo se subasta en Ebay,
y no siempre a precios prohibitivos.
Las librerías virtuales son las que nos están
permitiendo rastrear todos esos volúmenes que ya parecen entrar en el
campo de la mitología (no sólo creativa), como pueden ser The Science-Fictional
Sherlock Holmes, The Misadventures of Sherlock Holmes (la compilación de
Ellery Queen de 1946, o la más reciente de Sebastian Wolfe, que tampoco
está nada mal), y todas esas compilaciones de estudios firmados por
Edgar W. Smith, Ronald A. Knox, Vincent Starrett, Gavin Brend, etc.
Si uno se convierte en anglolector, y encima es
holmesiano, ya puede ir olvidándose de comprar pantalones nuevos, una
casa, o sencillamente, de tener hijos, porque todo el dinero se puede
invertir, en un abrir y cerrar de ojos, en las aventuras más
insospechadas del Maestro. |
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The Adventure of the
Ancient Gods, 1990
by Ralph E. Vaughan
“There
is nothing magical about me or my methods. I observe the world, and I observe
those who live in it”.
Sherlock Holmes
La edición de Gryphon Books, a cargo del editor y también
autor pastichero Gary Lovisi, de Brooklyn, es lo que los sajones llaman un “booklet”,
los literatos españoles se han empeñado a denominar “plaquete”, y nosotros, los
investigadores de andar por casa, llamamos (con justicia, creo), un fanzine como
Dios manda.
En 1927, un profesor de la Miskatonic University, Martin
Phillips, recurre al Maestro —que casualmente anda de viaje por Boston— para que
le ayude a dar con el paradero de su primo, el señor Carter Randolph (a quien
todos conocemos como Randolph Carter, por supuesto). El texto es agradable, e
incluye una aparición estelar del mismísimo Cthulhu. Las ilustraciones del señor
Earl Geier, aunque un poco fanzineras (en el mejor sentido de la palabra),
tienen un no sé qué de encanto... supongo que me recuerdan a los primeros
tiempos del fanzine Fábulas Extrañas... Sí, debe ser eso.
El señor Vaughan escribió la versión original de este
relato en 1982, y se publicó primeramente en un fanzine, Holmesian Federation
nº4, 1983 (era una publicación consagrada a los crossovers entre Sherlock Holmes
y el mundo de Star Trek, nada menos). Tan temprana fecha convierte a Vaughan en
el primer autor que, con todas las de la ley, enfrentó al Maestro con los
siniestros designios de Lovecraft, adelantándose un par de años al Pulptime
de Peter H. Canon, del que hablaremos en otro momento.
Sobre este asunto de Holmes-Cthulhu, y la bibliografía al
respecto, espero dar a la luz en un par de meses un artículo al respecto —que se
titulará, sin demasiada imaginación, “Sherlock Holmes y los Mitos de Cthulhu”—,
pues hay mucho que decir sobre los iniciadores de este subgénero, casi tan
extendido como los cruces entre Holmes y Drácula: en realidad, mucho antes que
Vaughan, el difunto señor August Derleth, de Sauk City, ya introdujo elementos
de los Mitos en su ciclo de cuentos sobre el señor Solar Pons de Praed Street; y
salvo error u omisión, tengo en mi poder un novela, fechada antes de 1935, que
trata este mismo tema, y que está firmada nada más y nada menos que por Rober H.
Blake, viejo conocido de los aficionados al Maestro de Providence.
(El señor Lovisi sirve las publicaciones de
Gryphon Books
desde Estados Unidos a España, tal como él mismo me confirmó; los gastos de
envío andan por los diez dólares. Este volumen de 40 páginas cuesta unos 5
dólares. También se puede encontrar en
Amazon.com) |
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Sherlock Holmes in The
Dreaming Detective, and The Adventure of the Laughing Moonbeast, 1992
by Ralph E. Vaughan
"Except
for certain aspects of chemistry and biology, I confess a complete ingnorance of
science. I fill my mind only with such knowledge as
directly affects my world”.
Sherlock Holmes
Prometida continuación a The Adventure of the Ancient
Gods, muy distinta en concepción, en forma, en ambición, y en calidad
argumental, que es bastante menor. En 1943, Holmes anda perdido por las Tierras
del Sueño (las “Dreamlands” de las que nos hablaba Randolph Carter, y antes que
él, Lord Dunsany), en busca de un superviviente Moriarty y unos nazis malísimos
que planean destruir nuestro mundo y el de nuestros oníricos vecinos. En apoyo
de Holmes, ahí está esa panda de abuelos formada, entre otros, por el científico
Nikola Tesla (el ayudante de Thomas Edison, y verdadero protagonista de esta
historia), y el mismísimo Albert Einstein. El FBI, el Pentágono, y cualquier
elemento yanqui que se puedan imaginar, aparece en esta historia que, con todo y
con eso, tampoco está tan mal. Interesante frikada.
El volumen se completa con The Adventure of the Laughing
Moonbeast, otra aventura de Holmes en las Tierras del Sueño, con Tesla
(sobre quien esperamos un artículo en La Última Palabra, firmado por Juan Carlos
Pérez Flores) haciendo las veces de Watson. Es, si cabe, mejor que la historia
principal, pues es un caso absolutamente detectivesco, planteado como las
historias originales del Canon, pero ambientado en ese contexto dunsanyano que
Lovecraft no llegó a explotar tanto como en las habituales historias de los
Mitos de Cthulhu.
(Contactar con
Gryphon Books —ver comentario anterior—.
Cuesta 6.95 dólares) |
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The Singular Affair of
Mr. Phillip Phot, 1947
by the Greek Interpreters of East Lansing, Michigan
Compiled by Page Heldenbrand
“That,
Watson, marks an end to the most terrible man in the world”.
Sherlock Holmes
Este improbable (pues hemos descartado lo imposible)
pastiche que encontramos en la serie original del mítico Baker Street Journal
(Vol. 2, Nº1, enero de 1947, concretamente) nos lleva hasta Sussex, en la
primavera de 1945, y a la casita de campo de Fulworth donde el Maestro sigue
retirado (¡y en compañía de Watson!), sólo para ver cómo un mensaje urgente de
Mycroft lleva a nuestra pareja favorita de vuelta a favorita para enfrentarse al
misterio de Phillip Phot... y al hombre más terrible de aquella época, nada más
y nada menos que Adolf Hitler.
Sinceramente, tengo mis serias dudas de que Sherlock Holmes,
Watson y Mycroft pudieran andar, en 1945, haciendo cabriolas por las calles de
Londres. De hecho, en mi propia tesis sobre la Verdad acerca del Maestro, y en
conciencia, creo que en dicha fecha el buen doctor ya estaba muerto.
Más que imprescindible —que no lo es—, resulta
impresionante por la inocencia y el candor que demostraban los irregulares de
aquella desastrosa época (a la que, por cierto, poco tenemos que envidiar hoy
día, ni en lo bueno ni en lo malo).
(Para conseguir ejemplares de la serie original del Baker Street Journal,
remítanse a las librerías anticuarias que pululan por Ebay, y recen: los precios
son realmente disparatados, pero en verdad, esas joyitas con cubierta de color
mostaza son una verdadera delicia). |
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The Repulsive Story of the Red Leech
(A Final Posthumous Memoir of John H.
Watson, M.D.)
as edited by Mark W. Plemmons

"Watson, what I am about to tell you, you must never tell another living soul,
until you are certain that no man will ever see me again. It could make things
very uncomfortable for me, and for the rest of the planet as well."
Sherlock Holmes
Esta breve historia,
que se puede leer online con sólo pinchar aquí, resulta muy interesante
y entretenida, y a cualquier pureta excesivamente subido de tono, le parecerá
ofensiva. Además de tratar el celebérrimo caso no contado de “Crosby el Banquero
y la Repulsiva Sanguijuela Roja” (no tan célebre como la Rata Gigante de Sumatra,
pero casi), Watson recuenta el verdadero origen de Sherlock Holmes, desmintiendo
algunos aspectos de
A Study in Scarlet: Holmes tenía las orejas
puntiagudas y venía de un lugar muy, muy lejano (where no man has gone before...),
que empieza por V...
En la biografía de Baring-Gould hay, a pie de página,
algunas especulaciones sobre Crosby y la naturaleza de la sanguijuela, y también
se menciona en la novela de Jamyang Norbu
Los años perdidos de Sherlock
Holmes. Por supuesto, hay muchas más versiones del suceso.
Divertido y gratificante hasta cierto punto.
(Léelo
fuera de esta página, con sólo pinchar aquí) |
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The Tangled Skein, 1992
by David Stuart Davies

“A once noble and victorious warrior forced to live like
a common criminal, skulking in the shadows, fearing the rays of the sun, seeking
the blood of lesser mortals so that you may cling to the half-life you lead. You
claim immortality, Count Dracula, but what a high price you pay for your squalid
existence. Indeed, I pity you”.
Sherlock Holmes, 1888
Esta cita de Holmes deja bastante claro el planteamiento de
este enésimo manuscrito de Watson (un cuaderno rojo, según el señor Stuart
Davies): Sherlock Holmes contra Drácula.
Se trata del tercero de los tres más famosos pastiches
sobre este particular (el cuarto más célebre se debe a la pluma del español
Rodolfo Martínez, y lo comentamos en la sección adecuada). No nos referiremos
aquí a la novela de Loren D. Estleman —de la que hablaremos más adelante— ni a
la de Fred Saberhagen —The
Holmes-Dracula File, que ya hemos comentado, en la sección de pastiches
que se pueden encontrar en castellano—. Curiosamente, esta obra de David Stuart
Davies, autor de otros pastiches como Sherlock Holmes and the Hentzau Affair,
The Shadow of the Rat, The Scroll of the Dead, varios libros sobre el
Maestro en el cine, alguna obra de teatro, y un par de antologías, viene
presentada por un prólogo del difunto Peter Cushing, quien aseguraba que, si se
hiciera una adaptación cinematográfica del libro, le gustaría interpretar los
papeles de Holmes y de Van Helsing. Y no puedo estar más de acuerdo con el
actor, pues The Tangled Skein, por encima de su discutible calidad
argumental —no me gusta que se cargue de un plumazo la novela de Stoker—, no es
ni más ni menos que una película de la Hammer. Y como servidor es fan de esas
películas —Los Siete Vampiros de Oro es una obra maestra del humor, se
mire como se mire—, no puede menos que recomendar esta obra a todos los frikis
que quieran imaginarse el enfrentamiento Holmes-Drácula con Cushing y
Christopher Lee como protagonistas absolutos: las escenas de acción son
contínuas (y a veces absurdas, como el ataque del búho gigante cuando Holmes y
Watson van a la carrera en un coche de caballos, en mitad del bosque), la sangre
de mentirijillas salpica por todas partes, y tiene momentos implacables, como
ese en que el detective y el doctor encuentran la puerta secreta hacia un sótano
oscuro, donde les esperan yo qué sé qué horrores vampíricos, y Holmes le dice a
Watson, sonriendo, aquello de: “The game is afoot!”
Por desgracia, este Sherlock Holmes no es el que yo
conozco, ni es en el que yo creo: resulta demasiado “falible”, una pretensión de
Stuart Davies de humanizar al personaje frente a la terrible amenaza de Drácula,
pero que en realidad, le resta credibilidad al Gran Detective que tan bien
conocemos. Lo mismo vale por el tratamiento, tan discutido en estudios y
pastiches, de la relación de Holmes con lo sobrenatural: la mentalidad del
Maestro, al margen de sus desafortunados (y dudosos) comentarios en la canónica
Aventura del Vampiro de Sussex, era completamente abierta, y ante todo,
receptiva a los hechos, fueran éstos de la naturaleza que fuesen.
A todo esto, la historia es una secuela de
El Sabueso de los Baskerville, cosa que la hace todavía más insólita y,
valga el adjetivo, pastichera.
Divertida y curiosa, pero está lejos de ser una novela
imprescindible.
(Hay varias ediciones, incluida la que yo tengo, de la canadiense editorial
Calabash Press,
e incluso existe una versión leída, que es la más fácilmente encontrable. Buscar
en Amazon y en Ebay) |
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The Disappearance of Daniel
Question, 2000
by Barrie Roberts

“I have been looking at your version of the Thor Bridge
case. It seems to me that you were a little premature in describing the
Phillimore affair as unsolved”.
Sherlock Holmes, 1923
Otro pastiche breve, y que también se puede leer on-line,
para uso y disfrute de los aficionados, concretamente en la página oficial de la
resucitada —y mítica— revista
The Strand, que vio los
mejores tiempos de Sherlock Holmes en su primera época.
Se trata de una versión más de mi misterio no resuelto
favorito: el caso del señor James Phillimore, que volvió a su casa a coger un
paraguas y nadie más lo volvió a ver en este mundo (Watson dixit,
El Problema del Puente de Thor).
Al igual que hicieron los señores Adrian Conan Doyle y John
Dickson Carr en La Aventura del Milagro de Highgate (Las
hazañas de Sherlock Holmes), Barrie Roberts ha prescindido de cualquier
explicación sobrenatural, y plantea un problema bastante sensato y convincente,
en la línea canónica. Así, la acción comienza en 1923, cuando Watson hace una
visita a su buen amigo en Sussex, y hacen una pequeña retrospectiva del caso
Phillimore, transcurrido, según el texto, en julio de 1903. Por lo que
averiguamos, este problemita no resuelto seguía abierto, y sólo veinte años
después, el Maestro logra darle una solución perfectamente lógica.
Como he dicho, mi debilidad por el que yo llamo Caso del
Paraguas Olvidado (y sobre el que hay un articulito en mi libro Los
Espectros Conjurados, que también se reprodujo en el Anual 2004-2005 del
Cículo Holmes) me hace ver con buenos ojos casi todo lo relacionado con el
problema. No obstante, creo que esta historia es objetivamente buena, y viene
avalada por la firma de Roberts, un experto en la materia, y autor de tres
novelas que Roger Johnson tiene en alta consideración, y que yo aún no he podido
leer: Sherlock Holmes and the Railway Maniac (1994), Sherlock
Holmes and the Devil's Grail (1995) and Sherlock Holmes and the Man from
Hell (1997).
(Lee
The Disappearance of Daniel Question aquí) |
Próximamente, más pastiches holmesianos
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